"Neruda: En el 104 aniversario de su natalicio"
Dimensión contemporánea
de Neruda en el centenario de su natalicio
Reinaldo Villegas Astudillo
(Ponencia presentada en
el Coloquio en el Centenario de Pablo Neruda, organizado por la
Facultad de Historia, Facultad de Filosofía e Instituto de
Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San
Nicolás de Hidalgo de Morelia (México), el 4 de noviembre de 2004).
PRELIMINARES
En primer término, quisiera saludar efusivamente a todos los
miembros de esta comunidad que integran la Universidad Michoacana de
San Nicolás de Hidalgo de Morelia, por el reconocimiento a través de
un Doctorado Honoris Causa, otorgado tempranamente en 1943 a Pablo
Neruda, creador poético, que les pertenece a todos los habitantes
que pueblan esta región que va desde el sur del Río Bravo hasta la
distante Patagonia y territorio antártico, vasta extensión donde se
sitúan nuestras repúblicas caribe-latinoamericanas. Neruda, por ese
tiempo, estaba consagrado en el estro poético por la publicación de
unas siete obras y elaboraba los poemas que conformarían Canto
General, el cual daría a conocer en este México siempre solidario en
1950, año de exilios y persecuciones por parte del propio gobierno
electo por su organización política, y que por presiones del imperio
del Norte fue puesta fuera de la legalidad, aplicándosele la
tenebrosa Ley de Defensa y de la Democracia, que además del
desafuero de Neruda del Senado y su posterior camino hacia la
clandestinidad y el exilio, significó la prisión y relegación en la
inhóspita población de Pisagua de sus compañeros comunistas, donde
por esas jugarretas del destino fungía como jefe del campo de
relegación, en aquel entonces, un oscuro oficial de rango menor
llamado Augusto Pinochet Ugarte.
Antes de referirnos a la presencia actual de Neruda en este período,
que abarca más de tres décadas, a partir de su deceso ocurrido el 23
de septiembre del fatídico año de 1973, quisiéramos expresar algunas
observaciones en torno a esta etapa de la que hemos sido testigos
directos en el continente al cual pertenecemos.
A la distancia, pensamos que Neruda desapareció físicamente, justo
en el momento en que sucumbía un proyecto de gobierno como el
presidido por Salvador Allende, que se había constituido en la
culminación de grupos populares y medios que por primera vez habían
accedido al poder en 1938 con el profesor Pedro Aguirre Cerda,
apoyado por el llamado Frente Popular, dejando fuera del gobierno
después de más de cien años a la oligarquía chilena, representada
por los actores políticos: pipiolos y pelucones, en otras palabras,
liberales y conservadores.
Con la muerte del poeta, juntamente se desmorona el anhelo de un
pueblo al cual, Neruda había contribuido a configurar por medio del
verbo y la expresión artística durante toda su existencia
A las claridades le suceden las tinieblas y asistimos a la irrupción
de individuos oscuros y anti-poetas, que violentan el hilo
constitucional de las repúblicas del continente, sumiéndolas en el
dolor de perder a sus seres queridos en elevadas cifras, no sólo en
Chile, sino en Argentina, Uruguay y Bolivia, lo cual se hizo
asociadamente a través de la Operación Cóndor, donde esos "saurios",
como ya había denominado Pablo a sus antecesores en el Canto
General, actuaron en tan horripilante acción anti-humana.
De todos estos desmanes, que en Chile se prolongaron por casi 17
años, protagonizados por el ex capitán de Pisagua en 1949 y en la
década de 1970,convertido en un general traidor, se suman los
padecimientos de otros pueblos hermanos a lo cual se agregan los
acontecimientos mundiales, atentadores en contra del ser humano en
diversos espacios del orbe, lo que va a significar el quiebre de una
generación con sus valores para dar paso a una nueva, la cual se nos
muestra muy distinta a la que nos conformó y donde nos hemos
insertado, adaptándonos a las realidades en las que se volcaron
nuestros hijos y nacieron nuestros nietos, donde los elementos
visibles e invisibles de la realidad emergente, desde nuestra
perspectiva generacional, resultan decadentes y anti-valóricos tal
cual se indica.
CARACTERIZACIÓN DEL SER CARIBE-LATINOAMERICANO EN LAS ÚLTIMAS
DÉCADAS
Es indudable que tal signo de devaluación de los valores se produce
a nivel universal, pero específicamente en América se acelera con la
presencia de gobiernos dictatoriales apoyados por sectores de la
oligarquía que conducen a lo que podríamos calificar muy entre
comillas como "hombre nuevo". No es aquél con el cual soñaron
algunos sistemas de gobiernos de avanzada latinoamericanos, en la
década que va de 1960 a 1970 en torno a crear un ser solidario,
"preocupado por el desposeído" o "ejecutor de la máxima cristiana
del amor al prójimo". Fue todo lo contrario: Surgió un ser
individualista, amante de los bienes materiales y muy alejado a los
preceptos por tenderle la mano al desventurado.
En el caso específico de Chile, esto produjo una escisión entre el
chileno que por la fuerza se adaptó al modelo impuesto por el
dictador dentro del enfoque neoliberal, ensayado en varias
oportunidades a costa del padecimiento de los sectores populares,
silenciados por una cruel represión, en relación con un elevado
porcentaje del millón de chilenos exiliados que se radicó en el
exterior, no precisamente por su propia voluntad. Esto ha
significado para nosotros al retorno, a partir de 1990, no reconocer
el país en el cual nacimos, nos formamos y donde nos asestaron el
golpe a nuestro ser, al convertirnos en una generación perdida.
Lamentablemente pasó muchísimo tiempo, lográndose el objetivo en
gran medida propuesto por el autoritarismo.
Sólo un ejemplo ilustra esta realidad: Salimos del país nativo,
admirando a nuestros grandes valores culturales, entre otros, a
Roberto Matta, el pintor; a Claudio Arrau, el pianista y a nuestras
cumbres poéticas: Vicente Huidobro, Gabriela Mistral y Pablo Neruda.
Y al regresar, constatamos que las figuras prominentes señaladas del
pasado, dieron lugar a la valoración de un ex Miss Universo, dos
jugadores de fútbol, un gay, modisto-peluquero de las divas de la
TV, y a una "geisha", formada en el Japón donde arribó para venderse
al mejor postor, habiéndose convertido en una acaudalada "señora"
para retornar al país natal como una gran triunfadora del sistema
económico, transformándose en una figura privilegiada de la difusión
televisiva.
Lo anterior, refleja la presencia de un nuevo mundo con muchas
similitudes en los diversos países de la región. Los grupos
económicos constituidos en transnacionales, con capitales del
exterior y en algunos casos asociados a los capitalistas criollos,
han configurado a un ser consumista, que es idéntico en gran parte
del continente. Casi en todas las naciones, encontramos los mismos
productos de consumo, empezando por el símbolo del imperio
norteamericano actual: los Mac Donald, entes que han pretendido
hasta enajenarnos nuestras vernaculares ingestas alimenticias.
