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Espantos nocturnales *

                                                                                  Reinaldo Villegas Astudillo                                      

 

Hacía algunas horas que había oscurecido, cuando tuvo que bajar al pueblo para conseguir unos medicamentos y así aliviar a la Mercedes, aquejada  de una fuerte virosis, con manifestaciones de intensos dolores en la  espalda y en los huesos de las caderas .Por lo menos, tenían que ser cerca de las once de la noche. De los muchachos, sólo la Petra estaba en pie, la cual se preocupaba  siempre de cuidar a su mamá en tales circunstancias.

             La noche se mostraba oscura y neblinosa. Juan Colmenares se aprestó a iniciar el descenso. Tomó el sendero de costumbre. Se lo conocía de memoria. Más de    cuarenta años, viviendo  en la cima de esos elevados cerros, donde destacaba el del “Indio”, que encerraban y protegían al pueblo, desde tiempos remotos, echado allá  en el valle, desde que naciera. Mientras caminaba hacía los cálculos de sus idas y venidas  al poblado. Últimamente se les habían intensificado más. Desde que inició sus labores en la granja de la Universidad. Todos los días. Por la mañanita bajaba, para retornar hacia la hora de la véspera. Antes, los viajes eran más a lo lejos, porque el conuco lo retenía con las siembras, los cultivos y las cosechas de maíz, el ñame y la yuca. Ese conuco donde habían muerto sus viejos, donde había instalado a su mujer, la Mercedes y donde habían nacido sus hijos.¡Cómo se va el tiempo! Algo resonó entre la maleza. Pareció el sonido proferido por un rabí pelado. Esos ruidos le eran familiares. Los animales de los cerros  y las quebradas eran como la prolongación de su hogar. Desde pequeño conviviendo con ellos, comiendo muchas veces de su carne, sobre todo cuando no le provocaba bajar al pueblo a comprar en las carnicerías .Pensar que antes iba a la villa, de vez en cuando, y ahora, todos los días Una hora de ida y más de hora y media  al retornar de su jornada. Sí, realmente estaba muy contento, no se podía quejar. Ya lo tenían en nómina .Estuvo tantos meses a jornal y al comienzo como suplente, pero se había ganado el cargo. La gente le cogió cariño, más que nada por lo servicial. No se negaba a ningún trabajo: Que, a veces, ayudaba en la construcción. Otras, en la granja avícola y en algunas ocasiones hasta lo mandaban a comprar huevos y verduras los “doctores” de la Universidad,que venían de Caracas a inspeccionar los cultivos agrícolas experimentales, a cargo de un viejo doctor de color, trinitario, que nunca fructificaban, aunque poseía ostentosos postgrados de su venerada Inglaterra. A decir verdad, todo el mundo lo apreciaba. Lo mismo, que a su compadre Pablo, con el cual siempre hacía pareja  para realizar los diversos menesteres, que se le presentaban en su actividad diaria.

                A la Mercedes parece habérsele complicado la virosis con el reuma.¡Pobre, su mujercita!. Casi veinte años de casados, viviendo en el conuco. Compañera fiel y tan trabajadora  junto a sus ocho hijos que Dios les había enviado. Trabajaba para ellos y para él. Vivía para sus muchachos, quienes realizaban las labores propias surgidas en el conuco. Los pobres no pudieron terminar sus grados de primaria, porque la escuela existente para los hijos de los campesinos de los cerros, en ese sector, la habían suprimido, por cuanto ningún maestro se atrevía a subir del pueblo con tanto sacrificio.¡Qué se le iba a hacer!. Solamente, el trabajo los esperaba. Así, como su propia vida y la de sus padres .De igual modo, continuaría siendo la de sus hijos.

               Al llegar al pueblo, lo sorprendió ver dos inmensas fogatas en una de  las vías de acceso a la localidad. En cada lugar, se encontraban muchachos quemando cauchos. Los conocía en su mayoría, no tanto a los de la Agropecuaria, pero sí a los de la Universidad, con quienes alternaba diariamente. De repente, se acordó de lo revoltoso que había estado el pueblo desde hacía un par de días .Su compadre  Pablo le había contado que un grupo de vecinos, entre los que estaban sus primos Flores, se habían puesto de acuerdo una noche, cerca del botiquín de Celestino, para instalarse a vivir en un sitio ubicado a la entrada del poblado, que tanto tiempo había permanecido lleno de maleza y que, según decían, pertenecía al viejo Miguel, uno de los dueños de casi toda la comarca . Construyeron unos ranchos de material ligero y cartón, llevaron a sus hijos, le pusieron luz e invitaron al resto de la población para que los acompañaran. En las tardes, los vecinos dejaron de concurrir a la Plaza “Bolívar” y se juntaron para apoyar a los “tomistas”. Porque, eran todos conocidos y constituían una gran familia. Todos se mantenían tranquilos, a pesar que Miguel, El Viejo había pedido ayuda a su sobrino abogado y se hacían diligencias en la capital del Estado regional para proceder al desalojo de los invasores, utilizando la fuerza pública. Nadie se preocupaba, porque todos los vecinos de la villa pensaban que esas acciones de desalojo se cometían sólo en las barriadas de las grandes ciudades, donde participaban indocumentados, como lo decía el radio y el periódico que llegaba siempre atrasado a la comarca. Pero…aquí, no se atreverían, porque era toda gente conocida, gente sana y trabajadora.

               No supo cómo ni en qué momento ocurrió. Estaba, justo a dos cuadras de la Plaza, cuando observó un tumulto de gente que corría atemorizada, especialmente los muchachos de la Agropecuaria y de la Universidad. Sintió un ininterrumpido ulular de sirenas, así, como lo había visto en algunas películas  en casa de su compadre Pablo, cuando muy a lo lejos lo invitaba a ver televisión .Empezó a sentirse enrarecido, como que no podía respirar. De repente, sintió unos grandes deseos de vomitar. Escuchaba sonidos secos y duros de balas, pero que no eran balas. Observaba el lanzamiento de bombas contra las casas de los apacibles vecinos del pueblo. Se oían gritos y llantos, voces de mando e instrucciones. La oscuridad intensa era interrumpida, de improviso, por los haces de luz de unos focos portátiles, instalados en los vehículos  que ululaban. Era como un tropel de toros en la manga, que hacía retumbar al pueblo entero. Un golpe de machete lo hizo caer en la acera. A su lado, pasaron corriendo unos hombres que causaban terror, con unas máscaras de gases, cascos relucientes y unos escudos negros .Las mujeres lloraban . ¡Qué se me asfixia mi muchachito!, gritó la Eulalia, quien había tenido su bebé hacía dos semanas atrás. Todo era locura. Era como el infierno, Los enmascarados semejaban luciferes en la negra noche, con sus aullidos y bombas lacrimógenas impactantes. Juan Colmenares empezó a correr. Corrió y corrió, cada vez más. Detrás suyo venían los diablos, que no eran precisamente los del pueblo, que frente a la Iglesia bailaban todos los años para Corpus Christi. De improviso, se le terminó el plan y empezó a subir, a subir, a subir. Y los demonios lo seguían aún. Dejó las últimas casas situadas  detrás de la parroquia  y empezó a internarse en el monte Al fin, cogió cierta calma, cuando comprobó que los seres enmascarados, ya no estaban cercanamente a su lado. Siguió caminando acezante, saltando quebradas en la noche oscura. No sabía dónde se encontraba y cuánto tiempo había transcurrido. Nunca había sentido tanto miedo. Pensaba sólo morir .¡Qué sería de la Mercedes  y de sus hijos!. ¿Por qué esos hombres enmascarados atacarían al pueblo, justo en la medianoche?. A ninguno le distinguió la cara. ¿Estarían, todavía, en el pueblo? . Se recostó en unas ramas. No supo cuanto tiempo permaneció ahí. Sólo reaccionó con la claridad del amanecer. Reinició su caminar .Cuando amaneció definitivamente pudo reconocer el lugar donde se hallaba. Muy lejos del pueblo y en una de las cumbres  fronteras a su conuco  Le sangraban un poco los pies, los brazos y las piernas .Tuvo que haber sido por el contacto con los pequeños arbustos espinosos muy comunes en esas serranías. Había perdido  su sombrero  pelo´ e guama “ . No se dio ni “de cuenta”, donde se le cayó. Ya el sol se había encaramado sobre los cerros circundantes  del valle, cuando comenzó a bajar, despacito, paso a paso, muy lentamente. Todavía sentía el miedo  de la pesadilla nocturnal. Buscando escondidos senderos caminó hasta llegar a la vía principal, que conducía al pueblo. Allí, se encontró con seis muchachos de la Agropecuaria. Ellos le contaron que también habían pasado la noche en el monte, huyendo de los enmascarados. Pidieron “la cola” a un camión para regresar, A entrada estaban aún los cauchos humeantes, pero ahora los ranchos de cartón se habían venido al suelo, destruidos totalmente. Un llanterío de mujeres y niños interrumpía el concierto de los pájaros madrugadores. Ahí, supieron, igualmente por los vecinos, que habían pasado la noche también en vela y en tensión ante los demonios vomitadores de gases, que  se habían ido, pero existía el temor de su regreso en cualquier instante.

                Juan Colmenares se fue solo por el camino familiar hacia el conuco. Se sentía enfermo, muy angustiado. Nunca en sus cuarenta y cinco años de edad había palpado un miedo tan intenso. Cuando llegó al conuco  se encontró con la Mercedes, llorando, y sus hijos muy inquietos. Corrió hacia ellos y los abrazaba y lloraba también como un niño. Gritaba de terror y reía de alegría, mientras allá abajo, el pueblo humeaba, el coro lloraba y continuaba en vela, con sus ciento cincuenta familias, no repuestas todavía de un sueño que no fue sueño, sino una pesadilla real y nocturnal.

                  *Relato de ficción, inédito, de tiempos pretéritos y alboreales venezolanos


 

 

Tras los “Detectives Salvajes” de Roberto Bolaño

                                                                                                                                                                                Reinaldo Villegas Astudillo

 

    Quinientas ochenta y tres páginas configura  la obra narrativa,“Los detectives salvajes” del escritor chileno Roberto Bolaño, publicada por la editorial venezolana, “Monte Avila” en una segunda edición correspondiente al año 2007, en Caracas, sobre la cual nos hemos interiorizado recientemente, y que  nos ha impresionado por su calidad estética, que la hace relevarse en la primera novela chilena contemporánea,  de trascendencia universal, por algunos críticos y estudiosos continentales  del género que la han llegado a comparar con otras tan relevantes del arte narrativo contemporáneo, como lo son: “Rayuela “ del argentino  Julio Cortázar, “Paradiso del cubano, José Lezama Lima, Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal, y nosotros agregamos:  “La Región más transparente” del mexicano Carlos Fuentes.

     A lo anterior, se agrega, que por fin nos encontramos con una creación surgida de la pluma de uno de ese millón de chilenos aventados de la patria nativa, integrante de una diáspora que se originó a partir del fatídico y ominoso 11 de septiembre de 1973.Hasta el presente, no lo habíamos evidenciado,  tanto dentro del Chile interior como del exterior. Conocíamos de algunos, cuando concurrimos en la década de 1990 a un seminario de creadores chileno-bolivianos  realizado en la capital chilena, pero a decir verdad , no encontramos una creación relevante surgida en  tal periodo castrense, lo cual se prolonga hasta el presente  entorno a la existencia de un relato, donde se visualice la realidad visible y no visible de tal etapa coercitiva, donde se atentó en contra de la persona humana ,inmisericordemente, lo cual se extendió hasta marzo de 1990.

