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"Neruda: En el 104 aniversario de su natalicio"

Dimensión contemporánea de Neruda en el centenario de su natalicio

Reinaldo Villegas Astudillo

(Ponencia presentada en el Coloquio en el Centenario de Pablo Neruda, organizado por la Facultad de Historia, Facultad de Filosofía e Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo de Morelia (México), el 4 de noviembre de 2004).

PRELIMINARES

En primer término, quisiera saludar efusivamente a todos los miembros de esta comunidad que integran la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo de Morelia, por el reconocimiento a través de un Doctorado Honoris Causa, otorgado tempranamente en 1943 a Pablo Neruda, creador poético, que les pertenece a todos los habitantes que pueblan esta región que va desde el sur del Río Bravo hasta la distante Patagonia y territorio antártico, vasta extensión donde se sitúan nuestras repúblicas caribe-latinoamericanas. Neruda, por ese tiempo, estaba consagrado en el estro poético por la publicación de unas siete obras y elaboraba los poemas que conformarían Canto General, el cual daría a conocer en este México siempre solidario en 1950, año de exilios y persecuciones por parte del propio gobierno electo por su organización política, y que por presiones del imperio del Norte fue puesta fuera de la legalidad, aplicándosele la tenebrosa Ley de Defensa y de la Democracia, que además del desafuero de Neruda del Senado y su posterior camino hacia la clandestinidad y el exilio, significó la prisión y relegación en la inhóspita población de Pisagua de sus compañeros comunistas, donde por esas jugarretas del destino fungía como jefe del campo de relegación, en aquel entonces, un oscuro oficial de rango menor llamado Augusto Pinochet Ugarte.

Antes de referirnos a la presencia actual de Neruda en este período, que abarca más de tres décadas, a partir de su deceso ocurrido el 23 de septiembre del fatídico año de 1973, quisiéramos expresar algunas observaciones en torno a esta etapa de la que hemos sido testigos directos en el continente al cual pertenecemos.

A la distancia, pensamos que Neruda desapareció físicamente, justo en el momento en que sucumbía un proyecto de gobierno como el presidido por Salvador Allende, que se había constituido en la culminación de grupos populares y medios que por primera vez habían accedido al poder en 1938 con el profesor Pedro Aguirre Cerda, apoyado por el llamado Frente Popular, dejando fuera del gobierno después de más de cien años a la oligarquía chilena, representada por los actores políticos: pipiolos y pelucones, en otras palabras, liberales y conservadores.

Con la muerte del poeta, juntamente se desmorona el anhelo de un pueblo al cual, Neruda había contribuido a configurar por medio del verbo y la expresión artística durante toda su existencia

A las claridades le suceden las tinieblas y asistimos a la irrupción de individuos oscuros y anti-poetas, que violentan el hilo constitucional de las repúblicas del continente, sumiéndolas en el dolor de perder a sus seres queridos en elevadas cifras, no sólo en Chile, sino en Argentina, Uruguay y Bolivia, lo cual se hizo asociadamente a través de la Operación Cóndor, donde esos "saurios", como ya había denominado Pablo a sus antecesores en el Canto General, actuaron en tan horripilante acción anti-humana.

De todos estos desmanes, que en Chile se prolongaron por casi 17 años, protagonizados por el ex capitán de Pisagua en 1949 y en la década de 1970,convertido en un general traidor, se suman los padecimientos de otros pueblos hermanos a lo cual se agregan los acontecimientos mundiales, atentadores en contra del ser humano en diversos espacios del orbe, lo que va a significar el quiebre de una generación con sus valores para dar paso a una nueva, la cual se nos muestra muy distinta a la que nos conformó y donde nos hemos insertado, adaptándonos a las realidades en las que se volcaron nuestros hijos y nacieron nuestros nietos, donde los elementos visibles e invisibles de la realidad emergente, desde nuestra perspectiva generacional, resultan decadentes y anti-valóricos tal cual se indica.

CARACTERIZACIÓN DEL SER CARIBE-LATINOAMERICANO EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS

Es indudable que tal signo de devaluación de los valores se produce a nivel universal, pero específicamente en América se acelera con la presencia de gobiernos dictatoriales apoyados por sectores de la oligarquía que conducen a lo que podríamos calificar muy entre comillas como "hombre nuevo". No es aquél con el cual soñaron algunos sistemas de gobiernos de avanzada latinoamericanos, en la década que va de 1960 a 1970 en torno a crear un ser solidario, "preocupado por el desposeído" o "ejecutor de la máxima cristiana del amor al prójimo". Fue todo lo contrario: Surgió un ser individualista, amante de los bienes materiales y muy alejado a los preceptos por tenderle la mano al desventurado.

En el caso específico de Chile, esto produjo una escisión entre el chileno que por la fuerza se adaptó al modelo impuesto por el dictador dentro del enfoque neoliberal, ensayado en varias oportunidades a costa del padecimiento de los sectores populares, silenciados por una cruel represión, en relación con un elevado porcentaje del millón de chilenos exiliados que se radicó en el exterior, no precisamente por su propia voluntad. Esto ha significado para nosotros al retorno, a partir de 1990, no reconocer el país en el cual nacimos, nos formamos y donde nos asestaron el golpe a nuestro ser, al convertirnos en una generación perdida. Lamentablemente pasó muchísimo tiempo, lográndose el objetivo en gran medida propuesto por el autoritarismo.

Sólo un ejemplo ilustra esta realidad: Salimos del país nativo, admirando a nuestros grandes valores culturales, entre otros, a Roberto Matta, el pintor; a Claudio Arrau, el pianista y a nuestras cumbres poéticas: Vicente Huidobro, Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Y al regresar, constatamos que las figuras prominentes señaladas del pasado, dieron lugar a la valoración de un ex Miss Universo, dos jugadores de fútbol, un gay, modisto-peluquero de las divas de la TV, y a una "geisha", formada en el Japón donde arribó para venderse al mejor postor, habiéndose convertido en una acaudalada "señora" para retornar al país natal como una gran triunfadora del sistema económico, transformándose en una figura privilegiada de la difusión televisiva.

Lo anterior, refleja la presencia de un nuevo mundo con muchas similitudes en los diversos países de la región. Los grupos económicos constituidos en transnacionales, con capitales del exterior y en algunos casos asociados a los capitalistas criollos, han configurado a un ser consumista, que es idéntico en gran parte del continente. Casi en todas las naciones, encontramos los mismos productos de consumo, empezando por el símbolo del imperio norteamericano actual: los Mac Donald, entes que han pretendido hasta enajenarnos nuestras vernaculares ingestas alimenticias.