El consumismo no atiende sólo a la alimentación sino a la
indumentaria, a la recreación y a la presencia de "artefactos"-como
diría Nicanor Parra- para ser utilizados como medios de transporte,
de telecomunicaciones, y en general del confort doméstico.
Por su parte, la educación y la salud se alejan más de los grandes
contingentes humanos, con el surgimiento de los "mercaderes"- que
cuestionó acerbamente el educador y pensador venezolano Simón
Rodríguez en el siglo XIX- quienes han tomado a esta actividad como
una empresa cualquiera "como si se tratara de venta de telas",
desarrollando así un negocio muy propio y lucrativo. Para muestra un
botón: uno de éstos es el dueño de la Universidad "Andrès Bello" de
Santiago de Chile, un individuo que se convirtió en multimillonario
en el periodo dictatorial de Pinochet que en el presente maneja,
además, bancos, diarios y diversos negocios que le reportan jugosas
ganancias dentro del modelo instaurado por el ya decrépito
ex-dictador. Lo mismo ha sucedido con los "mercaderes de la salud",
que van levantando super-clínicas privadas, donde sólo acuden
quienes detentan la riqueza y pertenecen a grupos sociales con un
alto poder adquisitivo.
La primera devaluación cultural que agobia al continente en estos
tiempos es la presencia de la imagen: "que está matando la palabra".
A través de los medios audiovisuales y electrónicos, el joven
caribe-latinoamericano de hoy ha ido perdiendo las habilidades
comunicativas. Si consideramos las instancias que señalaba el citado
Rodríguez en el siglo XIX, con el proceso de aprendizaje inicial que
se conformaba asi:"calcular-pensar-hablar-escribir-leer",
prácticamente está desapareciendo la más significativa como lo es la
lectura, en el pleno sentido de : "desnudar la palabra de su
significación". Este modelo ya no se da en la realidad, así lo
comprobamos a través de los exámenes que se aplican en la admisión
de los estudiantes a las universidades, donde un porcentaje reducido
de aspirantes sale airoso en las evaluaciones. Igualmente poco se
escribe; algo, tal vez en el Internet, pero dada la velocidad del
tiempo de que dispone generalmente el usuario, los "horrores"
abundan. Nos queda sólo la facultad del habla. Pero, ¿cuántos
interlocutores del presente hablan con propiedad y sentido? O,
¿cuántos sólo permanecen enmarcados dentro de las comunicaciones
fáticas?
Las consideraciones expuestas anteriormente, nos llevan a una
lectura de lo superficial y de lo utilitario. Basta solamente con
darse una vuelta por las librerías del continente y saltarán ante
nuestros ojos, títulos de bestsellers, impuestos muchos por la
publicidad consumista entre los cuales se sitúa una literatura
esotérica y la ahora muy abundante vinculada con lo emocional y el
éxito fácil, la cual ha tenido tanta aceptación que pululan por el
continente individuos; algunos charlatanes, inclusive galardonados
por universidades, que han ido acumulando bienes producto de estas
ventas, que tanta aceptación han tenido en el lector medio, quien a
veces se mantiene en la superficialidad, convencido de que puede
solucionar sus problemas existenciales y económicos con suma
facilidad, orientado por estas lecturas que proclaman el éxito en un
plazo inmediato.
La televisión, dirigida por el "hombre económico", a quien le
interesa sólo el bien material y la pronta ganancia; ése, que ya se
ha impuesto al sostener y controlar al "hombre gobernante", porque
igualmente incluye al elemento castrense para mantener la
estabilidad de un régimen , se ha convertido en el "deformador" del
ser continental. Ya señalamos los ídolos que van creando:
faranduleros, superficiales y maniquíes de uno y otro sexo.
Diariamente proyectan por las televisoras en series, programas
especiales, publicidad -mucha publicidad- elementos pornográficos,
convirtiendo la imagen de la mujer en símbolo de los desenfrenados
apetitos sexuales, explotando a jóvenes y figuras por lapsos breves,
porque el tiempo es fugaz y la lozanía desaparece prontamente. En
este plano, ya no hay recato en la proyección. Ya no es sólo en
altas horas de la noche, ahora es a pleno día. Es la anti-enseñanza
que recibe el infante o adolescente cuando retorna del aula a su
hogar.
En lo que respecta a la información, es un residuo que pasa
aceleradamente por la imagen, no dejando espacio para la reflexión.
Lo expresado en la instancia precedente, nos conlleva a que las
actuales generaciones vayan perdiendo sus identidades, porque la
televisión forma parte de cadenas transnacionales, lo cual significa
que por esa naturaleza imitativa que nos ha alcanzado a través de
las distintas etapas de nuestra historia republicana, miramos hacia
el centro, en este caso, al centro del imperio político o de los
imperios tecnológicos. Seguimos sin crear. No inventamos. Continúan
embelesándonos con los espejuelos, ahora manifestados en
sofisticados aparatos electrónicos o deslumbrantes automóviles.
Por supuesto, que las conductas y las modas nos las configuran desde
los diversos modelos mercantilistas, a fin de que prosigamos
consumiendo para acrecentar las ganancias de esos sectores, que cada
día prosiguen extrayéndonos nuestra materias primas para
devolvérnoslas a un más alto precio, como nuevos instrumentos para
nuestro entretenimiento y solaz.
Sin embargo, no todo es esplendor consumista. Hay un gran número de
habitantes en la región que carece de todos estos bienes. Existe un
gran conglomerado que sólo obtiene como ingreso el sueldo mínimo de
su país. Este bajo salario sólo le basta para sobrevivir, sólo para
"arrastrar las existencias", padeciendo grandes angustias e ingentes
penalidades en el quehacer cotidiano. Son éstos los habitantes de
las periferias de las ciudades: cerros de Caracas, zona Sur de
Valencia, Venezuela, donde residimos; favelas de Brasil; poblaciones
marginales de Chile y de México.
En un plano inferior, se encuentran los marginados de los sistemas
económicos, constituidos por familias que viven bajo los puentes, en
casas abandonadas inhabitables, en viviendas de cartón, en plazas y
lugares públicos, agregándose los indígenas que han sido obligados a
residir en lugares infértiles y tierras áridas y no feraces. Son los
condenados por estos modelos económicos y gubernamentales. No son
considerados como personas humanas, al no aplicarse los conceptos de
equidad y justicia social.
Todo esto provoca inestabilidad, esperanzas truncadas, anhelos
insatisfechos y traumas que conducen a la angustia del ser
americano; a veces a la propia muerte, porque no pueden escapar de
ese tormento del existir.