      Roberto Bolaño es una genialidad en la narrativa chilena, aunque su existencia física  no fuera tan prolongada, la cual se extendió entre los años 1953 y 2003, lo que compromete a Chile y al mundo para conferirle un reconocimiento, por no existir el Nóbel póstumo, dado que ha traspasado tantas fronteras de lectores  que en el presente –por lo menos esta obra- ha sido traducida a numerosos idiomas, inclusive a ese vasto mercado  chino, donde ha tenido una grandísima aceptación  por la universalidad de que es portadora al caracterizar al hombre, íntimamente, como un ser existencial universal.

        Por lo menos en vida, Bolaño tuvo la satisfacción de que los “Detectives Salvajes” fuera distinguida  con dos grandes premios: Primero, el “Herralde” de 1998, en España,   a lo cual se agrega el prestigiado reconocimiento del “Rómulo Gallegos, otorgado por la República Bolivariana de Venezuela en el año 1999. Y por supuesto, en el lar original de Chile –al igual que nosotros-ha venido siendo redescubierto durante esta primera década del siglo XXI.

          Antes de entrar a pergeñar estas notas  sobre tal obra plena de grandiosidad, quisiéramos recordar dos definiciones del concepto de Novela en la etapa de la contemporaneidad, que se inicia en el siglo pasado, pertenecientes a tres figuras  prominentes de los estudios exegéticos narrativos, como lo han sido: Wolfgang Kayser y Wellek junto a Warren, cuyos conceptos  fusionamos, así: “ La Novela es la narración de un mundo privado en un tono privado, donde se proyectan una diversidad de personajes dentro de una multiplicidad de espacios”, a lo cual añadimos: Que el narrador omnisciente de antaño desaparece  y se desintegra, como ocurre en este caso, donde  surge una polifonía de voces, cada una con su propia perspectiva  en una proyección de aconteceres que avanzan, se detienen, retroceden o se reiteran en un espacio temporal que se extiende  entre los años 1975 y 1996, por donde transita un conjunto diverso de personajes, a través de alrededor de  15 escenarios que pertenecen a cuatro  continentes: América, Europa, Asia y Africa .

            Entre otras originalidades  de los “Detectives Salvajes”, se releva  la creación de un corpus narrativo  que surge en la  ciudad-capital de México, como lo es el Distrito Federal ,que por esos años alcanzaba a 14 millones de habitantes, a través de una perspectiva de un chileno y caribe-latinoamericano, exiliado por años, en tan hospitalaria nación  con una maestría tal, que logra aprehender cabalmente esa “mexicanidad” del ser en su sentir y expresiones de disímil naturaleza, configurado a través de una historia infamante  por la presencia del vecino mayor, que lo ha asaeteado, durante estos doscientos años republicanos con expoliaciones, invasiones e imponiendo gobernantes en algunos periodos de su historia, como ocurrió con el infamante Porfirio Díaz, en los inicios del siglo XX,y que paradojalmente, por atracción natural, de carácter económico,  lo ha ido “atrapando” en el día a día de uno y otro siglo, configurando una comunidad de millones de aventados hacia el norte. Tal fatalidad, propia del ser de estas tierras  que se extienden desde Río Bravo, configura  el ser y quehacer de los protagonistas de la obra narrativa, en su mayoría jóvenes intelectuales , que “arrastran” una existencia entre sueños y realidades demeritadas de la gran urbe mexicana, constituida  por penumbras, con callejuelas, bares, lenocinios, hospicios, metros, autobuses bulliciosos y que comparten sus miserias y anhelos artísticos con meseras, prostitutas, proxenetas, homosexuales, vagabundos y entes en general con ancestros picarescos .

              No obstante tal cuadro no los arredra  y estos jóvenes intelectuales continúan soñando: Se organizan en una sociedad, que denominan los real visceralistas, que coincide con el movimiento infrarrealista de los años 20 del pasado siglo.Los protagonistas esenciales son Arturo Belano, el cual se identifica con el creador chileno narrativo, Ulises Lima y García Madero, ambos intelectuales mexicanos, quienes sueñan con encontrar a Cesárea, creadora poética surrealista, desaparecida por años de México DF y quien presumiblemente reside en el Estado de Sonora, desvinculada por décadas del mundo citadino. Tales peripecias dentro de la estructura de la obra, constituye la primera instancia, titulada: “Mexicanos, perdidos en México” y que alude a 1975.La segunda instancia está constituida  por “Los detectives salvajes”, entre los años:1976-1996 y la tercera, denominada “Los desiertos de Sonora”, correspondiente a 1976

               Tales “visceralistas”, jóvenes creadores, cuyas edades no traspasan la treintena pretenden crear un nuevo mundo poético-literario con revistas y manifiestos, cuestionando a las grandes figuras poéticas del continente como lo son Octavio Paz y Pablo Neruda, entre otros. Como toda generación joven, se transforman en verdaderos “parricidas”, que es propio de cualquiera generación, cuestionadora  de sus “padres” y “abuelos” literarios. Generalmente, estos arrestos se terminan y los “abuelos”  continúan marcando la historia de las artes y de la creatividad, tal vez en este caso con la excepción de Bolaño, que es el más trascendente de todos. Así, por ejemplo, se expresan de  dos poetas premios nóbeles continentales:

               “Coincidimos plenamente  en que hay que cambiar la poesía mexicana .Nues-

                tra  situación  (según me parece entender) es incontenible entre el imperio de

                Octavio Paz y el imperio de Pablo Neruda. Es decir entre la espada y la pared”

                 Los “Detectives Salvajes” se constituye en una obra narrativa muy peculiar, cuyo autor es un exiliado chileno que logra aprehender  lo vernacular a tal extremo que construye un corpus con una variedad  de elementos mexicanos, muy similares por ejemplo, a los que admiramos  en “La Región más transparente” de Carlos Fuentes, el excelso narrador del país del norte.

                  La historia existencial de Arturo Belano, quien se identifica con el autor, se encuentra estructurada  en narraciones enmarcadas coprotagonizadas   por entes que se desplazan por el mundo entero en espacios sociales y telúricos, además del México DF, por Barcelona, París, Londres, Viena, San Diego, Roma, Tel Aviv, Mallorca o Cataluña lo cual le otorga  tal universalidad  espacial junto al ser existencial, propio de la segunda mitad del siglo XX, donde prácticamente finaliza otra etapa del hombre  de la voz y de la palabra y da paso a una más plástica y cibernética .Desaparece el modelo socialista de la URSS, renace el mercantilismo a través de un furibundo neoliberalismo y se entronizan los antivalores, anunciando el siglo actual con el apogeo de la imagen sobre la palabra  a través de los medios  comunicativos, computacionales y derivados, que ahora sí nos convierten en una aldea-global que disfrutamos  o padecemos desde nuestros hogares o sitios laborales, a través del Internet, videos, sofisticados teléfonos celulares, satelización que posibilitan el acercamiento del nuevo hombre-global; elementos, que uniforman al ser en su pensamiento y conducta, que jamás habríamos imaginado en tiempos pretéritos.

        Muchísimos aspectos más podríamos destacar de esta densa, pero artística obra, la cual ha sido reseñada  por diversos exégetas  en distintos continentes; sin embargo, por el espacio, a nosotros nos interesa motivar a nuestros lectores  de la maestría de un joven narrador-aventado de la patria original- quien lamentablemente falleció a los cincuenta años de edad en el 2003, pero es indudable que esta obra y otras  que se están publicando póstumamente, como 2666,”Putas asesinas” o el “Tercer Reich” entre otras lo trascenderán como uno de los grandes creadores-tal vez el último-incorporado a esa generación continental brillante, surgida en la segunda mitad del siglo xx, ya con dos premios nóbeles como lo son García Márquez y Vargas Llosa, a los cuales se agregan Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Alejo Carpentier, Lezama Lima, el otro chileno José  Donoso, por supuesto Cortázar, Sábato, Roa Bastos y otros que se nos escapan.

                       Pensamos, finalmente, que Bolaños  debe ser leído y analizado en las Facultades de Letras de las universidades relevantes de la región y centros de investigación literaria, porque su calidad narrativa así lo amerita.


 

Entre uno y otro centenario republicano de Chile

 Elementos históricos en Sub-Terra de Baldomero Lillo

                                                                                                                    Reinaldo Villegas Astudillo

                I.-Antecedentes

                                       Sub-Terra  es una obra constituida por un conjunto de ocho relatos que pertenece al escritor chileno, Baldomero Lillo. Se publica por primera vez en Santiago de Chile, en el año 1904,aunque los aconteceres narrativos que presenta se enmarcan en un periodo histórico finisecular, cuya proyección alcanza aproximadamente hasta la década de 1920, por los similares rasgos que manifiesta..

                   Baldomero Lillo es uno de los primeros exponentes del relato corto, que surge en los albores del siglo XX y se le considera como el iniciador de una tendencia social predominante en la literatura chilena hasta el presente. Nace el 6 de enero de 1867 en una localidad minera, situada a más de 500 kilómetros al sur de la capital chilena .Por lo menos, los treinta primeros años de su existir transcurren en su región natal, lo que le permite a través  de las distintas actividades que emprende, tomar contacto con los problemas que afectan a los obreros  de los centros mineros carboníferos, que posteriormente incorpora en la obra que nos preocupa. Su muerte ocurre el 10 de septiembre de 1923.

                II.- Elementos históricos visualizados en Sub-Terra

                                Después de un atento análisis y siempre atenidos a la perspectiva histórica, hemos creído visualizar una serie de elementos, en los cuales se soportan las diferentes narraciones que estructuran la relación toda y que pasamos a detallar:

                  1.-Emigración de la población campesina a centros urbanos de incipiente industrialización

                   Las figuras protagónicas que le dan vida a los diversos relatos que configuran la obra narrativa son trabajadores asalariados, sin calificación  alguna, quienes junto con sus familias se han visto impelidos a abandonar las faenas agrícolas, donde sobrevivían como peones para ir tras las expectativas que les ofrece un centro de explotación minera  y que parece superar a la realidad agropecuaria , la cual cada día se desmejora  por el afán de las clases dominantes de establecerse  en los centros poblados  para dedicarse  a nuevas actividades ,que les deparan mayores perspectivas económicas.

                     Consideramos que este elemento constituye  el inicio de una corriente emigratoria del campo a la ciudad, que se va a acentuar notablemente, a medida que se vaya desarrollando la industrialización de América Latina en el curso del primer tercio del siglo XX. Justamente en uno de los relatos, observamos una alusión a esta realidad cuando el protagonista se ve obligado a continuar en la explotación por carecer de posibilidades en el agro: “¿Adónde ir? El invierno, el implacable enemigo de los desamparados, que convertía en torrente los lánguidos arroyuelos, dejaba  los campos desolados y yermos…” Luego, refiere:”En las chozas de los campesinos el hambre asomaba su pálida faz a través  de los rostros  famélicos  de sus habitantes, quienes se veían obligados a llamar a las puertas de los talleres y de las fábricas en busca del pedazo de pan que les negaba el mustio suelo de las campiñas exhaustas”.

                     2.- Condiciones misérrimas de vida y trabajo en las zonas industriales

      Los campesinos, iniciadores de esta corriente emigratoria a los centros poblados  y que se mantiene hasta la actualidad, ven frustradas sus esperanzas de una vida económica superior . Por integrar una masa no calificada, no pueden aspirar a ocupar responsabilidades, que les posibiliten unos ingresos mínimos. Dada su condición de peones asalariados, son presa fácil de la voracidad de los consorcios foráneos,que ya en esta época empiezan  a operar en América Latina, orientando la acción preferentemente a la explotación de las materias primas y que desean contar con una mano de obra barata, sin sujeciones de ninguna naturaleza, ya que actúan en connivencia con los gobiernos de turno, que los dejan actuar libremente.