El consumismo no atiende sólo a la alimentación sino a la indumentaria, a la recreación y a la presencia de "artefactos"-como diría Nicanor Parra- para ser utilizados como medios de transporte, de telecomunicaciones, y en general del confort doméstico.

Por su parte, la educación y la salud se alejan más de los grandes contingentes humanos, con el surgimiento de los "mercaderes"- que cuestionó acerbamente el educador y pensador venezolano Simón Rodríguez en el siglo XIX- quienes han tomado a esta actividad como una empresa cualquiera "como si se tratara de venta de telas", desarrollando así un negocio muy propio y lucrativo. Para muestra un botón: uno de éstos es el dueño de la Universidad "Andrès Bello" de Santiago de Chile, un individuo que se convirtió en multimillonario en el periodo dictatorial de Pinochet que en el presente maneja, además, bancos, diarios y diversos negocios que le reportan jugosas ganancias dentro del modelo instaurado por el ya decrépito ex-dictador. Lo mismo ha sucedido con los "mercaderes de la salud", que van levantando super-clínicas privadas, donde sólo acuden quienes detentan la riqueza y pertenecen a grupos sociales con un alto poder adquisitivo.

La primera devaluación cultural que agobia al continente en estos tiempos es la presencia de la imagen: "que está matando la palabra". A través de los medios audiovisuales y electrónicos, el joven caribe-latinoamericano de hoy ha ido perdiendo las habilidades comunicativas. Si consideramos las instancias que señalaba el citado Rodríguez en el siglo XIX, con el proceso de aprendizaje inicial que se conformaba asi:"calcular-pensar-hablar-escribir-leer", prácticamente está desapareciendo la más significativa como lo es la lectura, en el pleno sentido de : "desnudar la palabra de su significación". Este modelo ya no se da en la realidad, así lo comprobamos a través de los exámenes que se aplican en la admisión de los estudiantes a las universidades, donde un porcentaje reducido de aspirantes sale airoso en las evaluaciones. Igualmente poco se escribe; algo, tal vez en el Internet, pero dada la velocidad del tiempo de que dispone generalmente el usuario, los "horrores" abundan. Nos queda sólo la facultad del habla. Pero, ¿cuántos interlocutores del presente hablan con propiedad y sentido? O, ¿cuántos sólo permanecen enmarcados dentro de las comunicaciones fáticas?

Las consideraciones expuestas anteriormente, nos llevan a una lectura de lo superficial y de lo utilitario. Basta solamente con darse una vuelta por las librerías del continente y saltarán ante nuestros ojos, títulos de bestsellers, impuestos muchos por la publicidad consumista entre los cuales se sitúa una literatura esotérica y la ahora muy abundante vinculada con lo emocional y el éxito fácil, la cual ha tenido tanta aceptación que pululan por el continente individuos; algunos charlatanes, inclusive galardonados por universidades, que han ido acumulando bienes producto de estas ventas, que tanta aceptación han tenido en el lector medio, quien a veces se mantiene en la superficialidad, convencido de que puede solucionar sus problemas existenciales y económicos con suma facilidad, orientado por estas lecturas que proclaman el éxito en un plazo inmediato.

La televisión, dirigida por el "hombre económico", a quien le interesa sólo el bien material y la pronta ganancia; ése, que ya se ha impuesto al sostener y controlar al "hombre gobernante", porque igualmente incluye al elemento castrense para mantener la estabilidad de un régimen , se ha convertido en el "deformador" del ser continental. Ya señalamos los ídolos que van creando: faranduleros, superficiales y maniquíes de uno y otro sexo. Diariamente proyectan por las televisoras en series, programas especiales, publicidad -mucha publicidad- elementos pornográficos, convirtiendo la imagen de la mujer en símbolo de los desenfrenados apetitos sexuales, explotando a jóvenes y figuras por lapsos breves, porque el tiempo es fugaz y la lozanía desaparece prontamente. En este plano, ya no hay recato en la proyección. Ya no es sólo en altas horas de la noche, ahora es a pleno día. Es la anti-enseñanza que recibe el infante o adolescente cuando retorna del aula a su hogar.

En lo que respecta a la información, es un residuo que pasa aceleradamente por la imagen, no dejando espacio para la reflexión.

Lo expresado en la instancia precedente, nos conlleva a que las actuales generaciones vayan perdiendo sus identidades, porque la televisión forma parte de cadenas transnacionales, lo cual significa que por esa naturaleza imitativa que nos ha alcanzado a través de las distintas etapas de nuestra historia republicana, miramos hacia el centro, en este caso, al centro del imperio político o de los imperios tecnológicos. Seguimos sin crear. No inventamos. Continúan embelesándonos con los espejuelos, ahora manifestados en sofisticados aparatos electrónicos o deslumbrantes automóviles.

Por supuesto, que las conductas y las modas nos las configuran desde los diversos modelos mercantilistas, a fin de que prosigamos consumiendo para acrecentar las ganancias de esos sectores, que cada día prosiguen extrayéndonos nuestra materias primas para devolvérnoslas a un más alto precio, como nuevos instrumentos para nuestro entretenimiento y solaz.

Sin embargo, no todo es esplendor consumista. Hay un gran número de habitantes en la región que carece de todos estos bienes. Existe un gran conglomerado que sólo obtiene como ingreso el sueldo mínimo de su país. Este bajo salario sólo le basta para sobrevivir, sólo para "arrastrar las existencias", padeciendo grandes angustias e ingentes penalidades en el quehacer cotidiano. Son éstos los habitantes de las periferias de las ciudades: cerros de Caracas, zona Sur de Valencia, Venezuela, donde residimos; favelas de Brasil; poblaciones marginales de Chile y de México.

En un plano inferior, se encuentran los marginados de los sistemas económicos, constituidos por familias que viven bajo los puentes, en casas abandonadas inhabitables, en viviendas de cartón, en plazas y lugares públicos, agregándose los indígenas que han sido obligados a residir en lugares infértiles y tierras áridas y no feraces. Son los condenados por estos modelos económicos y gubernamentales. No son considerados como personas humanas, al no aplicarse los conceptos de equidad y justicia social.

Todo esto provoca inestabilidad, esperanzas truncadas, anhelos insatisfechos y traumas que conducen a la angustia del ser americano; a veces a la propia muerte, porque no pueden escapar de ese tormento del existir.

NERUDA SIEMPRE PRESENTE

Pablo Neruda feneció terrenalmente hace más de tres décadas atrás, pero su pensamiento y su creación poética se mantienen vivos y actuales, a pesar del cuadro tenebroso suscitado en las distintas repúblicas en el lapso post-nerudiano, al cual nos hemos referido anteriormente.