NERUDA SIEMPRE PRESENTE
Pablo Neruda feneció terrenalmente hace más de tres décadas atrás,
pero su pensamiento y su creación poética se mantienen vivos y
actuales, a pesar del cuadro tenebroso suscitado en las distintas
repúblicas en el lapso post-nerudiano, al cual nos hemos referido
anteriormente.
La difusión y celebración de la vida y la obra de Pablo Neruda, no
sólo se ha producido el año en curso en que estamos conmemorando el
centenario de su natalicio. En el Chile exiliado, Neruda nunca
estuvo ausente en esa lucha que promovimos, apoyados por los países
hermanos, los cuales nos cobijaron en este trance fatal para nuestra
república. Siempre, Neruda estuvo presente por medio de sus versos,
y muy especialmente a través de esa creación titulada "Cuando de
Chile", inserta en Las uvas y el viento, publicada en 1954, donde el
poeta expresa que en el Chile añorado en esa instancia temporal, los
desposeídos y los marginados se convertirían en los seres relevantes
dentro de la sociedad. Lamentablemente, en vida Neruda sólo alcanzó
a constatar el inicio de un proceso en 1970 y su posterior aborto el
año 1973, pero a través de tal creación poética permanece esa
esperanza, y aunque sea después de la muerte podrá cumplirse ese
deseo manifestado de: "Ay cuándo patria, te casarás conmigo".
En el Chile interior, consignamos una fecha histórica el 12 de julio
de 1990, en el gimnasio "Bernardo O'Higgins" de la ciudad de Temuco,
donde se crió Pablo entre la infancia y la adolescencia. Ese día,
fue la apoteosis del encuentro de Neruda con su pueblo. El gimnasio
parecía venirse abajo con la presencia de innumerables obreros,
trabajadores, exiliados, autoridades civiles, poetas e
intelectuales, unos con mantas y ponchos; otros, con boinas
españolas republicanas, sombreros y gorros chilotes, no faltando las
parkas y abrigos para defenderse de la baja temperatura exterior,
pero muy elevada íntimamente. Desfilaron los jóvenes estudiantes por
el escenario con cantos, composiciones musicales, relatos
biográficos dramatizados y poemas de Pablo inmortal. En seguida,
surgió la voz profunda y artística de Humberto Duvauchelle, el gran
actor nacional, compañero de ruta en el exilio venezolano,
desgranando los versos briosos y significativos del Neruda de
siempre. Era la voz de ese mismo artista de las tablas, quien con su
hermano Héctor, fallecido trágicamente en Caracas, y Orieta Escámez,
integrantes de la compañía de Los Cuatro, recorrieron buena parte
del exilio chileno por América y por Europa, llevando la
representación de obras teatrales, y siempre, los versos de Pablo
para vincularlos más al Chile lejano y encarcelado.
Al término del espectáculo tan reconfortante para el espíritu y el
intelecto, caminamos con Humberto por las calles temucanas en busca
de un café, reflexionando sobre tal magnífico acontecer, el primero,
celebrado después de la muerte del poeta en un ámbito de libertades.
Nos despedimos en medio de la niebla nocturnal mientras un tren
rompía la quietud de la ciudad con su sonido, y luego al
desplazarnos hacia la casa de nuestros progenitores, situada en un
sector aledaño a la que habitó Pablo en épocas lejanas, junto a la
de don José del Carmen, su padre ferroviario y la dulce Mamadre,
sentimos la compañía del espíritu del poeta después de 17 años de
haber partido hacia la eternidad.
Tal vez, un hito importante en el recuerdo de Pablo en esta última
época ha sido la presencia del "Tren de la Poesía", organizado por
su sobrino-nieto, el también poeta Bernardo Reyes, quien junto a
otros jóvenes escritores temucanos le dieron vida entre los años
1994 y 2001. Muchos fueron los escritores de Chile y del continente
que se embarcaron en este "tren mágico", que surgía justo el 23 de
septiembre de cada año para rememorar el aniversario de la muerte
del poeta. Hasta el año 2000, el trayecto que cubría no sobrepasaba
la distancia que hay a poblaciones cercanas a Temuco, entre las que
se encuentran Imperial y Lautaro. En cada lugar donde se detenía el
tren y en el destino final, el pueblo, junto con sus autoridades,
ofrecían homenaje a Pablo y a los invitados especiales. En el
segundo día, los creadores y escritores visitaban las escuelas,
universidades y centros culturales para dialogar con los jóvenes en
torno a Neruda.
Aunque habíamos concurrido en 1995 por primera vez al Tren, tuvimos
una segunda oportunidad en el 2001, cuando en la última versión
creció en el trayecto y cubrimos la ruta entre Parral, la ciudad de
su nacimiento y la urbe de su crianza, Temuco. Concurrimos desde
Venezuela con integrantes de nuestro grupo cultural "Mapuche"de
Valencia y un par de escritores venezolanos. Llegados a Parral,
fuimos testigos de otro de los grandes homenajes rendidos a Pablo,
ahora como hijo predilecto de una ciudad floreciente, donde vino al
mundo el 12 de julio de 1904. Nuestra permanencia no alcanzó las 24
horas, pero con cuánta intensidad las vivimos. Fuimos recibidos por
el alcalde, concejales y otras autoridades civiles con presentación
de grupos musicales tradicionales. La plaza de la ciudad había sido
"tomada" por los estudiantes parralinos, quienes en diversos
espacios ofrecían lecturas y declamaciones de poemas, grabaciones
con la voz de Neruda, objetos artesanales con su efigie, comidas de
la región, etc. Posteriormente, nos trasladamos al panteón de Parral
y ahí se hizo un acto muy sentido frente a la tumba, donde descansan
los restos mortales de la maestra de primaria Rosa Basoalto, la
madre del poeta quien falleció a casi dos meses de haber nacido su
único hijo. Luego, nos recibieron en una hermosa escuela del Barrio
de "Buenos Aires", donde hubo actos similares, para culminar nuestro
visita al lugar en que surgió al mundo el poeta, y en seguida
concurrir a la representación teatral, inspirada en las "Alturas de
Machu Pichu" y concluir en un acto final desarrollado en un amplio
salón citadino, donde Parral hizo una proyección de las más
importantes organizaciones artísticas de la ciudad.