       De las chozas campesinas que utilizaban como viviendas en los latifundios de los grandes señores terratenientes, quienes los explotaron por generaciones, pasan a campamentos insalubres mantenidos por las empresas que ahora los explotan. Viven, así, en el hacinamiento, en la promiscuidad más deleznable en perjuicio del deterioro físico y síquico de sus vidas : “Cabeza de Cobre llegó esa noche a su habitación más tarde que de costumbre .Estaba  grave, meditabundo y contestaba con monosílabos  las cariñosas preguntas que le hacía su madre sobre su trabajo del día. En ese hogar humilde, había cierta  decencia y limpieza, por lo común desusada en aquellos albergues donde en promiscuidad  repugnante se confundían hombres, mujeres y niños y una variedad de animales que cada uno de aquellos cuartos sugería en el espíritu la bíblica visión del Arca de Noé”.

       En lo que respecta  a las condiciones de trabajo son subhumanas. No se dan las mínimas seguridades para la ejecución  de las faenas: El hombre  que le arranca  con su trabajo  las riquezas a las entrañas de la tierra, se ve  abandonado a su propia suerte Carece del resguardo necesario laboral. Prácticamente, su propia vida no posee valor para la empresa  expoliadora: “La galería del Chiflón del Diablo” tenía una siniestra fama …Las filtraciones un tanto escasas al empezar habían ido en aumento, haciendo muy precaria la estabilidad de la techumbre, que sólo se sostenía mediante sólidos revestimientos …Continuamente había que extraer de allí  un contuso, un herido y también a veces algún muerto aplastado por un brusco desprendimiento de aquel techo falto de apoyo”         

          3.- Explotación extranjera: Presencia de los ingleses. La Compañía como ente explotador

       América Latina constituye una comunidad vinculada entre sí por lazos históricos, sociales, culturales, económicos y de distinta índole, que le confieren una unidad que pudo en algún momento traducirse en la formación de una gran nación al sur del Río Bravo, pero que no se ha logrado por la persistencia de nacionalismos localistas y regionales, que han sido avivados a través  de la historia por las propias potencias económicas que nos han dominado.

      Todos los países, que actualmente conforman la región caribe-latinoamericana ,si bien es cierto lograron su independencia política, la mayoría en los albores del siglo XIX, sin embargo no sucedió lo mismo en el plano económico. De la dependencia hispana, se pasó en el siglo mencionado a una dependencia imperialista británica. El tutelaje de Inglaterra en Latinoamérica se acentúa notablemente en este periodo Y a esta realidad, por supuesto, no escapa Chile. Los ingleses se instalan, primeramente, como detentadores de la banca y el comercio en el otrora primer puerto del Pacífico, como lo fue Valparaíso. Posteriormente, extienden las actividades, tanto al  norte como al sur del país para dedicarse a la explotación de materias primas vitales para el desarrollo agrícola e industrial de la época, como lo eran el salitre y el carbón.

          Aproximadamente, en el año 1840, se inicia la explotación de los mantos carboníferos  en la zona litoral centro-sur del país. En contacto con la burguesía  criolla que viene  en ascenso y con los gobiernos conservadores y liberales que se suceden, el imperialismo británico comienza  una de las explotaciones más viles de un conglomerado de trabajadores indefensos  en su propia tierra y cuyos testimonios se conserva  en estos relatos que analizamos.

           Los  ingleses crean su propia Compañía  explotadora del carbón, la cual se convierte  en una entidad autónoma que es capaz  de controlar todas las acciones  que propicia  en la zona de operación , sin que tenga  injerencia el propio gobierno nacional. La Compañía paga salarios  vergonzosos, no les otorga legislación social a sus obreros, aplica la ley en su propio beneficio, impide la comunicación  con el mundo exterior, crea  sus propias leyes, acuña moneda propia .En fin, es dueña absoluta de la vida de los seres  a quienes explota: “Durante aquellos cinco días  transcurridos  desde que el despacho  les cortó  los víveres, las escasas ropas y utensilios habían sido vendidos o empeñados, pues en ese apartado lugarejo no existía otra tienda de provisiones que la de la Compañía , en donde todos estaban obligados a comprar mediante vales o fichas al portador”. 

                 4.- Tecnocracia foránea:Presencia del ingeniero inglés y el capataz criollo

              La técnica,  en los inicios de la explotación industrial de América Latina, está en manos exclusivas del técnico foráneo. No existe aún ninguna posibilidad para que un profesional del país expoliado, se incorpore a la dirección o supervisión. La Compañía dispone de un personal completo para la explotación total: Administradores, empleados a nivel superior, los ingenieros son importados- en este caso, ingleses-  quienes con pruritos de carácter racial se prestan alegremente para una explotación de seres a quienes consideran inferiores: “Míster Davis, el ingeniero-jefe, un tanto obeso, alto, fuerte, de rubicunda fisonomía , en la que el whisky había estampado su sello característico, inspiraba a los mineros  un temor y respeto casi supersticioso. Duro e inflexible, el trato con  el obrero desconocía la piedad y  en su orgullo de raza consideraba la vida de aquellos seres  como una cosa indigna de la atención de un gentleman que rugía de cólera si su caballo o su perro eran víctimas de la más mínima omisión  en los cuidados que demandaban sus preciosas existencias”.

                Tal vez, el único personaje que se escape de lo afirmado anteriormente sea el capataz.,Es éste un criollo que ha logrado acercarse al explotador foráneo,ya sea por su espíritu de arribismo o por sus afanes de traicionar a su propia clase, porque este individuo se transforma en un instrumento  de explotación de su propio grupo..Es el mismo capataz,  que maltrata a los indígenas  de América. Es el sargento de los cuerpos armados  de Latinoamérica .Es el arribista  puro, En buenas cuentas  es el descastado:”A veces un minero palidecía  y clavaba una mirada de sorpresa  y de espanto en el  dinero puesto al borde de la ventanilla , sin atreverse a tocarlo, pero un “Retírate” imperioso de los capataces los hacía estirar la mano y recoger la monedas con sus dedos temblorosos…”

                 5.- Fatalidad de un pueblo explotado

                 El pueblo minero explotado surge en esa primera época, como un conjunto de seres que todavía no configura una organización en defensa de sus propios derechos . No hay todavía un asomo de sindicalismo o defensoría del derecho del trabajador. Solamente, se observan  rebeliones individuales ante la injusticia, pero que no va más allá de proferir improperios en contra de los que detentan el poder: “¡Canallas, ladrones! – pudo exclamar después de un momento con voz enronquecida. Con la cabeza echada atrás, el cuerpo erguido, destacándose bajo las ropas húmedas  y ceñidas los amplios hombros y el combado pecho, quedó un instante en actitud de reto, lanzando rayos de intensa cólera por los oscuros y rasgados ojos”.

                 En otras situaciones similares, se visualiza la aceptación de la injusticia, de la expoliación como un componente de la vida misma. Como la fatalidad, que debe aceptarse sin oponerse a ella. Es esta aceptación  dolorosa que durante tanto tiempo ha llevado sobre sí el hombre caribe-latinoamericano como algo natural que debe cumplirse por formar parte del destino: “La madre del minero era una mujer alta, delgada, de cabellos blancos. Su rostro muy pálido, tenía una expresión resignada y dulce…”

                   6.- Conclusiones finales.

                    Al concluir estas ligeras apreciaciones en torno a la proyección histórica en Sub-Terra de Baldomero Lillo es posible precisar de cómo cualquier obra literaria posee un trasfondo histórico, que corresponde, generalmente al periodo existencial, en el que se ha desenvuelto el autor, y quiéralo o no, cumple con la función de ser un testigo de su época.

                   Quizás, en Baldomero Lillo veamos con mayor nitidez un acercamiento de la “realidad real” de su época a la “realidad ficticia” por él creada. Y esto se debe a que el narrador con una perspectiva naturalista similar a la de Emile Zola  en  “Germinal”, anhela patentizar un acontecer social, atentador contra la vida humana de innumerables seres intrahistóricos, que nacen, que hablan que respiran, se mueven y mueren por  ésta, tan bien  llamada, en tiempos pretéritos, como  “Latinoamérica del dolor”.

 


  

Instancias nerudianas entre uno y otro siglo

                                                                      Reinaldo Villegas Astudillo

 

                    Por primera vez, en una actividad reciente desarrollada por el Municipio de “Los Guayos”,muy cercano a la Valencia de Venezuela,  donde participamos como conductores de nuestro trabajo “Viaje itinerante a través de la vida y obra de Pablo Neruda”, con motivo de recordar el 106 aniversario de su natalicio, junto a lectores de poemas e intérpretes de creaciones musicales motivadas en la producción nerudiana, a lo cual se agregó un coloquio, encabezado por el escritor venezolano José Joaquín Burgos, tuvimos la oportunidad de aludir a nuestras vivencias personales en relación con el insigne poeta chileno. En tal ocasión, nos referimos  a las siguientes:

ALBORADA

                    1.- Hualqui (Chile)  1964

                    La primera vez, que conocimos a Pablo y estuvimos muy cerca de él, fue en la campaña eleccionaria del presidente Salvador Allende, en el segundo intento por llegar a la Moneda, lo cual no logró tampoco en esa oportunidad. Todo ocurrió en Hualqui, nuestro lar nativo, situado a 23 kilómetros de la industrial Concepción. En esa oportunidad, el candidato presidencial se hizo presente junto a su fraterno compañero, Pablo Neruda, lo cual ocurrió en la mañana de un domingo de agosto de 1964. En tal ocasión, Neruda era portador de una manta (ruana) de colores no muy oscuros, junto a su gorra negra característica, ocasión en la cual  no hizo un discurso político, limitándose a integrar el presidium, instalado en el antiguo y amplio kiosco de la frondosa Plaza de Armas, cubierta de añosos tilos, que empezaban a retoñar anunciando la Primavera. Luego, el poeta se integró en una marcha constituida por adherentes a Allende que se extendió por las calles polvorientas de esa época. Dado lo presuroso de la gira, sólo alcanzó a dialogar con él, en torno al quehacer literario, el creador poético hualquino Ramón Navarrete Stagg,. a quien le  manifestó : “Que lo más importante  que debe  realizar, cotidianamente un escritor-además del quehacer inherente-es la lectura, con el fin de ir enriqueciendo, día a día, su acervo literario” .

 

NOCTURNAL

                      2.-Copiapó (Chile).  Abril de 1975

                       Exactamente, en los meses postreros de 1974, cuando nos encontrábamos radicados en la nortina ciudad de Copiapó, desempeñando funciones en la sede de la Universidad Católica del Norte, fuimos invitados por los directivos del más que centenario  Liceo de Hombres y el reciente centro de enseñanza media de adultos nocturno de la ciudad, fundado hacía  apenas una década atrás, para que colaboráramos con la docencia en un curso de cada establecimiento. en la asignatura de Castellano. Fue, justamente, en el primer plantel, en un quinto año de humanidades, constituido por adolescentes, donde el programa consultaba  Literatura Chilena ,y en época dictatorial, se mantenía aún  el estudio, aunque muy recortado, del insigne Pablo. Cuando llegamos a tal temática, le solicitamos a los estudiantes que investigarán sobre la vida y la obra del poeta. A la semana siguiente, cuando arribaron con tal trabajo solicitado, todos sin excepción consignaron una descripción biográfica-como si hubiesen estado de acuerdo-que se extendía entre la fecha de nacimiento, el 12 de julio de 1904, su infancia y adolescencia en Temuco hasta llegar a los años en que publica una de sus primeras creaciones como lo fue “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, en 1924, para referirse, a continuación   a su viaje realizado por el  Oriente, aludiendo de paso a ”Residencia en la tierra”. Luego, venía  “el gran salto” hasta las Odas Elementales, difundidas en 1954   y luego al fallecimiento, el 23 de septiembre de 1973. Por supuesto, que no hubo ni un asomo de España en el Corazón y la obra cumbre de “Canto General”. Ninguno se salió de un libreto, que imponían las circunstancias, configuradas por el miedo y la delación, impuesta por el Intendente Militar, recién asumido como lo fue el “halcón” Arturo Alvarez Sgolia, quien organizó un verdadero contingente de militares que vestidos de civil, recorrían la ciudad, disfrazados de obreros, empleados y estudiantes universitarios, en diversos estratos, donde  imponían el terror sicológico entre los vecinos de la vasta región atacameña, cuna en el siglo XIX del gran escritor libertario nacional, José Joaquín Vallejo, más conocido por su seudónimo de “Jotabeche”.