La difusión y celebración de la vida y la obra de Pablo Neruda, no sólo se ha producido el año en curso en que estamos conmemorando el centenario de su natalicio. En el Chile exiliado, Neruda nunca estuvo ausente en esa lucha que promovimos, apoyados por los países hermanos, los cuales nos cobijaron en este trance fatal para nuestra república. Siempre, Neruda estuvo presente por medio de sus versos, y muy especialmente a través de esa creación titulada "Cuando de Chile", inserta en Las uvas y el viento, publicada en 1954, donde el poeta expresa que en el Chile añorado en esa instancia temporal, los desposeídos y los marginados se convertirían en los seres relevantes dentro de la sociedad. Lamentablemente, en vida Neruda sólo alcanzó a constatar el inicio de un proceso en 1970 y su posterior aborto el año 1973, pero a través de tal creación poética permanece esa esperanza, y aunque sea después de la muerte podrá cumplirse ese deseo manifestado de: "Ay cuándo patria, te casarás conmigo".

En el Chile interior, consignamos una fecha histórica el 12 de julio de 1990, en el gimnasio "Bernardo O'Higgins" de la ciudad de Temuco, donde se crió Pablo entre la infancia y la adolescencia. Ese día, fue la apoteosis del encuentro de Neruda con su pueblo. El gimnasio parecía venirse abajo con la presencia de innumerables obreros, trabajadores, exiliados, autoridades civiles, poetas e intelectuales, unos con mantas y ponchos; otros, con boinas españolas republicanas, sombreros y gorros chilotes, no faltando las parkas y abrigos para defenderse de la baja temperatura exterior, pero muy elevada íntimamente. Desfilaron los jóvenes estudiantes por el escenario con cantos, composiciones musicales, relatos biográficos dramatizados y poemas de Pablo inmortal. En seguida, surgió la voz profunda y artística de Humberto Duvauchelle, el gran actor nacional, compañero de ruta en el exilio venezolano, desgranando los versos briosos y significativos del Neruda de siempre. Era la voz de ese mismo artista de las tablas, quien con su hermano Héctor, fallecido trágicamente en Caracas, y Orieta Escámez, integrantes de la compañía de Los Cuatro, recorrieron buena parte del exilio chileno por América y por Europa, llevando la representación de obras teatrales, y siempre, los versos de Pablo para vincularlos más al Chile lejano y encarcelado.

Al término del espectáculo tan reconfortante para el espíritu y el intelecto, caminamos con Humberto por las calles temucanas en busca de un café, reflexionando sobre tal magnífico acontecer, el primero, celebrado después de la muerte del poeta en un ámbito de libertades. Nos despedimos en medio de la niebla nocturnal mientras un tren rompía la quietud de la ciudad con su sonido, y luego al desplazarnos hacia la casa de nuestros progenitores, situada en un sector aledaño a la que habitó Pablo en épocas lejanas, junto a la de don José del Carmen, su padre ferroviario y la dulce Mamadre, sentimos la compañía del espíritu del poeta después de 17 años de haber partido hacia la eternidad.

Tal vez, un hito importante en el recuerdo de Pablo en esta última época ha sido la presencia del "Tren de la Poesía", organizado por su sobrino-nieto, el también poeta Bernardo Reyes, quien junto a otros jóvenes escritores temucanos le dieron vida entre los años 1994 y 2001. Muchos fueron los escritores de Chile y del continente que se embarcaron en este "tren mágico", que surgía justo el 23 de septiembre de cada año para rememorar el aniversario de la muerte del poeta. Hasta el año 2000, el trayecto que cubría no sobrepasaba la distancia que hay a poblaciones cercanas a Temuco, entre las que se encuentran Imperial y Lautaro. En cada lugar donde se detenía el tren y en el destino final, el pueblo, junto con sus autoridades, ofrecían homenaje a Pablo y a los invitados especiales. En el segundo día, los creadores y escritores visitaban las escuelas, universidades y centros culturales para dialogar con los jóvenes en torno a Neruda.

Aunque habíamos concurrido en 1995 por primera vez al Tren, tuvimos una segunda oportunidad en el 2001, cuando en la última versión creció en el trayecto y cubrimos la ruta entre Parral, la ciudad de su nacimiento y la urbe de su crianza, Temuco. Concurrimos desde Venezuela con integrantes de nuestro grupo cultural "Mapuche"de Valencia y un par de escritores venezolanos. Llegados a Parral, fuimos testigos de otro de los grandes homenajes rendidos a Pablo, ahora como hijo predilecto de una ciudad floreciente, donde vino al mundo el 12 de julio de 1904. Nuestra permanencia no alcanzó las 24 horas, pero con cuánta intensidad las vivimos. Fuimos recibidos por el alcalde, concejales y otras autoridades civiles con presentación de grupos musicales tradicionales. La plaza de la ciudad había sido "tomada" por los estudiantes parralinos, quienes en diversos espacios ofrecían lecturas y declamaciones de poemas, grabaciones con la voz de Neruda, objetos artesanales con su efigie, comidas de la región, etc. Posteriormente, nos trasladamos al panteón de Parral y ahí se hizo un acto muy sentido frente a la tumba, donde descansan los restos mortales de la maestra de primaria Rosa Basoalto, la madre del poeta quien falleció a casi dos meses de haber nacido su único hijo. Luego, nos recibieron en una hermosa escuela del Barrio de "Buenos Aires", donde hubo actos similares, para culminar nuestro visita al lugar en que surgió al mundo el poeta, y en seguida concurrir a la representación teatral, inspirada en las "Alturas de Machu Pichu" y concluir en un acto final desarrollado en un amplio salón citadino, donde Parral hizo una proyección de las más importantes organizaciones artísticas de la ciudad.
Temprano, al día siguiente, los escritores itinerantes nos embarcamos en el tren rumbo a Temuco, para cubrir una distancia aproximada de 300 kms. Además de los invitados especiales, se incorporaron numerosos contingentes, miembros de grupos culturales y organizaciones civiles de la región parralina. Durante el trayecto a través de la instalación de un circuito cerrado de televisión, desde cada vagón se podía observar la presentación de los poetas leyendo sus creaciones, que iban siendo alternadas con videos donde surgía el propio Pablo con sus lecturas. Hubo un par de paradas en las localidades de Collipulli y Lautaro, en las cuales no esperaba una entusiasta concurrencia instalada en los andenes de las estaciones ferroviarias de cada población, con una actividad en homenaje a Neruda y a los pasajeros del tren, con interpretaciones de poemas nerudianos, música y bailes tradicionales como la cueca y la tonada, especialmente a cargo de los estudiantes de los diversos centros educativos de la zona visitada. Finalmente, al venir la noche, arribamos a Temuco entre el sonido característico del vapor y los pitidos de una antigua máquina de vapor que irrumpia en la apacible véspera dominical de la ciudad temucana, lugar en que tuvimos un gran recibimiento de una multitud agolpada por los predios de las instalaciones del ferrocarril, donde hacía muchísimos años Pablo solía acompañar a don José del Carmen, su padre, como conductor del tren lastrero, junto a una cuadrilla de trabajadores encargados de reparar la vía, entre los cuales se encontraba el palanquero Monje, que en una oportunidad siendo Pablo aún infante, le atrapó un hermoso insecto en un paraje boscoso, que lo impresionó por la intensa belleza de su colorido, escapàndosele de improviso fugazmente de entre sus manos para retornar al hàbitat natural.