Temprano, al día siguiente, los escritores itinerantes nos
embarcamos en el tren rumbo a Temuco, para cubrir una distancia
aproximada de 300 kms. Además de los invitados especiales, se
incorporaron numerosos contingentes, miembros de grupos culturales y
organizaciones civiles de la región parralina. Durante el trayecto a
través de la instalación de un circuito cerrado de televisión, desde
cada vagón se podía observar la presentación de los poetas leyendo
sus creaciones, que iban siendo alternadas con videos donde surgía
el propio Pablo con sus lecturas. Hubo un par de paradas en las
localidades de Collipulli y Lautaro, en las cuales no esperaba una
entusiasta concurrencia instalada en los andenes de las estaciones
ferroviarias de cada población, con una actividad en homenaje a
Neruda y a los pasajeros del tren, con interpretaciones de poemas
nerudianos, música y bailes tradicionales como la cueca y la tonada,
especialmente a cargo de los estudiantes de los diversos centros
educativos de la zona visitada. Finalmente, al venir la noche,
arribamos a Temuco entre el sonido característico del vapor y los
pitidos de una antigua máquina de vapor que irrumpia en la apacible
véspera dominical de la ciudad temucana, lugar en que tuvimos un
gran recibimiento de una multitud agolpada por los predios de las
instalaciones del ferrocarril, donde hacía muchísimos años Pablo
solía acompañar a don José del Carmen, su padre, como conductor del
tren lastrero, junto a una cuadrilla de trabajadores encargados de
reparar la vía, entre los cuales se encontraba el palanquero Monje,
que en una oportunidad siendo Pablo aún infante, le atrapó un
hermoso insecto en un paraje boscoso, que lo impresionó por la
intensa belleza de su colorido, escapàndosele de improviso
fugazmente de entre sus manos para retornar al hàbitat natural.
Al siguiente día, nos distribuimos por los distintos centros
educativos de la región sureña. A nosotros, nos correspondió
participar en un panel de la Universidad "Diego Portales", en torno
a Residencia en la tierra, y posteriormente, con el grupo
chileno-venezolano "Mapuche", presentamos un espectáculo en homenaje
a Neruda en la colonial ciudad Imperial, por donde algún día pasó el
poeta-soldado don Alonso de Ercilla y Zúñiga, muy admirado por
Neruda, y quien fuera el autor de esa obra renacentista, "La
Araucana," editada en España en el siglo XVI.
En todos los actos referidos, la presencia de Pablo provocó la
unidad de la comunidad chilena. Como nunca, observamos que durante
esos tres días volvimos a ser los de antes al 11 de septiembre de
1973. En Parral, como ya lo hemos anotado en un trabajo anterior,
nos reencontramos: "momios", "upelientos", "termocéfalos",
"guatones", "chascones" y "rabanitos"; todos, alrededor de Neruda y
por primera vez ingresábamos en un centro universitario privado,
prohibido para Pablo, hasta el término de la dictadura pinochetista.
Ahí, iniciamos unas reflexiones en torno al poeta, donde tuvimos la
oportunidad de presentar, a las nuevas generaciones, una de sus
obras màs representativas como es el Canto General, que en dos
oportunidades fue prohibido por los gobernantes chilenos, primero
editado por González Videla y luego por Pinochet en el lapso
dictatorial. Asimismo, nos llamó la atención en un momento al
apreciar al rector de la Universidad a nivel nacional, descendiente
de un gobernante con reminiscencias del siglo XIX, quien haciendo
uso de sus prerrogativas rectorales se apoderó del micrófono y
empezó a leer en público poemas de Neruda, que seguramente siempre
le solazaron durante sus mocedades, pero que la dictadura por un
largo período se los había silenciado.
CONMEMORACIÓN DEL CENTENARIO
Durante el presente año, las actividades en torno a Pablo Neruda con
motivo de conmemorarse el centenario de su natalicio han sido
incontables a través del mundo, especialmente en nuestro continente
y en Europa. El creador poético y continental permanece vivo entre
sus lectores y en las nuevas generaciones, especialmente en ese
porcentaje valioso que aún se mantiene enfrentado con la lectura a
la imagen, y todavía vinculado al quehacer intelectual, actividades
que los conducen al conocimiento de los grandes creadores
universales, lo cual se constituye en un mentís para aquellos
críticos y analistas literarios "parricidas", que tratan de
menoscabar la creación nerudiana, disminuyéndola de la posición que
ocupa en el espacio poético. Si la memoria no nos traiciona fue
Julio Cortázar, a quien Neruda le levantó la auto-estima, cuando lo
visitó en vida en Isla Negra, y el escritor argentino le manifestó
el temor que lo afectaba ante una crítica acerba que pretendía
demeritarlo. El creador poético le replicó que a él ya no le
preocupaba Se había tornado impermeable ante el demoledor y ácido
cuestionamiento que recibió de innúmeros contemporáneos, los cuales
fueron quedando en el camino y olvidados hacia el futuro.
Siempre ha ocurrido, con los denominados por el propio Neruda como
"poetas celestes", que constituyen una tendencia, nacidos de un
"trasnochado surrealismo", que apenas se articula en los niveles del
automatismo que, aunque increíble, permanece presente en un grupo
reducido de poetas contemporáneos, terriblemente hermèticos,
acosados justamente por esta realidad degradante del entorno actual,
lo que les ha imposibilitado convertirse en voces potentes y
vigorosas. El mismo Neruda, en 1961, cuando fue incorporado como
miembro honorario en la Facultad de Educación de la Universidad de
Chile, manifestaba sorprendido que a estas alturas pervivieran
"poetas afrancesados", evadidos de la realidad continental.
Ante la carencia de voces poéticas tan relevantes como en el pasado,
en orden de establecer una comunicación florida con el lector,
exteriorizando esas transmutaciones artísticas creadas a partir de
motivaciones de la propia realidad terrígena y existencial del
continente, y la presencia de voces hermèticas, tal vez producto de
la problematizaciòn del hombre surgida en estos últimos 30 años ya
descrita, Neruda permanece fresco y la recepción de sus versos
iniciales que atienden al sentimiento, se mantienen todavía
incólumes. Así se explica, que de su poemario publicado por primera
vez en 1924, Veinte poemas de amor y un canción desesperada, se
hayan publicado hasta el presente tres millones de ejemplares.
Con qué interés y sentimiento, hemos observado auditorios
constituidos por obreros, trabajadores y estudiantes de diversos
niveles de la chilena Imperial, de la Mérida venezolana, del Humacao
portorriqueño, y de la mexicanas Veracruz y Orizaba, deleitándose
con estos versos plenos de sensualidad, muy rítmicos, ubicando a la
mujer en un nivel cósmico con imágenes diáfanas y sensoriales dentro
de un lirismo armonioso.
Neruda dio, igualmente, una demostración de su capacidad creativa
par incursionar en el surrealismo tan en boga en las primeras
décadas del siglo XX, y cuyos más singulares representantes,
admirados por el poeta chileno, fueron Mallarmé, Baudelaire,
Apollinaire y Rimbaud. En esta creación surrealista-como lo indica
el exégeta René de Costa-Neruda adopta el monólogo interior sin
depender de la escritura automática como los surrealistas. Abandona
el refinado sistema prosódico de la poesía hispánica; luego, se las
arregla para combinar creativamente la libertad formal de la
vanguardia literaria con mecanismos no artísticos, aparentemente
elementales, como el paralelismo de unidades sintácticas, la
modulación del verso, el poder organizador de las estrofas, y el uso
sistemático del tema de la búsqueda para estructurar los quince
cantos del poemario.