    De esta suerte, se fue configurando el “conocimiento oficial” impuesto por el  régimen dictatorial: Neruda, cercenado, eliminado asimismo, García Márquez entre otros, creadores latinoamericanos, limitándose a personajes de épocas pretéritas muy asépticas en lo social y político. Esto se dio con mayor intensidad en el ser chileno, al que pretendían modelar con la “castración” del intelecto , para crear a su manera el “hombre nuevo”..

RENACER

                            3.- Canoabo (Venezuela) 1977

                           Al arribar a Venezuela, precisamente no por nuestra propia decisión, sino que forzado por el régimen coercitivo imperante, el cual después que nos persiguió y encarceló el 21 de mayo de 1975, además de hacernos renunciar a la Universidad en  un predio agrícola castrense, situado en un lugar aledaño del río Copiapó   en presencia de los tenientes, Valderrama, Lapóstol (sobrino de Ariosto, intendente y jefe militar de Coquimbo), el “Julio Iglesias” y una patrulla militar fuertemente armada  para después de haber transitado por el recinto carcelario copiapino, remitirnos al Campo de Presos Políticos  de “Tres Alamos”, instalado  en Santiago, la ciudad-capital. Así, fue como después de pasar un par de meses en tal recinto carcelario, salimos por segunda vez en libertad, pero ahora definitiva, aunque condicional, siendo portadores de  “antecedentes ominosos”, añadidos por los esbirros, que no nos permitía laborar en ningún lugar del territorio nacional.

                           Después de permanecer unos meses en Caracas, logramos la estabilidad al incorporarnos a un Proyecto que no había podido concretar el educador Félix Adam, Rector de la Universidad “Simón Rodríguez”, en la población rural de Canoabo del Estado Carabobo, donde las generaciones jóvenes estaban en una gran proporción emigrando  hacia las distintas urbes de la nación venezolana. Se trataba de dar vida a un Núcleo Universitario, que surgía en una Escuela-Granja, cuya creación estaría fundamentada en la dicotomía educación-trabajo, dentro de un marco eminentemente andragógico. Junto a otros docentes y especialistas iniciamos tan desafiante quehacer, donde figurábamos tres de nacionalidad chilena, junto a un grupo joven relevante de profesionales venezolanos; todos, dirigidos por el Rector Adam. tal vez, una de las figuras educativas más descollantes de Venezuela, en el siglo XX.

                           Instalados en tal localidad semi-rural para esa época, habitamos en una vivienda alquilada por la Universidad, especialmente de lunes a viernes, para los docentes y funcionarios que residían con sus grupos familiares en ciudades como Caracas, Valencia y Barquisimeto. No era, sin embargo, el caso de nosotros con el Técnico-Agrícola Sergio Rojas, que aún no habíamos recibido a nuestros familiares En tal época, la actividad universitaria se iniciaba a las 7 de la mañana y se prolongaba hasta la véspera nocturnal  Luego, el único solaz era dirigirse a los dos “botiquines” (bares) más importantes del lugar  como lo eran el del “Chino” Güere y el italiano “Don Angelo” para dialogar con los vecinos de la comunidad, entre “palos” de whiskies  o unas cuantas  cervecillas .Este último expendio, estaba situado contiguo a la Policía y frente a la Plaza “Bolívar”.

                                 Sobre la base de lo anterior, un buen día, decidimos acompañados por la guitarra de nuestro alumno “Gustavito” Olivos, -hoy, alto ejecutivo bancario-para   convertirnos en serenateros muy peculiares, porque además de algunas sentidas baladas  y rancheras mexicanas,  le agregamos los versos de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” de Pablo. Esto causó  impacto en el mundo femenil de la comarca. Tal vez la experiencia más recordada en tal sentido, fue cuando pretendimos llevarle un saludo festivo a la hija del “Chino” Güere, la cual era docente de Básica y buscaba la Licenciatura en la Universidad. Fue así, cuando el burro de Doña Petra  rebuznó, indicando las 12 en punto de la noche, nos situamos en la calle ante la ventana  del dormitorio que ocupaba la hermosa estudiante. En esa oportunidad, hubo mayor inspiración en la lectura nerudiana por parte del profesor chileno Sergio Brown y el  declamador venezolano Heriberto Echezuría , Ingeniero de Obras, quien dirigía  por ese tiempo los trabajos que se realizaban en los alrededores de la localidad, construyendo la Represa, el cual colaboraba con una cátedra,  vinculada con las Matemáticas, en la incipiente carrera -por esos años- de Ingeniería en Alimentos

                                     Por supuesto, que a través de la serenata-recital  nos dimos cuenta de los suspiros que se escapaban del interior, especialmente  cuando se leyeron, a la luz de la luna, que pícaramente nos observaba , los  Poemas 15 y  20.de nuestro insigne Premio Nóbel.

                                    Al siguiente día, encontramos a la “China” en el recinto universitario, como siempre, sin que hiciera ningún comentario en torno a la serenata. Interrogada por nosotros, indicó que no había tenido conocimiento alguno, porque esa noche había cambiado de habitación con su abuela Hortensia, de casi 80 años de edad, lo cual ahora ella se explicaba, porque en la mañana la había visto más risueña y embelesada, renovada en su existencia, seguramente por cuanto  los poemas nerudianos le habían refrescado su ya desgastado corazón, tal vez dormido desde hacía mucho tiempo, cuando Don Genaro, su cónyuge, había iniciado el viaje hacia la Eternidad, a raíz de una enfermedad incurable..

PLENITUD

                                       4.- Labranza (Chile)  2001.

                                        En septiembre del 2001, cuando concurrimos con el Grupo “Mapuche” de Valencia para incorporarnos en el último “Tren de la Poesía”, cuyo desplazamiento se produjo entre Parral, donde nació Neruda en 1904  hasta Temuco, ciudad, donde transcurrió la infancia y adolescencia , entre 1906  hasta 1921.Fue algo maravilloso, porque este convoy trasladaba  a poetas, escritores e intelectuales de Chile América y otros puntos del orbe. El tren, después de la partida tuvo tres paradas: La primera en Chillán, donde nos esperaban otros viajeros similares, que habían pernoctado en esa urbe histórica, donde el anfitrión fue el connotado poeta nacional, Gonzalo Rojas .Posteriormente, nos detuvimos en las localidades de Collipulli y Lautaro, donde compartimos en el mismo recinto ferroviario, con un gran número de estudiantes  y admiradores de Neruda. Por supuesto, que al arribo a Temuco, al concluir el día fue apoteósico, al ser recibidos por una multitud que nos esperaba  anhelante.

                            Al siguiente día, nuestro  Grupo Poético fue programado para presentar su espectáculo en  Imperial, no sin antes detenerse en Labranza, donde junto al poeta venezolano José Joaquín Burgos, participaríamos en un coloquio junto a otros especialistas de la obra nerudiana en el recinto de la sede de la Universidad, donde nos esperaban un numeroso grupo de estudiantes y docentes. Iniciada la actividad, nos impactó la presencia del Rector con el mismo nombre de un ex presidente de Chile del siglo XIX, Manuel Montt. El se había trasladado, especialmente desde la sede principal situada Santiago,  para recibirnos y presentarnos en tal oportunidad. De unos 70 años de edad, hizo referencias al conocimiento que tenía de la obra nerudiana y de la interrelación con el poeta durante algunas instancias de su existencia. Por supuesto, de un pensamiento político muy opuesto  a Neruda, e igualmente limitado por la mordaza impuesta  por el régimen coercitivo de Pinochet, ese día se liberó  y  se emocionó, leyendo algunos de los poemas nerudianos, tomándose más del tiempo previsto para inaugurar el Coloquio y darnos la bienvenida. Tal acontecer nos impresionó, hondamente, porque ahí  reafirmamos nuestro pensamiento que Pablo le pertenece a todo Chile y al continente. Es una figura trascendente, mucho más allá de una organización política o cenáculos literarios  a  los cuales se afilió  en vida:Nos pertenece a todos por su genialidad, lo cual nos enorgullece por donde transitamos.

                Cuando nos correspondió participar en el Coloquio, me dirigí especialmente a los estudiantes, recordando la “mordaza” impuesta en la dictadura. Les manifesté que ahora podían acceder al “Canto General” y era posible leer e internarse en esta obra grandiosa, verdadera epopeya moderna, continuadora de aquellas desde la más primigenia época de los griegos y los romanos. Aquí,  Neruda , a través de su genialidad había elaborado la historia de Chile y de América, similar a la Biblia, desde prácticamente del surgimiento de la criatura humana, pero en nuestro continente. Luego enfaticé, en la lectura de otras creaciones, como “España en el Corazón”, donde expresa su doloroso sentir por la desaparición de la República Española y especialmente de su más querido y fraterno amigo, el poeta, Federico García Lorca, fusilado en su nativa Granada, por el régimen de Franco en los albores del levantamiento castrense. 

                  Posteriormente, con el Grupo Mapuche presentamos en Imperial -por donde se desplazó don Alonso de Ercilla en el siglo XVI, escribiendo “La Araucana”- nuestro trabajo “Viaje itinerante por la vida y obra de Pablo Neruda”, con lecturas intercaladas por sus integrantes. Mireya de Guerra, Angélica Munizaga y María Narea, a las cuales se agregó   la participación de la mezzosoprano Jessica Valencia Mondaca, quien interpretó canciones motivadas en la letra de creaciones nerudianas, como la “Tonada a Manuel Rodríguez”, el dedicado a Javiera Carrera, “Romance de los Carrera” y el  eternamente romántico “Poema 20”.

 EXPANSIÓN

                     5.- Alvarado (México) 2001

                    La gira que realizamos por México entre octubre y noviembre de 2004,difundiendo la poemática y el ciclo vital de Pablo Neruda, con motivo de celebrarse el centenario del natalicio, recordamos como anécdota lo ocurrido en la localidad de Alvarado, cerca de Veracruiz y colindante con el río Papaloán , el cual había sido inmortalizado por el creador poético en los diversos desplazamientos, que hizo por la República Mexicana  en diversas ocasiones .Lo cierto, que al arribar a Alvarado nos dimos cuenta  que nuestra presentación había pasado a segundo plano, dado que las autoridades municipales habían igualmente preparado la celebración de las Fiesta Patronales, que mantenían “enloquecida” a la población. De tal suerte, que Neruda había sido dejado de lado, a lo cual se agregó la enfermedad que afectó al docente, organizador del evento. Fue así, como el día señalado, no hallaban qué hacer con nosotros, lográndose una salida final que consistió  en llevar a efecto tal actividad en un amplio salón de un Centro Docente  Tecnológico. Así, interrumpieron las clases regulares un centenar de educandos  para hacer acto de presencia ,interesados o no para felicidad de los docentes, que quedaron liberados del quehacer habitual y nos endilgaron  a sus inquietos alumnos para escuchar a un  desconocido,  que venía a hablarles igualmente de un poeta de la misma condición, ignorado por tales latitudes por las nueva generaciones de adolescentes Al inicio, se produjo un gran bullicio en el salón, el cual no podían controlar los maestros. De inmediato, evaluada la situación, recordé mi experiencia de muchos años ha, cuando transité por la Enseñanza Media en mi tierra nativa y opté por una estrategia motivacional que se me ocurrió en ese instante y que consistió en  empezar a leer, de improviso, por el micrófono con voz potente el poema  nerudiano, contenido en “Canto General” y dedicado al río Papaloán, el cual, por esos días se deslizaba imponente y un tanto “encabritado”, a causa de las lluvias otoñales a través de su lecho muy cercano al plantel  y a su desembocadura en el Golfo de México.(“ Yo quiero ir por el Papaloán/como tantas veces por el terroso espejo/tocando con las uñas el agua poderosa…”) Al escuchar estos versos y la alusión al gran río local, los estudiantes, de inmediato se quedaron en completo silencio y por ahí me fui, leyendo y comentando otras composiciones nerudianas dedicadas a México en esa obra magna nerudiana, publicada en 1950 por primera vez, precisamente en tierra mexicana: Poemas dedicados a Juárez, Emiliano Zapata, Cuauhtémoc, a Orizaba y Silvestre Revueltas, entre otros.. Creo que nuestra relación acompañada, constantemente por  versos,  leídos por una hermosa voz femenina, llegaron a lo más profundo de estos jóvenes adolescentes, que ese día conocieron y admiraron a un creador poético de Chile y de América, Premio Nóbel y que hasta el último día de su finar físico llevó, igualmente dentro de sí, a la patria mexicana.