Al siguiente día, nos distribuimos por los distintos centros educativos de la región sureña. A nosotros, nos correspondió participar en un panel de la Universidad "Diego Portales", en torno a Residencia en la tierra, y posteriormente, con el grupo chileno-venezolano "Mapuche", presentamos un espectáculo en homenaje a Neruda en la colonial ciudad Imperial, por donde algún día pasó el poeta-soldado don Alonso de Ercilla y Zúñiga, muy admirado por Neruda, y quien fuera el autor de esa obra renacentista, "La Araucana," editada en España en el siglo XVI.

En todos los actos referidos, la presencia de Pablo provocó la unidad de la comunidad chilena. Como nunca, observamos que durante esos tres días volvimos a ser los de antes al 11 de septiembre de 1973. En Parral, como ya lo hemos anotado en un trabajo anterior, nos reencontramos: "momios", "upelientos", "termocéfalos", "guatones", "chascones" y "rabanitos"; todos, alrededor de Neruda y por primera vez ingresábamos en un centro universitario privado, prohibido para Pablo, hasta el término de la dictadura pinochetista. Ahí, iniciamos unas reflexiones en torno al poeta, donde tuvimos la oportunidad de presentar, a las nuevas generaciones, una de sus obras màs representativas como es el Canto General, que en dos oportunidades fue prohibido por los gobernantes chilenos, primero editado por González Videla y luego por Pinochet en el lapso dictatorial. Asimismo, nos llamó la atención en un momento al apreciar al rector de la Universidad a nivel nacional, descendiente de un gobernante con reminiscencias del siglo XIX, quien haciendo uso de sus prerrogativas rectorales se apoderó del micrófono y empezó a leer en público poemas de Neruda, que seguramente siempre le solazaron durante sus mocedades, pero que la dictadura por un largo período se los había silenciado.

CONMEMORACIÓN DEL CENTENARIO

Durante el presente año, las actividades en torno a Pablo Neruda con motivo de conmemorarse el centenario de su natalicio han sido incontables a través del mundo, especialmente en nuestro continente y en Europa. El creador poético y continental permanece vivo entre sus lectores y en las nuevas generaciones, especialmente en ese porcentaje valioso que aún se mantiene enfrentado con la lectura a la imagen, y todavía vinculado al quehacer intelectual, actividades que los conducen al conocimiento de los grandes creadores universales, lo cual se constituye en un mentís para aquellos críticos y analistas literarios "parricidas", que tratan de menoscabar la creación nerudiana, disminuyéndola de la posición que ocupa en el espacio poético. Si la memoria no nos traiciona fue Julio Cortázar, a quien Neruda le levantó la auto-estima, cuando lo visitó en vida en Isla Negra, y el escritor argentino le manifestó el temor que lo afectaba ante una crítica acerba que pretendía demeritarlo. El creador poético le replicó que a él ya no le preocupaba Se había tornado impermeable ante el demoledor y ácido cuestionamiento que recibió de innúmeros contemporáneos, los cuales fueron quedando en el camino y olvidados hacia el futuro.

Siempre ha ocurrido, con los denominados por el propio Neruda como "poetas celestes", que constituyen una tendencia, nacidos de un "trasnochado surrealismo", que apenas se articula en los niveles del automatismo que, aunque increíble, permanece presente en un grupo reducido de poetas contemporáneos, terriblemente hermèticos, acosados justamente por esta realidad degradante del entorno actual, lo que les ha imposibilitado convertirse en voces potentes y vigorosas. El mismo Neruda, en 1961, cuando fue incorporado como miembro honorario en la Facultad de Educación de la Universidad de Chile, manifestaba sorprendido que a estas alturas pervivieran "poetas afrancesados", evadidos de la realidad continental.

Ante la carencia de voces poéticas tan relevantes como en el pasado, en orden de establecer una comunicación florida con el lector, exteriorizando esas transmutaciones artísticas creadas a partir de motivaciones de la propia realidad terrígena y existencial del continente, y la presencia de voces hermèticas, tal vez producto de la problematizaciòn del hombre surgida en estos últimos 30 años ya descrita, Neruda permanece fresco y la recepción de sus versos iniciales que atienden al sentimiento, se mantienen todavía incólumes. Así se explica, que de su poemario publicado por primera vez en 1924, Veinte poemas de amor y un canción desesperada, se hayan publicado hasta el presente tres millones de ejemplares.

Con qué interés y sentimiento, hemos observado auditorios constituidos por obreros, trabajadores y estudiantes de diversos niveles de la chilena Imperial, de la Mérida venezolana, del Humacao portorriqueño, y de la mexicanas Veracruz y Orizaba, deleitándose con estos versos plenos de sensualidad, muy rítmicos, ubicando a la mujer en un nivel cósmico con imágenes diáfanas y sensoriales dentro de un lirismo armonioso.

Neruda dio, igualmente, una demostración de su capacidad creativa par incursionar en el surrealismo tan en boga en las primeras décadas del siglo XX, y cuyos más singulares representantes, admirados por el poeta chileno, fueron Mallarmé, Baudelaire, Apollinaire y Rimbaud. En esta creación surrealista-como lo indica el exégeta René de Costa-Neruda adopta el monólogo interior sin depender de la escritura automática como los surrealistas. Abandona el refinado sistema prosódico de la poesía hispánica; luego, se las arregla para combinar creativamente la libertad formal de la vanguardia literaria con mecanismos no artísticos, aparentemente elementales, como el paralelismo de unidades sintácticas, la modulación del verso, el poder organizador de las estrofas, y el uso sistemático del tema de la búsqueda para estructurar los quince cantos del poemario.