Esta creación nerudiana fue muy bien recibida por la vanguardia
literaria, pero por su hermetismo, pronto fue olvidada.
Residencia en la tierra .Ésta , quizás sea la única creación
aceptada plenamente por los admiradores de la expresión abstracta,
de lo etéreo, de lo que no se contamina con la realidad social,
política y terrígena del continente. Son aquellos admiradores de lo
hermético, tanto dentro de la poesía como de la narrativa y de otras
creaciones artísticas. Son quienes escriben para ser entendidos por
rigurosos especialistas que se pierden en una diversidad de ismos.
Son aquéllos que no logran comunicarse con el lector común del
continente y después se lamentan de que: "la poesía no vende".
Es evidente que esta obra mantiene igualmente su vigencia en un
mundo más angustiante de acelerada desintegración de la vida, época
en que el acercamiento con la muerte es veloz y se ha convertido en
un elemento tan masivo, que perdió esa consideración y majestad de
antaño. Tal producción poética es evidentemente anti-lírica, donde
empieza a surgir en Neruda el prosaísmo como una ruptura con la
expresión tradicional, la cual se mantendrá hasta nuestros días en
la poesía de lo cotidiano y en la denominada anti-poesía a partir de
los inicios de la década de 1950.
Tanto en la primera Residencia, publicada en 1933, como la segunda
de 1935, constituyen un todo, singularizado por las características
antes señaladas.
Canto General. En 1950, Pablo Neruda difunde Canto General, una de
sus obras cumbres, tal vez la más aludida y reseñada por las
agencias internacionales periodísticas y literarias cuando recibiera
el Premio Nóbel de Literatura en el año 1971. Al igual que la poesía
amorosa inicial, ésta es una de las creaciones mejor recibidas por
los jóvenes y lectores en general de esta contemporaneidad.
Paradójicamente, se convierte en la más desdeñada por los críticos y
creadores hermèticos, abstractos europeizados del presente, quizás
por estimar a priori, que es una obra muy prosaica y de índole
panfletaria de sus militantes o simpatizantes.
Como lo ha señalado brillantemente nuestro amigo y profesor de esta
casa de estudios superiores, Salvador Morales, es semejante a la
Biblia o al Popol Vuh. Es la historia de Amèrica mas develada y mas
cercana a nosotros. Aquí, el poeta asume la función de un dios
creador de un nuevo mundo, de esta América Nuestra, como diría el
prócer y pensador cubano José Martí, desde sus inicios como globo
terráqueo con su estructura telúrica, con sus cumbres, ríos y
minerales, con la fauna y la flora y esencialmente con el ser
americano, con el hombre de estas tierras. En seguida, surgen las
Alturas de Machu Pichu, un capítulo, una unidad temática de
extraordinario valor artístico, donde el creador se convierte en una
figura mítica que desciende hasta las profundidades de la tierra,
donde yacen las civilizaciones autóctonas en un sueño eterno. La
pretensión del hablante poético es de despertarlos para preguntarles
por sus vidas terrenales, por sus vivencias, por sus creaciones y el
motivo de su desaparición, pretendiendo subir con ellos hacia las
claridades para convertirse él en un cantor de esa América mítica.
De esta suerte, el poeta transita por el tiempo detenido y el tiempo
mítico.
Más adelante surgirán los hombres de: "la casaca y la peluca" con el
arribo de los conquistadores, quienes vienen tras el oro, llamado
"excremento de los dioses" por los aborígenes. Aquí, como a través
de toda la obra, asumiendo la función del narrador épico, describe
todas las "barbaridades" de los invasores, desde Hernán Cortés por
México en el norte, hasta Pedro de Valdivia por el Chile austral.
A continuación, viene la presentación y elogio de los libertadores a
partir de los líderes indígenas como: Cuauhtemoc, Tupac Amaru,
Lautaro y los principales héroes de la independencia republicana,
hasta arribar a los héroes civiles y luchadores sociales que surgen
en el siglo XX : Zapata en México, Balmaceda y Recabarren en Chile,
y Prestes en Brasil, entre otros.
Y la historia continúa con la descripción de una galería integrada
por unos quince dictadores o "saurios", como los denomina el
narrador poético, surgidos del reino oscuro del mar, vejadores y
genocidas de sus propios pueblos. La narración del cronista épico se
prolonga por quince unidades o capítulos, abarcando la historia
hasta la etapa contemporánea, donde los personajes heroicos de la
historia oficial se convierten en antihéroes, y los marginados y
perseguidos adquieren el carácter de figuras protagónicas dentro de
la historia americana.
Creemos que de muchos valores que ofrece esa magna creación
poético-narrativa s que, a partir de la poesía, se crea una nueva
historia fundante del continente plena de sucesos donde hace más de
cinco mil años antes de Cristo, se presume que arribaron los olmecas
por estos territorios, una de las civilizaciones más antiguas, las
cuales no han sido registradas plenamente por los historiógrafos del
continente. Al igual que la novela histórica que cumple esta función
desde hace más tiempo, asistimos a este acontecer inusitado cuando
un poeta en tiempos contemporáneos asume esta función con una de sus
obras creativas.
Posteriormente, registramos a través de la creación poética
nerudiana la presencia de una pensamiento auténticamente
caribe-latinoamericano, que se inicia con el siglo XIX y que ha
continuado representada, entre otros, por: Montalvo, Francisco
Bilbao, José Martí, Rodó, José Vasconcelos, José Carlos Mariátegui,
Manuel González Prada, la Mistral y Neruda hasta bien avanzado el
siglo XX.
Hemos venido recomendando en esta gira cultural por México, el
retorno de los jóvenes hacia la lectura con este texto, que por
diversos motivos no tuvo la difusión plena como pretendió el propio
autor, y que se hace necesario conocerlo en la totalidad, cualquiera
sea la óptica del lector. Lo que interesa es el criterio
interpretativo con que se aborde la lectura de esta obra magna
nerudiana.
Con las Odas Elementales, publicadas en 1954, Neruda inicia un nuevo
tipo de creación poética distinto al anterior, y que nuevamente
sorprende a la crítica. Ahora surge en una perspectiva renovada, con
un estilo simple de textos ligeros, motivados en elementos básicos
del cotidiano transcurrir, como el agua, el aire, las comidas y los
objetos del entorno. El discurso es de carácter prosaico y muy
coloquial. Es, prácticamente, el hablado por el emisor común.
Con estos poemas, Neruda logra una mayor comunicación con una
heterogeneidad de lectores. Alcanza tanto éxito que otras creaciones
surgirán en 1956 con: Nuevas Odas Elementales; Tercer libro de las
Odas, publicadas en 1957 y Navegaciones y regresos en 1959.
Durante 1958, con Estravagario acentuará la línea de lo cotidiano.