CENIT

                  Morelia (México)  2004

                 La segunda  experiencia mexicana, que deseamos rememorar fue nuestra participación  en un Seminario, titulado :”Pablo Neruda, entre la historia  de la Literatura”, organizado por las Facultades de Historia y Filosofía, junto al Instituto de Investigaciones Histórica y Secretaría de Difusión Cultural y Extensión Universitaria de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, instalada en Morelia ,donde participaron  cuatro excelsos ponentes como lo fueron: Gerardo Sánchez Díaz, Roberto Sánchez Benítez, Salvador Morales Pérez y Osvaldo Arias Escobedo  y nosotros con la Conferencia Magistral, titulada: “Dimensión contemporánea de Neruda en el Centenario de su Natalicio” y en la lectura de versos: Nadia Nava y Susana Ramírez..

                 Todo fue emocionante, por cuanto dentro del publico se encontraban algunos octogenarios, que recordaban la presencia de Pablo, cuando se le otorgó el primer título de Doctorado Honoris Causa, por este centro de estudios superiores en el año 1942, cuando el creador poético chileno desempeñaba el cargo de Cónsul de Chile en México y con posterioridad la nación  lo recibió en calidad de exiliado, después de ser desaforado  como Senador de la República y perseguido por González Videla  junto  al Partido Comunista, el cual había contribuido a llevarlo al poder en las elecciones de 1946.

                    En este desplazamiento por México, constatamos la atracción que ejerce Pablo Neruda entre las antiguas y nuevas generaciones, lo cual nos demuestra  una vez más que el poeta  no sólo es de Chile su patria nativa, sino de todo un continente,cuya historia  detenida y profunda  se encuentra  en la obra magna, “Canto General” y en otros versos, reflexiones y rememoraciones de su intenso tiempo terrígeno.

FINAL

                  Pero…las instancias no cesan, porque para el 6 de noviembre venidero en el pabellón que levantará la Dirección de Medios de la Universidad de Carabobo de Valencia, en el marco de una nueva versión de la Feria Internacional del Libro (FILUC 2010), día que estará destinado a Chile, donde la Editorial Alfaguara presentará una nueva antología sobre la producción nerudiana. Ahí, estamos invitados, para nuevamente entre coloquios, versos y tonalidades musicales, proyectemos un vez más la obra de este insigne creador chileno y caribe-latinoamericano.Desde ya, quedan invitados .

 


 

Elementos históricos fundantes en el “Martín Rivas” de Alberto Blest Gana

                                                                              Reinaldo Villegas Astudillo

 

          Con motivo del Bicentenario de la República de Chile, el canal de T.V. a través  de las  señales nacional e internacional está proyectando, en estos días, una  nueva versión de “Martín Rivas”, narración relevante de Alberto Blest Gana, publicada por primera vez en el año  1862, la cual se ha convertido en la iniciadora del género narrativo en el país austral, todo lo cual nos ha motivado, a releer una obra que conocimos en la adolescencia, cuando cursábamos la Enseñanza Media. Por supuesto que la última versión televisiva, si bien arranca  de tal creación novelesca, sin embargo recrea una historia con ciertas alteraciones en cuanto a los personajes, sucesos y espacios, por cuanto va dirigida a unos televidentes-receptores, pertenecientes a una realidad otra, surgida a casi un siglo y medio de distancia, para lo cual  los  libretistas la han adaptado al televidente-masa que busca entretenimiento y solaz, alérgicos por estos tiempos  a la lectura, a quienes  hay que ofrecerles lo que más les atrae en el presente, como el sexo que transita de alcoba en alcoba, acompañado de la infidelidad de mujeres insertas en un mundo regulado por enérgicos principios moralistas, que desde la colonia las exponían a deleznables escarnios públicos. A esto, se agregan algunos asomos de homosexualismo y actitudes demenciales de algunos protagonistas. Para el logro de estos objetivos, que le otorgan porcentajes mayores a las televisoras para encimarse en el rating en horarios estelares, se dejan de lado los valores esenciales de la persona humana, al igual que los sociales y políticos, los cuales podrían resultar conflictivos en el presente, configurando así aconteceres más edulcorados y superficiales propios de tramas televisivas. Tal situación se manifiesta por el desarrollo que se hace de personajes, apenas mencionados  en la obra como lo son: Clemente Valencia y Mercedes, la hermana de Martín Rivas. Ambos protagonizan sucesos truculentos, vinculados con asesinatos, arribismo exacerbado, violencia y argucias para engañar al prójimo, temas surgidos de los “escribidores” profesionales, tan comunes en el presente.

            Sobre la base de lo anterior, quisiéramos  referirnos con mayor relevancia a un suceso histórico del cual fue contemporáneo el propio autor en su devenir existencial,

como lo fue el surgimiento en el año  1850 de la Sociedad de la Igualdad, constituida por jóvenes políticos de la época pertenecientes al Partido Liberal o Pipiolos, que pretendían renovar  el pensamiento tradicional por uno más de avanzada, relevado en Europa  como el socialcristianimo, impulsado por Lamennais y el socialismo utópico de los cuales son difusores, entre otros, Fourier y Saint-Simon en la siempre Francia libertaria y que se constituye en un antecedente de lo que será el ideario de Carlos Marx con posterioridad .Tal pensamiento, lo recogen Francisco Bilbao y Santiago Arcos. El primero de origen chileno e igualmente  el segundo, hijo éste, de un  español, avecindado en Chile. Bilbao integrante de la Generación de 1842 y brillante discípulo de don Andrés Bello y admirador de Simón Rodríguez, se convertirá en uno de los teóricos y activistas más prominentes del pensamiento renovador, bebido en las propias fuentes originales de Francia, donde participa activamente en la lucha y luego de una  incesante vida revolucionaria, la cual  lo llevará a convertirse en  uno de vida revolucionaria lo llevarproias fuentes originales de Francia, donde participa activamente en la lucha y lueg los primeros relevantes exiliados políticos de la nación chilena, en las repúblicas del  Perú y Argentina. Por supuesto en  la novela de Blest Gana,  lo identifican con el propio Martín Rivas y a su compañero de lucha Santiago  Arcos, con Rafael San Luis.

              Santiago, la capital de Chile en la medianía del siglo XIX surge en lo que se conoce hoy como su casco histórico, que se extiende por la Alameda de las Delicias entre el cerro Santa Lucía  hasta la avenida Brasil a lo más y por las tradicionales calles  céntricas, que nacen en la propia Alameda, como Teatinos, Agustinas y Ahumada entre otras que se prolongan hasta un límite, que lo constituye el río Mapocho. Igualmente se citan localidades entre las que figuran Renca y Ñuñoa y otras ciudades como Copiapó, Coquimbo y Valparaíso Los grupos sociales son muy marcados, entre los que se encuentran, por arriba, la aristocracia agrícola y minera, enriquecida y conformada por  castellanos  y vascos, lo cuales se dan el lujo de construir mansiones, con finos materiales traídos de Europa. Quien, por esos tiempos, no haya conocido París es mirado en menos. Así, lo retrata Blest Gana, a través de su personaje, Agustín, el cual después de residir en  la ciudad-luz retorna a su marco terrígeno, con actitudes y tono muy afrancesados, especialmente en sus coloquios diarios, donde intercala expresiones francesas, demostrándolo asimismo en su vestimenta. Existe una tendencia a integrar las nuevas familias, exclusivamente con miembros de estos sectores oligárquicos. Generalmente las uniones maritales se hacen con intervención de los progenitores, quienes velan – además de la “pureza de la sangre” -por los bienes económicos que se pueden asociar por encima de los sentimientos de los propios hijos. Por supuesto, los ya citados “escribidores” en busca constante del rating, dejan de lado valores esenciales como son los sociales y políticos, los cuales podrían resultar conflictivos en el presente, configurando así aconteceres más superficiales, propios de temas televisivos..

              Sobre la base de lo anterior, quisiéramos referirnos a un acontecimiento histórico del cual fue testigo el propio autor en su devenir existencial, como lo fue el surgimiento de la Sociedad de la Igualdad, constituida por jóvenes y políticos de avanzada para la época post-colonial. Pertenece tal grupo – como ya lo hemos señalado- del Partido Liberal, que se conocían con el nombre de “pipiolos”, el cual fundamentalmente se diferencia del Conservador por su carácter de anticlerical, donde igualmente predominan los sectores oligárquicos, porque en esa época no existía clase media, en tanto los sectores populares estaban conformados por siervos explotados en las haciendas de la región central  o en los centros mineros del Norte de Chile, carentes de la condición de ciudadanos. Entre estos propulsores de un pensamiento nuevo de avanzada figuran los ya citados Bilbao y Arcos . De esta suerte, constituyen un sector de variado linaje disidente, dentro de la organización liberal. Es el primer intento de renovación, el cual no prosperará internamente, pero provocará el surgimiento más renovado del Partido Radical, representado en el relato por el dirigente de esa organización naciente como lo es, Manuel Antonio Matta, a quien Blest Gana le dedica la obra narrativa. Esta disidencia juvenil se repetirá en el siglo XX, primero en el Partido Conservador, donde al finalizar la década del 30 se rebela un significativo grupo de la juventud, conformando la Falange y luego el PDC y en la década de  los 60 surgirá el MIR, desprendido de la izquierda tradicional. Todo lo anterior, conduce a la presencia de nuevas fuerzas políticas, triunfantes en las elecciones presidenciales de 1964 y 1970, lo cual conllevará a que liberales y conservadores, con otra denominación pretendan  debilitar tal arremetida y decidan participar, activamente, en el ignominioso Golpe militar de 1973 y en ese largo gobierno de facto, que se prolongará por casi 17 años.

            Sólo para ilustrar la visión y el concepto que tenían las familias acaudaladas de la época  en relación con la Sociedad de la Igualdad, citamos un diálogo caracterizador entre miembros de la familia y amigos vinculados con Leonor, la protagonista y su progenitor Don Dámaso Encina, oligarca e individuo representativo de la sociedad santiaguina  de esa época:

                       “Leonor y su prima formaban otro grupo con los jóvenes y don Dámaso 

                       ocupaba la cabecera de la mesa con su amigo y su cuñado.

                     -Convéncete Dámaso –decíale don Fidel-, esta Sociedad de la Igualdad

                      es una pandilla de descamisados que quieren repartirse nuestras fortunas.

                     -Y,  sobre todo –decía don Simón a quien el Gobierno nombraba siempre

                      para diversas comisiones-,los que hacen oposición es porque quieren em-

                      pleo.

                      -Pero, hombre –replicaba Don Dámaso-¿y las escuelas que funda esa

                      Sociedad para educar al pueblo?

                       -¡Qué pueblo, ni qué pueblo! –contestaba don Fidel-. Es el peor  mal que

                       pueden hacer, estar enseñando a ser caballeros a esa pandilla de rotos.