Esta creación nerudiana fue muy bien recibida por la vanguardia literaria, pero por su hermetismo, pronto fue olvidada.

Residencia en la tierra .Ésta , quizás sea la única creación aceptada plenamente por los admiradores de la expresión abstracta, de lo etéreo, de lo que no se contamina con la realidad social, política y terrígena del continente. Son aquellos admiradores de lo hermético, tanto dentro de la poesía como de la narrativa y de otras creaciones artísticas. Son quienes escriben para ser entendidos por rigurosos especialistas que se pierden en una diversidad de ismos. Son aquéllos que no logran comunicarse con el lector común del continente y después se lamentan de que: "la poesía no vende".

Es evidente que esta obra mantiene igualmente su vigencia en un mundo más angustiante de acelerada desintegración de la vida, época en que el acercamiento con la muerte es veloz y se ha convertido en un elemento tan masivo, que perdió esa consideración y majestad de antaño. Tal producción poética es evidentemente anti-lírica, donde empieza a surgir en Neruda el prosaísmo como una ruptura con la expresión tradicional, la cual se mantendrá hasta nuestros días en la poesía de lo cotidiano y en la denominada anti-poesía a partir de los inicios de la década de 1950.

Tanto en la primera Residencia, publicada en 1933, como la segunda de 1935, constituyen un todo, singularizado por las características antes señaladas.

Canto General. En 1950, Pablo Neruda difunde Canto General, una de sus obras cumbres, tal vez la más aludida y reseñada por las agencias internacionales periodísticas y literarias cuando recibiera el Premio Nóbel de Literatura en el año 1971. Al igual que la poesía amorosa inicial, ésta es una de las creaciones mejor recibidas por los jóvenes y lectores en general de esta contemporaneidad. Paradójicamente, se convierte en la más desdeñada por los críticos y creadores hermèticos, abstractos europeizados del presente, quizás por estimar a priori, que es una obra muy prosaica y de índole panfletaria de sus militantes o simpatizantes.

Como lo ha señalado brillantemente nuestro amigo y profesor de esta casa de estudios superiores, Salvador Morales, es semejante a la Biblia o al Popol Vuh. Es la historia de Amèrica mas develada y mas cercana a nosotros. Aquí, el poeta asume la función de un dios creador de un nuevo mundo, de esta América Nuestra, como diría el prócer y pensador cubano José Martí, desde sus inicios como globo terráqueo con su estructura telúrica, con sus cumbres, ríos y minerales, con la fauna y la flora y esencialmente con el ser americano, con el hombre de estas tierras. En seguida, surgen las Alturas de Machu Pichu, un capítulo, una unidad temática de extraordinario valor artístico, donde el creador se convierte en una figura mítica que desciende hasta las profundidades de la tierra, donde yacen las civilizaciones autóctonas en un sueño eterno. La pretensión del hablante poético es de despertarlos para preguntarles por sus vidas terrenales, por sus vivencias, por sus creaciones y el motivo de su desaparición, pretendiendo subir con ellos hacia las claridades para convertirse él en un cantor de esa América mítica. De esta suerte, el poeta transita por el tiempo detenido y el tiempo mítico.

Más adelante surgirán los hombres de: "la casaca y la peluca" con el arribo de los conquistadores, quienes vienen tras el oro, llamado "excremento de los dioses" por los aborígenes. Aquí, como a través de toda la obra, asumiendo la función del narrador épico, describe todas las "barbaridades" de los invasores, desde Hernán Cortés por México en el norte, hasta Pedro de Valdivia por el Chile austral.

A continuación, viene la presentación y elogio de los libertadores a partir de los líderes indígenas como: Cuauhtemoc, Tupac Amaru, Lautaro y los principales héroes de la independencia republicana, hasta arribar a los héroes civiles y luchadores sociales que surgen en el siglo XX : Zapata en México, Balmaceda y Recabarren en Chile, y Prestes en Brasil, entre otros.

Y la historia continúa con la descripción de una galería integrada por unos quince dictadores o "saurios", como los denomina el narrador poético, surgidos del reino oscuro del mar, vejadores y genocidas de sus propios pueblos. La narración del cronista épico se prolonga por quince unidades o capítulos, abarcando la historia hasta la etapa contemporánea, donde los personajes heroicos de la historia oficial se convierten en antihéroes, y los marginados y perseguidos adquieren el carácter de figuras protagónicas dentro de la historia americana.

Creemos que de muchos valores que ofrece esa magna creación poético-narrativa s que, a partir de la poesía, se crea una nueva historia fundante del continente plena de sucesos donde hace más de cinco mil años antes de Cristo, se presume que arribaron los olmecas por estos territorios, una de las civilizaciones más antiguas, las cuales no han sido registradas plenamente por los historiógrafos del continente. Al igual que la novela histórica que cumple esta función desde hace más tiempo, asistimos a este acontecer inusitado cuando un poeta en tiempos contemporáneos asume esta función con una de sus obras creativas.

Posteriormente, registramos a través de la creación poética nerudiana la presencia de una pensamiento auténticamente caribe-latinoamericano, que se inicia con el siglo XIX y que ha continuado representada, entre otros, por: Montalvo, Francisco Bilbao, José Martí, Rodó, José Vasconcelos, José Carlos Mariátegui, Manuel González Prada, la Mistral y Neruda hasta bien avanzado el siglo XX.

Hemos venido recomendando en esta gira cultural por México, el retorno de los jóvenes hacia la lectura con este texto, que por diversos motivos no tuvo la difusión plena como pretendió el propio autor, y que se hace necesario conocerlo en la totalidad, cualquiera sea la óptica del lector. Lo que interesa es el criterio interpretativo con que se aborde la lectura de esta obra magna nerudiana.

Con las Odas Elementales, publicadas en 1954, Neruda inicia un nuevo tipo de creación poética distinto al anterior, y que nuevamente sorprende a la crítica. Ahora surge en una perspectiva renovada, con un estilo simple de textos ligeros, motivados en elementos básicos del cotidiano transcurrir, como el agua, el aire, las comidas y los objetos del entorno. El discurso es de carácter prosaico y muy coloquial. Es, prácticamente, el hablado por el emisor común.

Con estos poemas, Neruda logra una mayor comunicación con una heterogeneidad de lectores. Alcanza tanto éxito que otras creaciones surgirán en 1956 con: Nuevas Odas Elementales; Tercer libro de las Odas, publicadas en 1957 y Navegaciones y regresos en 1959.