Ofrece un nuevo discurso coloquial más hablado, irreverente y menos
razonado que en las Odas. Aquí, el poeta baja del pedestal a la
poesía, y a través de la ironía y del humor desacraliza su propia
figura de autor poético.
Si en las Odas Elementales el poeta se convierte en un filósofo de
la cotidianeidad, motivado por sucesos y elementos del entorno, en
Estravagario se convertirá en un filósofo de sí mismo.
Tal poesía irreverente, cuyo principal creador e iniciador en Chile
es Nicanor Parra-quien acaba de cumplir 90 años de edad- se ha
denominado anti-poesía y hasta el presente, junto a la poética de lo
cotidiano, pervive en la producción de creadores surgidos en estos
últimos tiempos.
Recientemente, Nicanor Parra, en una entrevista concedida a un medio
de comunicación chileno, reafirma su opinión valorativa sobre la
producción poética general de Neruda, y a la distancia de los años
transcurridos, señala que la incursión de Neruda en la anti-poesía a
través de Estravagario, resultó sorprendentemente meritoria.
Estimamos que hasta aquí deben llegar, por ahora, nuestras
observaciones sobre la poemática nerudiana. No faltará una próxima
oportunidad para referirnos al período final de su creación poética,
con la cual se encimó sobre los cincuenta poemarios. De todas
maneras, las líneas iniciales se mantiene, ya sea la sentimental en
poemas de la remembranza, específicamente en Memorial de Isla Negra,
constituido por cinco libros editados en 19674; la política-social
con ese poemario publicado en 1960 dedicado a elogiar y exaltar a la
Revolución Cubana; en tanto, la existencialista junto a la cotidiana
nunca las dejará de lado, incluso, hasta en sus obras publicadas
póstumamente.
Como conclusión, para ir finalizando estas reflexiones en un espacio
tan relevante como lo es el Instituto de Investigaciones Históricas
de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, deseamos
reiterar que Pablo Neruda, al igual que poetas de otros siglos, como
Francisco de Quevedo y Villegas, Garcilaso de la Vega, Luis de
Góngora, o narradores como Miguel de Cervantes, permanecerán
vigentes por encima de los siglos porque fue un poeta universal que
describió al hombre en su ser y accionar desde estas latitudes, como
dirían ustedes, hermanos de México, en una lucha constante entre el
águila y la serpiente; para agregar nosotros, una lucha entre el
bien y el mal, entre la virtud y el vicio, entre la vida y la
muerte, entre el ser y el no ser, entre la poesía y la anti-poesía,
a partir de esa confrontación que iniciamos cotidianamente en el
afán de alcanzar el logro de cada día(Como un homenaje
a Gonzalo Rojas, Premio Nacional de Literatura de Chile y Cervantes
de España, maestro insigne que tuvimos en en la U. de Concepción en
los inicios de la década de 1960; quien, en estos días, se
encuentra en Cuba, presidiendo el jurado de la edición 2008 del
Premio Casa de las Américas, publicamos un trabajo de Marcelo Coddou,
condiscípulo nuestro en Concepción y durante años radicado en EE.UU,
desde donde ha desarrollado una intensa labor en el campo del ensayo
literario latinoamericano, al igual que otras figuras formadas en
sus inicios por Gonzalo Rojas, como lo son Jaime Giordano, JaIme
Concha y Ana Pizarro)
Proyección de Vallejo en la Poesía de Gonzalo Rojas
Por Marcelo Coddou
Drew University
La poesía de
Gonzalo Rojas se nos ofrece como una rigurosa y elaborada conciencia
autotextual que, entre otras manifestaciones -por ejemplo-, el cruce
de múltiples modalidades discursivas, encuentra, en el diálogo que
ella establece con la obra de otros poetas, una forma de realización
que te lleva a lograr una sorprendente singularidad de voz. "Desde
los veinte años Rojas no se parece más que a sí mismo", ha dicho
José Emilio Pacheco, y ha dicho bien (1)
-según lo reconoce el mismo poeta dicho bien. Mas, para el logro de
tal originalidad mexicano-, Gonzalo Rojas se nutrió de una atenta
lectura de mucha poesía, desde los clásicos de la latinidad, hasta
los fundadores de la vanguardia, de Europa y América -concuerdo con
Julio Ortega cuando dice que el chileno es "el gran heredero
latinoamericano de las vanguardias"-(2),
en un proceso que pasa por la asimilación morosa de los monumentos
mayores del Siglo de Oro español. Por el camino de todos ellos es
que entra en el portento del gran juego verbal y el espacio
imaginario de la poesía. (3)
Hemos
escrito en otro plazo sobre la presencia de Quevedo en Gonzalo Rojas
y algo que entonces sostuviéramos cabe extenderlo a las sugerencias
que ahora deseamos hacer acerca de las proyecciones que de César
Vallejo se percibe en el pensamiento poético del autor de Contra
la muerte (4).
Cuando hablamos de proyecciones queremos establecer un deslinde
muy nítido con "influencia". Harold Bloom -pensando en esta útima- (5),
opone "poeta sólido" a "poeta efebo". Éste es quien absorbe las
virtudes magistrales del mayor, en actitud contestataria encaminada
a obtener un efectivo distanciamiento posterior. No es así en el
caso que nos preocupa, donde lo que vamos a encontrar, más bien, es
un diálogo que se configura en niveles múltiples: obsesiones
recurrentes, la concepción misma del poetizar en direcciones varias
y singularidades expresivas, fundamentalmente las de índole
sintáctica que, surgidas desde la sustancia del contenido, se
insertan en modalidades de tal índole en el enunciado lírico.
Quizás
sea útil comenzar por puntualizar la constelación de autores a la
cual adscribe Gonzalo Rojas su propio designio. Limitémonos a los
chilenos. Tal adscripción va desde el reconocimiento explícito de
discipularidad -en el sentido noble y profundo del término-, a la
mención de preferencias o el gesto disidente y, en casos, hasta de
franco distanciamiento. Como él mismo ha sostenido: "todo poeta es
un ser atrapado en una relación dialéctica (transferencia,
repetición, error, comunicación) con otro u otros poetas" (6).
Con los
cuatro pilares de la poesía contemporánea de su país natal -la
Mistral, Huidobro, Neruda, De Rokha-, el discurso lírico de Rojas
guarda proximidades y diferencias. No sólo es posible el estudio
intertextual que aquilate tales conexiones -el citado Pacheco
acierta cuando señala que el poeta "aprendió de todos ellos"-, sino
que contamos también con pronunciamientos reflexivos, de hondo
carácter exegético, intentados por él frente a cada uno de los
mayores (7).