                      - Si yo fuese gobierno –dijo don Simón-, no los dejaba reunirse   nunca

                      ¿A dónde vamos a parar con que todos se metan en política?

                      -¡Pero si son tan ciudadanos como nosotros! –replicó don Dámaso.

                       -Sí; pero ciudadanos sin un centavo, ciudadanos hambrientos –repuso

                        Don Fidel. “

                 Es indudable que pensadores como Bilbao y Arcos, a través de la Sociedad de la Igualdad, de mediados del siglo XIX, se constituyen en los precursores de los movimientos populares que insurgen en las primeras décadas del siglo XX.

                   En el plano narrativo, Blest Gana presenta  un relato en  una  perspectiva omnisciente, muy influido por relevantes escritores franceses como Sthendal y Balzac. Como obra costumbrista, ofrece una serie de rasgos, que aún permanecen en la idiosincrasia chilena  en una diversidad de aspectos y otros nuevos surgidos con la conformación de la clase media y los sectores populares.a nación, Citamos, por ejemplo, la celebración patriótica como siempre ha sido del 18 de septiembre, festividad nacional por excelencia, comidas como el arrollado de chancho, el pescado frito con ensalada, el pavo horneado, consumo de aceitunas, etc. Lo bebestible, representado por la chicha, la mistela  y el ponche; lo musical, constituido por tres instrumentos, fundamentales: la guitarra, el arpa y el piano;en tanto los bailes, por supuesto, la cueca de carácter nacional, la cuadrilla y la polca . Y en la parte lingüística, expresiones entre muchas, como: Huasca, roto, medio pelo, ponche, lacre, meter bulla, pinganilla, borrachera, aldad, de mediados del siglo XIX, se constituyen en los precursores de los movimientos populares que cumplidos, echar al agua, etc. que aún se conservan en el léxico cotidiano del país.

               La historia romántica la protagonizan Leonor y Martín Rivas dentro de un marco social y económico muy rígido, insertos en una sociedad tradicional citadina, la cual se proyectará sin mayor evolución hasta los albores del siglo XX, cuando se inicia el éxodo a Santiago, fundamentalmente, de los trabajadores del salitre al colapsar la producción a raíz de la aparición del producto sintético, lo cual afecta notablemente a la economía chilena. A ellos, se agregan los campesinos que logran escapar de la servidumbre a la que lo tienen sometidos los terratenientes criollos y arriban a la capital para instalarse en los lugares periféricos, donde empiezan a surgir los conventillos, a lo cual se suman las protestas sociales, huelgas y surgimiento  de sindicatos y agrupaciones políticas vinculadas con el socialismo, donde emergen líderes como Luis Emilio Recabarren  y otros similares , que asumirán la defensa de los desposeídos.

               En síntesis, “Martín Rivas” es una creación narrativa trascendente que no ha perdido su vigencia a través del tiempo transcurrido. Consideramos, que este año del Bicentenario de nuestra República, debe reeditarse, profusamente, por cuanto asume la función de una narración histórica  que nos posibilita adentrarnos en el siglo XIX, donde se fue consolidando nuestro pensamiento republicano, producto de una generación- quizás la más áurea- de nuestra historia hasta el presente, donde se relevaron escritores entre los que resaltan el propio  Blest Gana y jóvenes intelectuales  como Lastarria, el mismo Bilbao, Jotabeche   e innumerables historiógrafos, pensadores, filósofos, educadores, artistas plásticos, formados  por maestros  como los venezolanos, Andrés Bello y Simón Rodríguez, los argentinos Sarmiento y Alberdi y el francés Rugendas, entre otros, provenientes de nuestro continente y de Europa, quienes logran configurar una generación relevante, que se manifiesta desde 1840 hasta la segunda mitad del siglo XIX.


 

"Neruda: En el 104 aniversario de su natalicio"

Dimensión contemporánea de Neruda en el centenario de su natalicio

                                                                                                                     
             Reinaldo Villegas Astudillo

(Ponencia presentada en el Coloquio en el Centenario de Pablo Neruda, organizado por la Facultad de Historia, Facultad de Filosofía e Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo de Morelia (México), el 4 de noviembre de 2004).

PRELIMINARES

En primer término, quisiera saludar efusivamente a todos los miembros de esta comunidad que integran la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo de Morelia, por el reconocimiento a través de un Doctorado Honoris Causa, otorgado tempranamente en 1943 a Pablo Neruda, creador poético, que les pertenece a todos los habitantes que pueblan esta región que va desde el sur del Río Bravo hasta la distante Patagonia y territorio antártico, vasta extensión donde se sitúan nuestras repúblicas caribe-latinoamericanas. Neruda, por ese tiempo, estaba consagrado en el estro poético por la publicación de unas siete obras y elaboraba los poemas que conformarían Canto General, el cual daría a conocer en este México siempre solidario en 1950, año de exilios y persecuciones por parte del propio gobierno electo por su organización política, y que por presiones del imperio del Norte fue puesta fuera de la legalidad, aplicándosele la tenebrosa Ley de Defensa y de la Democracia, que además del desafuero de Neruda del Senado y su posterior camino hacia la clandestinidad y el exilio, significó la prisión y relegación en la inhóspita población de Pisagua de sus compañeros comunistas, donde por esas jugarretas del destino fungía como jefe del campo de relegación, en aquel entonces, un oscuro oficial de rango menor llamado Augusto Pinochet Ugarte.

Antes de referirnos a la presencia actual de Neruda en este período, que abarca más de tres décadas, a partir de su deceso ocurrido el 23 de septiembre del fatídico año de 1973, quisiéramos expresar algunas observaciones en torno a esta etapa de la que hemos sido testigos directos en el continente al cual pertenecemos.

A la distancia, pensamos que Neruda desapareció físicamente, justo en el momento en que sucumbía un proyecto de gobierno como el presidido por Salvador Allende, que se había constituido en la culminación de grupos populares y medios que por primera vez habían accedido al poder en 1938 con el profesor Pedro Aguirre Cerda, apoyado por el llamado Frente Popular, dejando fuera del gobierno después de más de cien años a la oligarquía chilena, representada por los actores políticos: pipiolos y pelucones, en otras palabras, liberales y conservadores.

Con la muerte del poeta, juntamente se desmorona el anhelo de un pueblo al cual, Neruda había contribuido a configurar por medio del verbo y la expresión artística durante toda su existencia

A las claridades le suceden las tinieblas y asistimos a la irrupción de individuos oscuros y anti-poetas, que violentan el hilo constitucional de las repúblicas del continente, sumiéndolas en el dolor de perder a sus seres queridos en elevadas cifras, no sólo en Chile, sino en Argentina, Uruguay y Bolivia, lo cual se hizo asociadamente a través de la Operación Cóndor, donde esos "saurios", como ya había denominado Pablo a sus antecesores en el Canto General, actuaron en tan horripilante acción anti-humana.

De todos estos desmanes, que en Chile se prolongaron por casi 17 años, protagonizados por el ex capitán de Pisagua en 1949 y en la década de 1970,convertido en un general traidor, se suman los padecimientos de otros pueblos hermanos a lo cual se agregan los acontecimientos mundiales, atentadores en contra del ser humano en diversos espacios del orbe, lo que va a significar el quiebre de una generación con sus valores para dar paso a una nueva, la cual se nos muestra muy distinta a la que nos conformó y donde nos hemos insertado, adaptándonos a las realidades en las que se volcaron nuestros hijos y nacieron nuestros nietos, donde los elementos visibles e invisibles de la realidad emergente, desde nuestra perspectiva generacional, resultan decadentes y anti-valóricos tal cual se indica.

CARACTERIZACIÓN DEL SER CARIBE-LATINOAMERICANO EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS

Es indudable que tal signo de devaluación de los valores se produce a nivel universal, pero específicamente en América se acelera con la presencia de gobiernos dictatoriales apoyados por sectores de la oligarquía que conducen a lo que podríamos calificar muy entre comillas como "hombre nuevo". No es aquél con el cual soñaron algunos sistemas de gobiernos de avanzada latinoamericanos, en la década que va de 1960 a 1970 en torno a crear un ser solidario, "preocupado por el desposeído" o "ejecutor de la máxima cristiana del amor al prójimo". Fue todo lo contrario: Surgió un ser individualista, amante de los bienes materiales y muy alejado a los preceptos por tenderle la mano al desventurado.

En el caso específico de Chile, esto produjo una escisión entre el chileno que por la fuerza se adaptó al modelo impuesto por el dictador dentro del enfoque neoliberal, ensayado en varias oportunidades a costa del padecimiento de los sectores populares, silenciados por una cruel represión, en relación con un elevado porcentaje del millón de chilenos exiliados que se radicó en el exterior, no precisamente por su propia voluntad. Esto ha significado para nosotros al retorno, a partir de 1990, no reconocer el país en el cual nacimos, nos formamos y donde nos asestaron el golpe a nuestro ser, al convertirnos en una generación perdida. Lamentablemente pasó muchísimo tiempo, lográndose el objetivo en gran medida propuesto por el autoritarismo.

Sólo un ejemplo ilustra esta realidad: Salimos del país nativo, admirando a nuestros grandes valores culturales, entre otros, a Roberto Matta, el pintor; a Claudio Arrau, el pianista y a nuestras cumbres poéticas: Vicente Huidobro, Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Y al regresar, constatamos que las figuras prominentes señaladas del pasado, dieron lugar a la valoración de un ex Miss Universo, dos jugadores de fútbol, un gay, modisto-peluquero de las divas de la TV, y a una "geisha", formada en el Japón donde arribó para venderse al mejor postor, habiéndose convertido en una acaudalada "señora" para retornar al país natal como una gran triunfadora del sistema económico, transformándose en una figura privilegiada de la difusión televisiva.

Lo anterior, refleja la presencia de un nuevo mundo con muchas similitudes en los diversos países de la región. Los grupos económicos constituidos en transnacionales, con capitales del exterior y en algunos casos asociados a los capitalistas criollos, han configurado a un ser consumista, que es idéntico en gran parte del continente. Casi en todas las naciones, encontramos los mismos productos de consumo, empezando por el símbolo del imperio norteamericano actual: los Mac Donald, entes que han pretendido hasta enajenarnos nuestras vernaculares ingestas alimenticias.

El consumismo no atiende sólo a la alimentación sino a la indumentaria, a la recreación y a la presencia de "artefactos"-como diría Nicanor Parra- para ser utilizados como medios de transporte, de telecomunicaciones, y en general del confort doméstico.

Por su parte, la educación y la salud se alejan más de los grandes contingentes humanos, con el surgimiento de los "mercaderes"- que cuestionó acerbamente el educador y pensador venezolano Simón Rodríguez en el siglo XIX- quienes han tomado a esta actividad como una empresa cualquiera "como si se tratara de venta de telas", desarrollando así un negocio muy propio y lucrativo. Para muestra un botón: uno de éstos es el dueño de la Universidad "Andrès Bello" de Santiago de Chile, un individuo que se convirtió en multimillonario en el periodo dictatorial de Pinochet que en el presente maneja, además, bancos, diarios y diversos negocios que le reportan jugosas ganancias dentro del modelo instaurado por el ya decrépito ex-dictador. Lo mismo ha sucedido con los "mercaderes de la salud", que van levantando super-clínicas privadas, donde sólo acuden quienes detentan la riqueza y pertenecen a grupos sociales con un alto poder adquisitivo.