Durante 1958, con Estravagario acentuará la línea de lo cotidiano. Ofrece un nuevo discurso coloquial más hablado, irreverente y menos razonado que en las Odas. Aquí, el poeta baja del pedestal a la poesía, y a través de la ironía y del humor desacraliza su propia figura de autor poético.

Si en las Odas Elementales el poeta se convierte en un filósofo de la cotidianeidad, motivado por sucesos y elementos del entorno, en Estravagario se convertirá en un filósofo de sí mismo.

Tal poesía irreverente, cuyo principal creador e iniciador en Chile es Nicanor Parra-quien acaba de cumplir 90 años de edad- se ha denominado anti-poesía y hasta el presente, junto a la poética de lo cotidiano, pervive en la producción de creadores surgidos en estos últimos tiempos.

Recientemente, Nicanor Parra, en una entrevista concedida a un medio de comunicación chileno, reafirma su opinión valorativa sobre la producción poética general de Neruda, y a la distancia de los años transcurridos, señala que la incursión de Neruda en la anti-poesía a través de Estravagario, resultó sorprendentemente meritoria.

Estimamos que hasta aquí deben llegar, por ahora, nuestras observaciones sobre la poemática nerudiana. No faltará una próxima oportunidad para referirnos al período final de su creación poética, con la cual se encimó sobre los cincuenta poemarios. De todas maneras, las líneas iniciales se mantiene, ya sea la sentimental en poemas de la remembranza, específicamente en Memorial de Isla Negra, constituido por cinco libros editados en 19674; la política-social con ese poemario publicado en 1960 dedicado a elogiar y exaltar a la Revolución Cubana; en tanto, la existencialista junto a la cotidiana nunca las dejará de lado, incluso, hasta en sus obras publicadas póstumamente.

Como conclusión, para ir finalizando estas reflexiones en un espacio tan relevante como lo es el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, deseamos reiterar que Pablo Neruda, al igual que poetas de otros siglos, como Francisco de Quevedo y Villegas, Garcilaso de la Vega, Luis de Góngora, o narradores como Miguel de Cervantes, permanecerán vigentes por encima de los siglos porque fue un poeta universal que describió al hombre en su ser y accionar desde estas latitudes, como dirían ustedes, hermanos de México, en una lucha constante entre el águila y la serpiente; para agregar nosotros, una lucha entre el bien y el mal, entre la virtud y el vicio, entre la vida y la muerte, entre el ser y el no ser, entre la poesía y la anti-poesía, a partir de esa confrontación que iniciamos cotidianamente en el afán de alcanzar el logro de cada día
(Como un homenaje a Gonzalo Rojas, Premio Nacional de Literatura  de Chile y Cervantes de España, maestro insigne que tuvimos en  en la U. de Concepción en los inicios de la década de 1960; quien,  en estos días, se encuentra en Cuba, presidiendo el jurado de la edición 2008 del Premio Casa de las Américas, publicamos un trabajo de Marcelo Coddou, condiscípulo  nuestro en Concepción y durante años radicado en EE.UU, desde donde ha desarrollado una intensa labor en el campo del ensayo literario latinoamericano, al igual que otras figuras formadas en sus inicios por Gonzalo Rojas, como lo son Jaime Giordano, JaIme Concha y Ana Pizarro)


Proyección de Vallejo en la Poesía de Gonzalo Rojas
Por Marcelo Coddou
Drew University

La poesía de Gonzalo Rojas se nos ofrece como una rigurosa y elaborada conciencia autotextual que, entre otras manifestaciones -por ejemplo-, el cruce de múltiples modalidades discursivas, encuentra, en el diálogo que ella establece con la obra de otros poetas, una forma de realización que te lleva a lograr una sorprendente singularidad de voz. "Desde los veinte años Rojas no se parece más que a sí mismo", ha dicho José Emilio Pacheco, y ha dicho bien (1) -según lo reconoce el mismo poeta dicho bien. Mas, para el logro de tal originalidad mexicano-, Gonzalo Rojas se nutrió de una atenta lectura de mucha poesía, desde los clásicos de la latinidad, hasta los fundadores de la vanguardia, de Europa y América -concuerdo con Julio Ortega cuando dice que el chileno es "el gran heredero latinoamericano de las vanguardias"-(2), en un proceso que pasa por la asimilación morosa de los monumentos mayores del Siglo de Oro español. Por el camino de todos ellos es que entra en el portento del gran juego verbal y el espacio imaginario de la poesía. (3)

Hemos escrito en otro plazo sobre la presencia de Quevedo en Gonzalo Rojas y algo que entonces sostuviéramos cabe extenderlo a las sugerencias que ahora deseamos hacer acerca de las proyecciones que de César Vallejo se percibe en el pensamiento poético del autor de Contra la muerte (4). Cuando hablamos de proyecciones queremos establecer un deslinde muy nítido con "influencia". Harold Bloom -pensando en esta útima- (5), opone "poeta sólido" a "poeta efebo". Éste es quien absorbe las virtudes magistrales del mayor, en actitud contestataria encaminada a obtener un efectivo distanciamiento posterior. No es así en el caso que nos preocupa, donde lo que vamos a encontrar, más bien, es un diálogo que se configura en niveles múltiples: obsesiones recurrentes, la concepción misma del poetizar en direcciones varias y singularidades expresivas, fundamentalmente las de índole sintáctica que, surgidas desde la sustancia del contenido, se insertan en modalidades de tal índole en el enunciado lírico.

Quizás sea útil comenzar por puntualizar la constelación de autores a la cual adscribe Gonzalo Rojas su propio designio. Limitémonos a los chilenos. Tal adscripción va desde el reconocimiento explícito de discipularidad -en el sentido noble y profundo del término-, a la mención de preferencias o el gesto disidente y, en casos, hasta de franco distanciamiento. Como él mismo ha sostenido: "todo poeta es un ser atrapado en una relación dialéctica (transferencia, repetición, error, comunicación) con otro u otros poetas" (6).

Con los cuatro pilares de la poesía contemporánea de su país natal -la Mistral, Huidobro, Neruda, De Rokha-, el discurso lírico de Rojas guarda proximidades y diferencias. No sólo es posible el estudio intertextual que aquilate tales conexiones -el citado Pacheco acierta cuando señala que el poeta "aprendió de todos ellos"-, sino que contamos también con pronunciamientos reflexivos, de hondo carácter exegético, intentados por él frente a cada uno de los mayores (7).