Algo
análogo, siempre con respecto a la poesía de Chile, es lo que sucede
con su paso fugaz por la Mandrágora -proyección chilena del
surrealismo o, mejor repetir con Lihn, surreachilismo-, en
cuanto el poeta de Transtierro establece con nitidez lo que
al movimiento le acercara y luego alejaría. Sobre las proyecciones
del propio trabajo de Rojas en los poetas chilenos que le siguen
contamos con el estupendo ensayo de Jaime Giordano, "GR: su diálogo
con la poesía chilena actual" (8).
Atento siempre a lo que constituye el quehacer persistente de la
literatura de su patria -aún en momentos de tanta adversidad como
los que le significara el plazo negro de la dictadura pinochetista-,
Gonzalo Rojas ha dado su personal testimonio en ensayos medulares.
Sin duda que su propuesta más significativa es la que ha
formulado en el texto inicialmente titulado "Los compañeros" (así en
Contra la muerte) y luego, a partir de Oscuro,
"Al fuego eterno", en que el grupo de los elegidos –"recuento
arbitrario de nombres espigados entre los posibles herederos de la
dinastía cuyas figuras príncipes son los cuatro del fundamento"- (9),
lo conforman Braulio Arenas -cambiado por "alguno" en Del
relámpago-, Eduardo Anguita, Jorge Cáceres, Nicanor Parra,
Enrique Lihn, Oscar Hahn, Gonzalo Millán, David Turkeltaub y Raúl
Zurita.
No
podemos ahora extendernos en consideraciones sobre los lazos entre
nuestro poeta y los latinoamericanos, para concentrarnos, como es
nuestro proyecto, tan sólo en Vallejo. Habría que ver, por ejemplo,
la relación importantísima que su quehacer escrituras guarda con
Darío, considerado por Rojas, como lo hiciera Paz, en su filiación
romántico-simbolista y así, en conexión con el movimiento de las
vanguardias y sus proyecciones (10).
Llenaría muchas páginas el recuento de filiaciones, afinidades y
preferencias. Lo que se concluiría de tal examen sería una
constatación más de los aciertos de la crítica actual cuando concibe
que "todo texto -inevitable resulta recordar a la Kristeva-, se
constituye como un mosaico de citas: "todo texto es absorción y
transformación de otros textos. Razón por la cual en lugar de la
noción de intersubjetividad se coloca la de intertextualidad, y el
lenguaje poético se lee, por lo menos, como doble". Y por este
camino es que llegaríamos a la conclusión -como le sucediera
a su mejor estudiosa, Hilda Ray- de que quien ha pesado con
más fuerza en Gonzalo Rojas ha sido Vallejo, por ser éste el más
próximo a su talante(11).
Y, así, ver la conexión Vallejo-Rojas significa ir más allá de la
propuesta de Segres de interdiscursividad (12),
ya que no se trata sólo de la opción de establecer las relaciones de
poemas concretos en todos los enunciados discursivos registrados en
la cultura que ambos escritores comparten, sino, muy directamente,
según insinuábamos, de interrelaciones comprobables entre textos de
un poeta modelo, fundacional, y otros de un poeta en disposición
discipular. Quizás hasta en no pocos casos sea posible hablar de
verdadera transcodificación, fenómeno estético definible como
inclusión o transformación de un texto dado de elementos de
contenido o forma de otros textos: cambio de sentido producido por
cambios de código, mecanismo que soporta –según la propuesta de
Lotman-la producción del sentido. Pero llevar nuestro propósito en
tal dimensión excedería con mucho los intentos modestos de esta
Nota.
Un modo
posible de ordenar en esquema la relación interdialógica que
proponemos puede ser la que considerara aspectos como los
siguientes: concepto de la literatura y su función, niveles de
realidad poetizados, imágenes del yo lírico, componentes de la
enunciación. Impedidos de tocar tan siquiera cada instancia -quede
formulado el proyecto-, digamos algo de los enlaces vislumbrados en
uno o dos componentes de tal esquema de trabajo.
Pero,
antes, cómo no recordar ese poema clave -para los fines de un
intento como éste que Rojas titulara "Concierto", en que invoca la
suma de sus preferencias más marcadas, a partir de la afirmación
inicial, "entre todos escribieron el Libro", y en que se mencionan
Rimbaud, Lautréamon, Kafka, Vallejo -Claro-, Shakespeare, Pound,
Nietzsche, San Juan, Kavafis, Sade, Bataille, Breton, Swedenborg,
Artaud y Hölderlin, para terminar con Celan. Y otra afirmación suya,
ésta muy reciente, en página preciosa dedicada al centenario del
poeta peruano en la que leemos: "obseso de Vallejo, le he visto
muchas veces en el destello más insólito. En París, por ejemplo,
el 53, hace ya tantos años, con sus 15 de difunto bajo la lluvia, la
mañana aquella que se me apareció de golpe en el ángulo del bistró,
humeante la taza, en diálogo hondo con Celan, ese otro invisible de
los muelles del Sena" (13).
Interesante la tríada ésta -Vallejo, Rojas, Celan-. El punto de
convergencia máxima (hay otros), creo verlo en una concepción de la
poesía que no puede hacerse portavoz de ninguna verdad y que,
en su lugar, se vuelve sobre el discurso mismo. Dice Geisler,
exegeta hábil de nuestro escritor: "dentro de la lírica alemana del
siglo XX Celan es el poeta de la construcción áspera por
antonomasia" (14).
¿No cabe decir lo mismo con respecto a Vallejo y Gonzalo Rojas en el
ámbito de la poesía hispana? Proximidades fáciles de percibir entre
los tres: importancia del encabalgamiento, empleo de palabras
inusuales o "extrañas", destrucción de la univosidad del sentido
frente a la univosidad del ritmo. En suma: valoración de la
escritura enigmática.
Y aquí
algo preciso: rasgo caracterizador de Vallejo, notable desde
Trilce y plenamente utilizado en Poemas Humanos y en
España aparta de mí este cáliz, es, en efecto, la cesura,
una de cuyas formas puede considerarse el encabalgamiento, que
dijimos abunda también en Celan y Rojas. Pausa interior secundaria
de las composiciones métricas -junto a la pausa terminal o versal-
la cesura indica que todo lo dicho no ha podido decir aquello que se
ha querido decir y que ahora hace falta parar el discurso para dejar
lugar a un cambio. Lo que se desprende de la dicción de los tres
poetas es que si la poesía quiere realizarse como tal, ha de
estorbar el discurso, creando faltas de cohesión, algo que muy bien
define el lenguaje lírico del autor alemán y de los dos
hispanoamericanos. "Una de las cosas que me maravilló del poeta Paul
Celan justamente -ha declarado Rojas- fue aquel trato suyo con la
palabra cortada, escindida, separada. Supo cortar la sílaba con una
eficacia máxima" (15).
Y su poema breve "Ejercicio respiratorio" constituye buen ejemplo
del concepto tan vallejiano también, de fragmentariedad del mundo,
poema que ofrece, a la vez, una construcción despedazada,
denunciando su estirpe que llamaríamos trilceana.