La primera devaluación cultural que agobia al continente en estos tiempos es la presencia de la imagen: "que está matando la palabra". A través de los medios audiovisuales y electrónicos, el joven caribe-latinoamericano de hoy ha ido perdiendo las habilidades comunicativas. Si consideramos las instancias que señalaba el citado Rodríguez en el siglo XIX, con el proceso de aprendizaje inicial que se conformaba asi:"calcular-pensar-hablar-escribir-leer", prácticamente está desapareciendo la más significativa como lo es la lectura, en el pleno sentido de : "desnudar la palabra de su significación". Este modelo ya no se da en la realidad, así lo comprobamos a través de los exámenes que se aplican en la admisión de los estudiantes a las universidades, donde un porcentaje reducido de aspirantes sale airoso en las evaluaciones. Igualmente poco se escribe; algo, tal vez en el Internet, pero dada la velocidad del tiempo de que dispone generalmente el usuario, los "horrores" abundan. Nos queda sólo la facultad del habla. Pero, ¿cuántos interlocutores del presente hablan con propiedad y sentido? O, ¿cuántos sólo permanecen enmarcados dentro de las comunicaciones fáticas?

Las consideraciones expuestas anteriormente, nos llevan a una lectura de lo superficial y de lo utilitario. Basta solamente con darse una vuelta por las librerías del continente y saltarán ante nuestros ojos, títulos de bestsellers, impuestos muchos por la publicidad consumista entre los cuales se sitúa una literatura esotérica y la ahora muy abundante vinculada con lo emocional y el éxito fácil, la cual ha tenido tanta aceptación que pululan por el continente individuos; algunos charlatanes, inclusive galardonados por universidades, que han ido acumulando bienes producto de estas ventas, que tanta aceptación han tenido en el lector medio, quien a veces se mantiene en la superficialidad, convencido de que puede solucionar sus problemas existenciales y económicos con suma facilidad, orientado por estas lecturas que proclaman el éxito en un plazo inmediato.

La televisión, dirigida por el "hombre económico", a quien le interesa sólo el bien material y la pronta ganancia; ése, que ya se ha impuesto al sostener y controlar al "hombre gobernante", porque igualmente incluye al elemento castrense para mantener la estabilidad de un régimen , se ha convertido en el "deformador" del ser continental. Ya señalamos los ídolos que van creando: faranduleros, superficiales y maniquíes de uno y otro sexo. Diariamente proyectan por las televisoras en series, programas especiales, publicidad -mucha publicidad- elementos pornográficos, convirtiendo la imagen de la mujer en símbolo de los desenfrenados apetitos sexuales, explotando a jóvenes y figuras por lapsos breves, porque el tiempo es fugaz y la lozanía desaparece prontamente. En este plano, ya no hay recato en la proyección. Ya no es sólo en altas horas de la noche, ahora es a pleno día. Es la anti-enseñanza que recibe el infante o adolescente cuando retorna del aula a su hogar.

En lo que respecta a la información, es un residuo que pasa aceleradamente por la imagen, no dejando espacio para la reflexión.

Lo expresado en la instancia precedente, nos conlleva a que las actuales generaciones vayan perdiendo sus identidades, porque la televisión forma parte de cadenas transnacionales, lo cual significa que por esa naturaleza imitativa que nos ha alcanzado a través de las distintas etapas de nuestra historia republicana, miramos hacia el centro, en este caso, al centro del imperio político o de los imperios tecnológicos. Seguimos sin crear. No inventamos. Continúan embelesándonos con los espejuelos, ahora manifestados en sofisticados aparatos electrónicos o deslumbrantes automóviles.

Por supuesto, que las conductas y las modas nos las configuran desde los diversos modelos mercantilistas, a fin de que prosigamos consumiendo para acrecentar las ganancias de esos sectores, que cada día prosiguen extrayéndonos nuestra materias primas para devolvérnoslas a un más alto precio, como nuevos instrumentos para nuestro entretenimiento y solaz.

Sin embargo, no todo es esplendor consumista. Hay un gran número de habitantes en la región que carece de todos estos bienes. Existe un gran conglomerado que sólo obtiene como ingreso el sueldo mínimo de su país. Este bajo salario sólo le basta para sobrevivir, sólo para "arrastrar las existencias", padeciendo grandes angustias e ingentes penalidades en el quehacer cotidiano. Son éstos los habitantes de las periferias de las ciudades: cerros de Caracas, zona Sur de Valencia, Venezuela, donde residimos; favelas de Brasil; poblaciones marginales de Chile y de México.

En un plano inferior, se encuentran los marginados de los sistemas económicos, constituidos por familias que viven bajo los puentes, en casas abandonadas inhabitables, en viviendas de cartón, en plazas y lugares públicos, agregándose los indígenas que han sido obligados a residir en lugares infértiles y tierras áridas y no feraces. Son los condenados por estos modelos económicos y gubernamentales. No son considerados como personas humanas, al no aplicarse los conceptos de equidad y justicia social.

Todo esto provoca inestabilidad, esperanzas truncadas, anhelos insatisfechos y traumas que conducen a la angustia del ser americano; a veces a la propia muerte, porque no pueden escapar de ese tormento del existir.

NERUDA SIEMPRE PRESENTE

Pablo Neruda feneció terrenalmente hace más de tres décadas atrás, pero su pensamiento y su creación poética se mantienen vivos y actuales, a pesar del cuadro tenebroso suscitado en las distintas repúblicas en el lapso post-nerudiano, al cual nos hemos referido anteriormente.

La difusión y celebración de la vida y la obra de Pablo Neruda, no sólo se ha producido el año en curso en que estamos conmemorando el centenario de su natalicio. En el Chile exiliado, Neruda nunca estuvo ausente en esa lucha que promovimos, apoyados por los países hermanos, los cuales nos cobijaron en este trance fatal para nuestra república. Siempre, Neruda estuvo presente por medio de sus versos, y muy especialmente a través de esa creación titulada "Cuando de Chile", inserta en Las uvas y el viento, publicada en 1954, donde el poeta expresa que en el Chile añorado en esa instancia temporal, los desposeídos y los marginados se convertirían en los seres relevantes dentro de la sociedad. Lamentablemente, en vida Neruda sólo alcanzó a constatar el inicio de un proceso en 1970 y su posterior aborto el año 1973, pero a través de tal creación poética permanece esa esperanza, y aunque sea después de la muerte podrá cumplirse ese deseo manifestado de: "Ay cuándo patria, te casarás conmigo".

En el Chile interior, consignamos una fecha histórica el 12 de julio de 1990, en el gimnasio "Bernardo O'Higgins" de la ciudad de Temuco, donde se crió Pablo entre la infancia y la adolescencia. Ese día, fue la apoteosis del encuentro de Neruda con su pueblo. El gimnasio parecía venirse abajo con la presencia de innumerables obreros, trabajadores, exiliados, autoridades civiles, poetas e intelectuales, unos con mantas y ponchos; otros, con boinas españolas republicanas, sombreros y gorros chilotes, no faltando las parkas y abrigos para defenderse de la baja temperatura exterior, pero muy elevada íntimamente. Desfilaron los jóvenes estudiantes por el escenario con cantos, composiciones musicales, relatos biográficos dramatizados y poemas de Pablo inmortal. En seguida, surgió la voz profunda y artística de Humberto Duvauchelle, el gran actor nacional, compañero de ruta en el exilio venezolano, desgranando los versos briosos y significativos del Neruda de siempre. Era la voz de ese mismo artista de las tablas, quien con su hermano Héctor, fallecido trágicamente en Caracas, y Orieta Escámez, integrantes de la compañía de Los Cuatro, recorrieron buena parte del exilio chileno por América y por Europa, llevando la representación de obras teatrales, y siempre, los versos de Pablo para vincularlos más al Chile lejano y encarcelado.

Al término del espectáculo tan reconfortante para el espíritu y el intelecto, caminamos con Humberto por las calles temucanas en busca de un café, reflexionando sobre tal magnífico acontecer, el primero, celebrado después de la muerte del poeta en un ámbito de libertades. Nos despedimos en medio de la niebla nocturnal mientras un tren rompía la quietud de la ciudad con su sonido, y luego al desplazarnos hacia la casa de nuestros progenitores, situada en un sector aledaño a la que habitó Pablo en épocas lejanas, junto a la de don José del Carmen, su padre ferroviario y la dulce Mamadre, sentimos la compañía del espíritu del poeta después de 17 años de haber partido hacia la eternidad.

Tal vez, un hito importante en el recuerdo de Pablo en esta última época ha sido la presencia del "Tren de la Poesía", organizado por su sobrino-nieto, el también poeta Bernardo Reyes, quien junto a otros jóvenes escritores temucanos le dieron vida entre los años 1994 y 2001. Muchos fueron los escritores de Chile y del continente que se embarcaron en este "tren mágico", que surgía justo el 23 de septiembre de cada año para rememorar el aniversario de la muerte del poeta. Hasta el año 2000, el trayecto que cubría no sobrepasaba la distancia que hay a poblaciones cercanas a Temuco, entre las que se encuentran Imperial y Lautaro. En cada lugar donde se detenía el tren y en el destino final, el pueblo, junto con sus autoridades, ofrecían homenaje a Pablo y a los invitados especiales. En el segundo día, los creadores y escritores visitaban las escuelas, universidades y centros culturales para dialogar con los jóvenes en torno a Neruda.

Aunque habíamos concurrido en 1995 por primera vez al Tren, tuvimos una segunda oportunidad en el 2001, cuando en la última versión creció en el trayecto y cubrimos la ruta entre Parral, la ciudad de su nacimiento y la urbe de su crianza, Temuco. Concurrimos desde Venezuela con integrantes de nuestro grupo cultural "Mapuche"de Valencia y un par de escritores venezolanos. Llegados a Parral, fuimos testigos de otro de los grandes homenajes rendidos a Pablo, ahora como hijo predilecto de una ciudad floreciente, donde vino al mundo el 12 de julio de 1904. Nuestra permanencia no alcanzó las 24 horas, pero con cuánta intensidad las vivimos. Fuimos recibidos por el alcalde, concejales y otras autoridades civiles con presentación de grupos musicales tradicionales. La plaza de la ciudad había sido "tomada" por los estudiantes parralinos, quienes en diversos espacios ofrecían lecturas y declamaciones de poemas, grabaciones con la voz de Neruda, objetos artesanales con su efigie, comidas de la región, etc. Posteriormente, nos trasladamos al panteón de Parral y ahí se hizo un acto muy sentido frente a la tumba, donde descansan los restos mortales de la maestra de primaria Rosa Basoalto, la madre del poeta quien falleció a casi dos meses de haber nacido su único hijo. Luego, nos recibieron en una hermosa escuela del Barrio de "Buenos Aires", donde hubo actos similares, para culminar nuestro visita al lugar en que surgió al mundo el poeta, y en seguida concurrir a la representación teatral, inspirada en las "Alturas de Machu Pichu" y concluir en un acto final desarrollado en un amplio salón citadino, donde Parral hizo una proyección de las más importantes organizaciones artísticas de la ciudad.
Temprano, al día siguiente, los escritores itinerantes nos embarcamos en el tren rumbo a Temuco, para cubrir una distancia aproximada de 300 kms. Además de los invitados especiales, se incorporaron numerosos contingentes, miembros de grupos culturales y organizaciones civiles de la región parralina. Durante el trayecto a través de la instalación de un circuito cerrado de televisión, desde cada vagón se podía observar la presentación de los poetas leyendo sus creaciones, que iban siendo alternadas con videos donde surgía el propio Pablo con sus lecturas. Hubo un par de paradas en las localidades de Collipulli y Lautaro, en las cuales no esperaba una entusiasta concurrencia instalada en los andenes de las estaciones ferroviarias de cada población, con una actividad en homenaje a Neruda y a los pasajeros del tren, con interpretaciones de poemas nerudianos, música y bailes tradicionales como la cueca y la tonada, especialmente a cargo de los estudiantes de los diversos centros educativos de la zona visitada. Finalmente, al venir la noche, arribamos a Temuco entre el sonido característico del vapor y los pitidos de una antigua máquina de vapor que irrumpia en la apacible véspera dominical de la ciudad temucana, lugar en que tuvimos un gran recibimiento de una multitud agolpada por los predios de las instalaciones del ferrocarril, donde hacía muchísimos años Pablo solía acompañar a don José del Carmen, su padre, como conductor del tren lastrero, junto a una cuadrilla de trabajadores encargados de reparar la vía, entre los cuales se encontraba el palanquero Monje, que en una oportunidad siendo Pablo aún infante, le atrapó un hermoso insecto en un paraje boscoso, que lo impresionó por la intensa belleza de su colorido, escapàndosele de improviso fugazmente de entre sus manos para retornar al hàbitat natural.