Algo análogo, siempre con respecto a la poesía de Chile, es lo que sucede con su paso fugaz por la Mandrágora -proyección chilena del surrealismo o, mejor repetir con Lihn, surreachilismo-, en cuanto el poeta de Transtierro establece con nitidez lo que al movimiento le acercara y luego alejaría. Sobre las proyecciones del propio trabajo de Rojas en los poetas chilenos que le siguen contamos con el estupendo ensayo de Jaime Giordano, "GR: su diálogo con la poesía chilena actual" (8). Atento siempre a lo que constituye el quehacer persistente de la literatura de su patria -aún en momentos de tanta adversidad como los que le significara el plazo negro de la dictadura pinochetista-, Gonzalo Rojas ha dado su personal testimonio en ensayos medulares. Sin duda que su propuesta más significativa es la que ha formulado en el texto inicialmente titulado "Los compañeros" (así en Contra la muerte) y luego, a partir de Oscuro, "Al fuego eterno", en que el grupo de los elegidos –"recuento arbitrario de nombres espigados entre los posibles herederos de la dinastía cuyas figuras príncipes son los cuatro del fundamento"- (9), lo conforman Braulio Arenas -cambiado por "alguno" en Del relámpago-, Eduardo Anguita, Jorge Cáceres, Nicanor Parra, Enrique Lihn, Oscar Hahn, Gonzalo Millán, David Turkeltaub y Raúl Zurita.

No podemos ahora extendernos en consideraciones sobre los lazos entre nuestro poeta y los latinoamericanos, para concentrarnos, como es nuestro proyecto, tan sólo en Vallejo. Habría que ver, por ejemplo, la relación importantísima que su quehacer escrituras guarda con Darío, considerado por Rojas, como lo hiciera Paz, en su filiación romántico-simbolista y así, en conexión con el movimiento de las vanguardias y sus proyecciones (10). Llenaría muchas páginas el recuento de filiaciones, afinidades y preferencias. Lo que se concluiría de tal examen sería una constatación más de los aciertos de la crítica actual cuando concibe que "todo texto -inevitable resulta recordar a la Kristeva-, se constituye como un mosaico de citas: "todo texto es absorción y transformación de otros textos. Razón por la cual en lugar de la noción de intersubjetividad se coloca la de intertextualidad, y el lenguaje poético se lee, por lo menos, como doble". Y por este camino es que llegaríamos a la conclusión -como le sucediera a su mejor estudiosa, Hilda Ray- de que quien ha pesado con más fuerza en Gonzalo Rojas ha sido Vallejo, por ser éste el más próximo a su talante(11). Y, así, ver la conexión Vallejo-Rojas significa ir más allá de la propuesta de Segres de interdiscursividad (12), ya que no se trata sólo de la opción de establecer las relaciones de poemas concretos en todos los enunciados discursivos registrados en la cultura que ambos escritores comparten, sino, muy directamente, según insinuábamos, de interrelaciones comprobables entre textos de un poeta modelo, fundacional, y otros de un poeta en disposición discipular. Quizás hasta en no pocos casos sea posible hablar de verdadera transcodificación, fenómeno estético definible como inclusión o transformación de un texto dado de elementos de contenido o forma de otros textos: cambio de sentido producido por cambios de código, mecanismo que soporta –según la propuesta de Lotman-la producción del sentido. Pero llevar nuestro propósito en tal dimensión excedería con mucho los intentos modestos de esta Nota.

Un modo posible de ordenar en esquema la relación interdialógica que proponemos puede ser la que considerara aspectos como los siguientes: concepto de la literatura y su función, niveles de realidad poetizados, imágenes del yo lírico, componentes de la enunciación. Impedidos de tocar tan siquiera cada instancia -quede formulado el proyecto-, digamos algo de los enlaces vislumbrados en uno o dos componentes de tal esquema de trabajo.

Pero, antes, cómo no recordar ese poema clave -para los fines de un intento como éste que Rojas titulara "Concierto", en que invoca la suma de sus preferencias más marcadas, a partir de la afirmación inicial, "entre todos escribieron el Libro", y en que se mencionan Rimbaud, Lautréamon, Kafka, Vallejo -Claro-, Shakespeare, Pound, Nietzsche, San Juan, Kavafis, Sade, Bataille, Breton, Swedenborg, Artaud y Hölderlin, para terminar con Celan. Y otra afirmación suya, ésta muy reciente, en página preciosa dedicada al centenario del poeta peruano en la que leemos: "obseso de Vallejo, le he visto muchas veces en el destello más insólito. En París, por ejemplo, el 53, hace ya tantos años, con sus 15 de difunto bajo la lluvia, la mañana aquella que se me apareció de golpe en el ángulo del bistró, humeante la taza, en diálogo hondo con Celan, ese otro invisible de los muelles del Sena" (13).

Interesante la tríada ésta -Vallejo, Rojas, Celan-. El punto de convergencia máxima (hay otros), creo verlo en una concepción de la poesía que no puede hacerse portavoz de ninguna verdad y que, en su lugar, se vuelve sobre el discurso mismo. Dice Geisler, exegeta hábil de nuestro escritor: "dentro de la lírica alemana del siglo XX Celan es el poeta de la construcción áspera por antonomasia" (14). ¿No cabe decir lo mismo con respecto a Vallejo y Gonzalo Rojas en el ámbito de la poesía hispana? Proximidades fáciles de percibir entre los tres: importancia del encabalgamiento, empleo de palabras inusuales o "extrañas", destrucción de la univosidad del sentido frente a la univosidad del ritmo. En suma: valoración de la escritura enigmática.

Y aquí algo preciso: rasgo caracterizador de Vallejo, notable desde Trilce y plenamente utilizado en Poemas Humanos y en España aparta de mí este cáliz, es, en efecto, la cesura, una de cuyas formas puede considerarse el encabalgamiento, que dijimos abunda también en Celan y Rojas. Pausa interior secundaria de las composiciones métricas -junto a la pausa terminal o versal- la cesura indica que todo lo dicho no ha podido decir aquello que se ha querido decir y que ahora hace falta parar el discurso para dejar lugar a un cambio. Lo que se desprende de la dicción de los tres poetas es que si la poesía quiere realizarse como tal, ha de estorbar el discurso, creando faltas de cohesión, algo que muy bien define el lenguaje lírico del autor alemán y de los dos hispanoamericanos. "Una de las cosas que me maravilló del poeta Paul Celan justamente -ha declarado Rojas- fue aquel trato suyo con la palabra cortada, escindida, separada. Supo cortar la sílaba con una eficacia máxima" (15). Y su poema breve "Ejercicio respiratorio" constituye buen ejemplo del concepto tan vallejiano también, de fragmentariedad del mundo, poema que ofrece, a la vez, una construcción despedazada, denunciando su estirpe que llamaríamos trilceana.