Hay en
Gonzalo Rojas -sosteníamos-, rasgos sintácticos que se repiten hasta
ser los más característicos de su ideolecto: la pregunta reiterada,
la exclamación abundante, los dialogismos expresivos, las novedosas
coordinaciones en la frontera entre verso y verso, el movimiento
nunca predecible de las frases, la rebeldía, en fin, ante las
pautas de construcción discursiva "normal". ¿Cómo no apreciar en
todo ello la proximidad a Vallejo? Cada rasgo -y esto ha sabido
verlo crítico lúcido como es Gonzalo Sobejano- (16),
constituye síntoma de ese clamor o ansia interrogativa que,
reventándolo de fuego emocional hace al sujeto lírico de la
poesía de Rojas, tanto como éste los hace a ellos. Y lo que
es descripción válida de la modalidad escritural de Rojas, lo es
también del poeta de Trilce. La sintaxis del hablante
denuncia por sí sola -en los dos-, ese carácter de búsqueda
dramática del sentido de la existencia del hombre -del hombre y su
miseria-, que esta poesía pretende, en dirección y hondura que la
hermana a la de Vallejo.
José Bergamín,
en el famoso prólogo a la edición madrileña de Trilce
acertó al señalar que una de las cualidades esenciales de la poesía
de César Vallejo era su "arraigo idiomático castellano". Ése
que el español definiera como "la espontaneidad de su
lenguaje originario", en que se relaciona la poesía del volumen
vallejiano con los poetas de la vanguardia española, Salinas,
Guillén, Lorca, Alberti, y por otro lado le da su carácter distinto,
original, esa "autenticidad" que admiraba Bergamín y que Gonzalo
Rojas asume, por su lado, como propiedad muy suya. En los dos algo
que Ángel Valente subraya: "el empleo de un lenguaje que
trata de conllevar un máximo de posibilidades de comunicación, que
no quiere encerrarse en los moldes del lenguaje poético
tradicionalmente aceptado como tal y lo rompe en busca de una
expresividad más libre que va a beber en el léxico, en la frase o en
la metáfora coloquial". Hecho éste que puede analizarse desde
opciones varias, pero que aquí propongo entender del modo que a
continuación señalo.
Es así:
un componente muy caracterizadoramente vallejiano del estilo de
Rojas consiste en traer de la lengua común hipogramas que la
retórica establecida hace incompatibles con los temas poéticos del
texto y que, sin embargo, son utilizados en la producción de signos
parciales o totales de éste. Podría multiplicar los ejemplos: me
limitaré a uno de Vallejo y a otros pocos de Rojas. En el peruano la
matriz de donde procede Trilce XXIII -ese que comienza 'Tahona
estuosa de aquellos mis bizcochos/ pura yema infantil innumerable,
madre"-, es la frase hecha "hacer(se) harina" (17)
conversión del cuerpo en polvo, que el poema metaforiza como una
molienda, para producir el contenido "muerte". Este uso de la
cita de una frase del dialecto popular atrae al texto vallejiano una
cotidianidad liviana, inaceptable en el contexto que la tradición
quiere hierático y solemne cuando se refiere a la muerte de la
madre. En Gonzalo Rojas un procedimiento así es de frecuencia
inusitada: en uno y otro poeta esa yuxtaposición de niveles provoca
gran estremecimiento en la lectura, se constituye, precisamente, en
uno de los resortes fundamentales de la eficacia poética de los
textos. En Rojas, como en Vallejo, son muchas las veces en que hay
una distancia extrema entre el refinamiento o la importancia del
contenido del texto y la humildad, diríamos, de los materiales
utilizados como hipogramas suyos.
A este
propósito vale conocer lo sostenido por el propio Rojas: "El
contacto con el lenguaje original -se refiere a los discursos del
habla coloquial-, es importante, porque en mi caso, pudiendo haberme
quedado en las afueras de Chile, siempre vuelvo. Vengo a oír a la
gente junto a la infancia, la patria de los poetas es su lenguaje.
todo el murmullo, los modismos, esa vivacidad atropellada, esa
desvocalización, esas mutilaciones expresivas, son necesarias para
mi oreja" (18)
, afirmaciones éstas que hacen recordar de inmediato tantas otras
análogas y muy conocidas de Vallejo.
Y si
pasamos a otro nivel de análisis, ahora uno temático, nos
encontramos con que la obra de Vallejo acepta a cabalidad la
proposición de que la patria del poeta es su infancia, según
insistentemente lo propusieran Hölderlin y Baudelaire, lo
reflexionara con hondura Bachelard y lo repite el mismo Rojas, según
recién constatábamos. Si del escritor peruano uno recuerda de
inmediato textos de sus dos libros de poesía publicados en vida, de
Gonzalo Rojas podemos mencionar, a lo menos, "Carbón", "Conjuro", "Ars
poética en pobre prosa" y "Orornpello". "Carbón" es una mirada
ensoñante a la infancia; la de "Orompello" es la del duelo, del
hambre, del quebranto, "el plazo de una orfandad un poco vallejiana",
según apunta el propio autor. En algún momento para ambos el espacio
feliz del hogar constituye ámbito de protección frente a los acosos
a que se expone el ser adulto. Y su reencuentro se logra en esa
actividad psíquica conceptualizable como proceso mnémico: la memoria
como sustituto, como subrogante y connotación de algo que se ha
perdido (19).
En los dos, "un puro hogar de la vida, de vida primera, de vida
humana primera" (Bachelard), en un sueño que nos lleva a ella
(pienso en "Carbón"). Y también en los dos tina mirada más mítica
que estrictamente biográfica o psicológica, aunque puedan
instaurarse estas perspectivas como también operantes. Lo que
significativamente subsiste es una fidelidad a la infancia
trascendida, en el sentido que sugeríamos. El golpe de la orfandad
temprana, más temprano en Rojas que en Vallejo, será decisivo en
ellos, al situarlos en el desamparo y ofrecerles una elección a
partir del riesgo. No cito de Vallejo por más estudiado. De Rojas
este fragmento de "El abismo llama al abismo", estremecedor poema de
La misma del hombre.
fui azotado
en mi niñez por la peste divina
estoy presto a morirme,
en defensa de todo lo que nunca mi lengua
pudo decir del viento de mi niñez perdida.
Lamento
no disponer de más tiempo como para seguir sugiriendo otros modos de
proyección de Vallejo en Gonzalo Rojas. Termino citando esta
afirmación reciente del poeta de Oscuro -es de hace tan sólo
unos días- "de Vallejo venimos todos los de allá y los de acá
(quiere decir de Hispanoamérica y de España) como antes de Quevedo o
Juan de Yepes, y no cesamos de seguir viniendo" (20).
En
Revista Chilena de Literatura Nº 41. Santiago de Chile, Departamento
de Literatura, Universidad de Chile, 1993