Hay en Gonzalo Rojas -sosteníamos-, rasgos sintácticos que se repiten hasta ser los más característicos de su ideolecto: la pregunta reiterada, la exclamación abundante, los dialogismos expresivos, las novedosas coordinaciones en la frontera entre verso y verso, el movimiento nunca predecible de las frases, la rebeldía, en fin, ante las pautas de construcción discursiva "normal". ¿Cómo no apreciar en todo ello la proximidad a Vallejo? Cada rasgo -y esto ha sabido verlo crítico lúcido como es Gonzalo Sobejano- (16), constituye síntoma de ese clamor o ansia interrogativa que, reventándolo de fuego emocional hace al sujeto lírico de la poesía de Rojas, tanto como éste los hace a ellos. Y lo que es descripción válida de la modalidad escritural de Rojas, lo es también del poeta de Trilce. La sintaxis del hablante denuncia por sí sola -en los dos-, ese carácter de búsqueda dramática del sentido de la existencia del hombre -del hombre y su miseria-, que esta poesía pretende, en dirección y hondura que la hermana a la de Vallejo.

José Bergamín, en el famoso prólogo a la edición madrileña de Trilce acertó al señalar que una de las cualidades esenciales de la poesía de César Vallejo era su "arraigo idiomático castellano". Ése que el español definiera como "la espontaneidad de su lenguaje originario", en que se relaciona la poesía del volumen vallejiano con los poetas de la vanguardia española, Salinas, Guillén, Lorca, Alberti, y por otro lado le da su carácter distinto, original, esa "autenticidad" que admiraba Bergamín y que Gonzalo Rojas asume, por su lado, como propiedad muy suya. En los dos algo que Ángel Valente subraya: "el empleo de un lenguaje que trata de conllevar un máximo de posibilidades de comunicación, que no quiere encerrarse en los moldes del lenguaje poético tradicionalmente aceptado como tal y lo rompe en busca de una expresividad más libre que va a beber en el léxico, en la frase o en la metáfora coloquial". Hecho éste que puede analizarse desde opciones varias, pero que aquí propongo entender del modo que a continuación señalo.

Es así: un componente muy caracterizadoramente vallejiano del estilo de Rojas consiste en traer de la lengua común hipogramas que la retórica establecida hace incompatibles con los temas poéticos del texto y que, sin embargo, son utilizados en la producción de signos parciales o totales de éste. Podría multiplicar los ejemplos: me limitaré a uno de Vallejo y a otros pocos de Rojas. En el peruano la matriz de donde procede Trilce XXIII -ese que comienza 'Tahona estuosa de aquellos mis bizcochos/ pura yema infantil innumerable, madre"-, es la frase hecha "hacer(se) harina" (17) conversión del cuerpo en polvo, que el poema metaforiza como una molienda, para producir el contenido "muerte". Este uso de la cita de una frase del dialecto popular atrae al texto vallejiano una cotidianidad liviana, inaceptable en el contexto que la tradición quiere hierático y solemne cuando se refiere a la muerte de la madre. En Gonzalo Rojas un procedimiento así es de frecuencia inusitada: en uno y otro poeta esa yuxtaposición de niveles provoca gran estremecimiento en la lectura, se constituye, precisamente, en uno de los resortes fundamentales de la eficacia poética de los textos. En Rojas, como en Vallejo, son muchas las veces en que hay una distancia extrema entre el refinamiento o la importancia del contenido del texto y la humildad, diríamos, de los materiales utilizados como hipogramas suyos.

A este propósito vale conocer lo sostenido por el propio Rojas: "El contacto con el lenguaje original -se refiere a los discursos del habla coloquial-, es importante, porque en mi caso, pudiendo haberme quedado en las afueras de Chile, siempre vuelvo. Vengo a oír a la gente junto a la infancia, la patria de los poetas es su lenguaje. todo el murmullo, los modismos, esa vivacidad atropellada, esa desvocalización, esas mutilaciones expresivas, son necesarias para mi oreja" (18) , afirmaciones éstas que hacen recordar de inmediato tantas otras análogas y muy conocidas de Vallejo.

Y si pasamos a otro nivel de análisis, ahora uno temático, nos encontramos con que la obra de Vallejo acepta a cabalidad la proposición de que la patria del poeta es su infancia, según insistentemente lo propusieran Hölderlin y Baudelaire, lo reflexionara con hondura Bachelard y lo repite el mismo Rojas, según recién constatábamos. Si del escritor peruano uno recuerda de inmediato textos de sus dos libros de poesía publicados en vida, de Gonzalo Rojas podemos mencionar, a lo menos, "Carbón", "Conjuro", "Ars poética en pobre prosa" y "Orornpello". "Carbón" es una mirada ensoñante a la infancia; la de "Orompello" es la del duelo, del hambre, del quebranto, "el plazo de una orfandad un poco vallejiana", según apunta el propio autor. En algún momento para ambos el espacio feliz del hogar constituye ámbito de protección frente a los acosos a que se expone el ser adulto. Y su reencuentro se logra en esa actividad psíquica conceptualizable como proceso mnémico: la memoria como sustituto, como subrogante y connotación de algo que se ha perdido (19). En los dos, "un puro hogar de la vida, de vida primera, de vida humana primera" (Bachelard), en un sueño que nos lleva a ella (pienso en "Carbón"). Y también en los dos tina mirada más mítica que estrictamente biográfica o psicológica, aunque puedan instaurarse estas perspectivas como también operantes. Lo que significativamente subsiste es una fidelidad a la infancia trascendida, en el sentido que sugeríamos. El golpe de la orfandad temprana, más temprano en Rojas que en Vallejo, será decisivo en ellos, al situarlos en el desamparo y ofrecerles una elección a partir del riesgo. No cito de Vallejo por más estudiado. De Rojas este fragmento de "El abismo llama al abismo", estremecedor poema de La misma del hombre.

fui azotado
en mi niñez por la peste divina
estoy presto a morirme,
en defensa de todo lo que nunca mi lengua
pudo decir del viento de mi niñez perdida.

Lamento no disponer de más tiempo como para seguir sugiriendo otros modos de proyección de Vallejo en Gonzalo Rojas. Termino citando esta afirmación reciente del poeta de Oscuro -es de hace tan sólo unos días- "de Vallejo venimos todos los de allá y los de acá (quiere decir de Hispanoamérica y de España) como antes de Quevedo o Juan de Yepes, y no cesamos de seguir viniendo" (20).

En Revista Chilena de Literatura Nº 41. Santiago de Chile, Departamento de Literatura, Universidad de Chile, 1993

 

 

 

 

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