Al siguiente día, nos distribuimos por los distintos centros educativos de la región sureña. A nosotros, nos correspondió participar en un panel de la Universidad "Diego Portales", en torno a Residencia en la tierra, y posteriormente, con el grupo chileno-venezolano "Mapuche", presentamos un espectáculo en homenaje a Neruda en la colonial ciudad Imperial, por donde algún día pasó el poeta-soldado don Alonso de Ercilla y Zúñiga, muy admirado por Neruda, y quien fuera el autor de esa obra renacentista, "La Araucana," editada en España en el siglo XVI.

En todos los actos referidos, la presencia de Pablo provocó la unidad de la comunidad chilena. Como nunca, observamos que durante esos tres días volvimos a ser los de antes al 11 de septiembre de 1973. En Parral, como ya lo hemos anotado en un trabajo anterior, nos reencontramos: "momios", "upelientos", "termocéfalos", "guatones", "chascones" y "rabanitos"; todos, alrededor de Neruda y por primera vez ingresábamos en un centro universitario privado, prohibido para Pablo, hasta el término de la dictadura pinochetista. Ahí, iniciamos unas reflexiones en torno al poeta, donde tuvimos la oportunidad de presentar, a las nuevas generaciones, una de sus obras màs representativas como es el Canto General, que en dos oportunidades fue prohibido por los gobernantes chilenos, primero editado por González Videla y luego por Pinochet en el lapso dictatorial. Asimismo, nos llamó la atención en un momento al apreciar al rector de la Universidad a nivel nacional, descendiente de un gobernante con reminiscencias del siglo XIX, quien haciendo uso de sus prerrogativas rectorales se apoderó del micrófono y empezó a leer en público poemas de Neruda, que seguramente siempre le solazaron durante sus mocedades, pero que la dictadura por un largo período se los había silenciado.

CONMEMORACIÓN DEL CENTENARIO

Durante el presente año, las actividades en torno a Pablo Neruda con motivo de conmemorarse el centenario de su natalicio han sido incontables a través del mundo, especialmente en nuestro continente y en Europa. El creador poético y continental permanece vivo entre sus lectores y en las nuevas generaciones, especialmente en ese porcentaje valioso que aún se mantiene enfrentado con la lectura a la imagen, y todavía vinculado al quehacer intelectual, actividades que los conducen al conocimiento de los grandes creadores universales, lo cual se constituye en un mentís para aquellos críticos y analistas literarios "parricidas", que tratan de menoscabar la creación nerudiana, disminuyéndola de la posición que ocupa en el espacio poético. Si la memoria no nos traiciona fue Julio Cortázar, a quien Neruda le levantó la auto-estima, cuando lo visitó en vida en Isla Negra, y el escritor argentino le manifestó el temor que lo afectaba ante una crítica acerba que pretendía demeritarlo. El creador poético le replicó que a él ya no le preocupaba Se había tornado impermeable ante el demoledor y ácido cuestionamiento que recibió de innúmeros contemporáneos, los cuales fueron quedando en el camino y olvidados hacia el futuro.

Siempre ha ocurrido, con los denominados por el propio Neruda como "poetas celestes", que constituyen una tendencia, nacidos de un "trasnochado surrealismo", que apenas se articula en los niveles del automatismo que, aunque increíble, permanece presente en un grupo reducido de poetas contemporáneos, terriblemente hermèticos, acosados justamente por esta realidad degradante del entorno actual, lo que les ha imposibilitado convertirse en voces potentes y vigorosas. El mismo Neruda, en 1961, cuando fue incorporado como miembro honorario en la Facultad de Educación de la Universidad de Chile, manifestaba sorprendido que a estas alturas pervivieran "poetas afrancesados", evadidos de la realidad continental.

Ante la carencia de voces poéticas tan relevantes como en el pasado, en orden de establecer una comunicación florida con el lector, exteriorizando esas transmutaciones artísticas creadas a partir de motivaciones de la propia realidad terrígena y existencial del continente, y la presencia de voces hermèticas, tal vez producto de la problematizaciòn del hombre surgida en estos últimos 30 años ya descrita, Neruda permanece fresco y la recepción de sus versos iniciales que atienden al sentimiento, se mantienen todavía incólumes. Así se explica, que de su poemario publicado por primera vez en 1924, Veinte poemas de amor y un canción desesperada, se hayan publicado hasta el presente tres millones de ejemplares.

Con qué interés y sentimiento, hemos observado auditorios constituidos por obreros, trabajadores y estudiantes de diversos niveles de la chilena Imperial, de la Mérida venezolana, del Humacao portorriqueño, y de la mexicanas Veracruz y Orizaba, deleitándose con estos versos plenos de sensualidad, muy rítmicos, ubicando a la mujer en un nivel cósmico con imágenes diáfanas y sensoriales dentro de un lirismo armonioso.

Neruda dio, igualmente, una demostración de su capacidad creativa par incursionar en el surrealismo tan en boga en las primeras décadas del siglo XX, y cuyos más singulares representantes, admirados por el poeta chileno, fueron Mallarmé, Baudelaire, Apollinaire y Rimbaud. En esta creación surrealista-como lo indica el exégeta René de Costa-Neruda adopta el monólogo interior sin depender de la escritura automática como los surrealistas. Abandona el refinado sistema prosódico de la poesía hispánica; luego, se las arregla para combinar creativamente la libertad formal de la vanguardia literaria con mecanismos no artísticos, aparentemente elementales, como el paralelismo de unidades sintácticas, la modulación del verso, el poder organizador de las estrofas, y el uso sistemático del tema de la búsqueda para estructurar los quince cantos del poemario.

Esta creación nerudiana fue muy bien recibida por la vanguardia literaria, pero por su hermetismo, pronto fue olvidada.

Residencia en la tierra .Ésta , quizás sea la única creación aceptada plenamente por los admiradores de la expresión abstracta, de lo etéreo, de lo que no se contamina con la realidad social, política y terrígena del continente. Son aquellos admiradores de lo hermético, tanto dentro de la poesía como de la narrativa y de otras creaciones artísticas. Son quienes escriben para ser entendidos por rigurosos especialistas que se pierden en una diversidad de ismos. Son aquéllos que no logran comunicarse con el lector común del continente y después se lamentan de que: "la poesía no vende".

Es evidente que esta obra mantiene igualmente su vigencia en un mundo más angustiante de acelerada desintegración de la vida, época en que el acercamiento con la muerte es veloz y se ha convertido en un elemento tan masivo, que perdió esa consideración y majestad de antaño. Tal producción poética es evidentemente anti-lírica, donde empieza a surgir en Neruda el prosaísmo como una ruptura con la expresión tradicional, la cual se mantendrá hasta nuestros días en la poesía de lo cotidiano y en la denominada anti-poesía a partir de los inicios de la década de 1950.

Tanto en la primera Residencia, publicada en 1933, como la segunda de 1935, constituyen un todo, singularizado por las características antes señaladas.

Canto General. En 1950, Pablo Neruda difunde Canto General, una de sus obras cumbres, tal vez la más aludida y reseñada por las agencias internacionales periodísticas y literarias cuando recibiera el Premio Nóbel de Literatura en el año 1971. Al igual que la poesía amorosa inicial, ésta es una de las creaciones mejor recibidas por los jóvenes y lectores en general de esta contemporaneidad. Paradójicamente, se convierte en la más desdeñada por los críticos y creadores hermèticos, abstractos europeizados del presente, quizás por estimar a priori, que es una obra muy prosaica y de índole panfletaria de sus militantes o simpatizantes.

Como lo ha señalado brillantemente nuestro amigo y profesor de esta casa de estudios superiores, Salvador Morales, es semejante a la Biblia o al Popol Vuh. Es la historia de Amèrica mas develada y mas cercana a nosotros. Aquí, el poeta asume la función de un dios creador de un nuevo mundo, de esta América Nuestra, como diría el prócer y pensador cubano José Martí, desde sus inicios como globo terráqueo con su estructura telúrica, con sus cumbres, ríos y minerales, con la fauna y la flora y esencialmente con el ser americano, con el hombre de estas tierras. En seguida, surgen las Alturas de Machu Pichu, un capítulo, una unidad temática de extraordinario valor artístico, donde el creador se convierte en una figura mítica que desciende hasta las profundidades de la tierra, donde yacen las civilizaciones autóctonas en un sueño eterno. La pretensión del hablante poético es de despertarlos para preguntarles por sus vidas terrenales, por sus vivencias, por sus creaciones y el motivo de su desaparición, pretendiendo subir con ellos hacia las claridades para convertirse él en un cantor de esa América mítica. De esta suerte, el poeta transita por el tiempo detenido y el tiempo mítico.

Más adelante surgirán los hombres de: "la casaca y la peluca" con el arribo de los conquistadores, quienes vienen tras el oro, llamado "excremento de los dioses" por los aborígenes. Aquí, como a través de toda la obra, asumiendo la función del narrador épico, describe todas las "barbaridades" de los invasores, desde Hernán Cortés por México en el norte, hasta Pedro de Valdivia por el Chile austral.

A continuación, viene la presentación y elogio de los libertadores a partir de los líderes indígenas como: Cuauhtemoc, Tupac Amaru, Lautaro y los principales héroes de la independencia republicana, hasta arribar a los héroes civiles y luchadores sociales que surgen en el siglo XX : Zapata en México, Balmaceda y Recabarren en Chile, y Prestes en Brasil, entre otros.

Y la historia continúa con la descripción de una galería integrada por unos quince dictadores o "saurios", como los denomina el narrador poético, surgidos del reino oscuro del mar, vejadores y genocidas de sus propios pueblos. La narración del cronista épico se prolonga por quince unidades o capítulos, abarcando la historia hasta la etapa contemporánea, donde los personajes heroicos de la historia oficial se convierten en antihéroes, y los marginados y perseguidos adquieren el carácter de figuras protagónicas dentro de la historia americana.

Creemos que de muchos valores que ofrece esa magna creación poético-narrativa s que, a partir de la poesía, se crea una nueva historia fundante del continente plena de sucesos donde hace más de cinco mil años antes de Cristo, se presume que arribaron los olmecas por estos territorios, una de las civilizaciones más antiguas, las cuales no han sido registradas plenamente por los historiógrafos del continente. Al igual que la novela histórica que cumple esta función desde hace más tiempo, asistimos a este acontecer inusitado cuando un poeta en tiempos contemporáneos asume esta función con una de sus obras creativas.

Posteriormente, registramos a través de la creación poética nerudiana la presencia de una pensamiento auténticamente caribe-latinoamericano, que se inicia con el siglo XIX y que ha continuado representada, entre otros, por: Montalvo, Francisco Bilbao, José Martí, Rodó, José Vasconcelos, José Carlos Mariátegui, Manuel González Prada, la Mistral y Neruda hasta bien avanzado el siglo XX.

Hemos venido recomendando en esta gira cultural por México, el retorno de los jóvenes hacia la lectura con este texto, que por diversos motivos no tuvo la difusión plena como pretendió el propio autor, y que se hace necesario conocerlo en la totalidad, cualquiera sea la óptica del lector. Lo que interesa es el criterio interpretativo con que se aborde la lectura de esta obra magna nerudiana.

Con las Odas Elementales, publicadas en 1954, Neruda inicia un nuevo tipo de creación poética distinto al anterior, y que nuevamente sorprende a la crítica. Ahora surge en una perspectiva renovada, con un estilo simple de textos ligeros, motivados en elementos básicos del cotidiano transcurrir, como el agua, el aire, las comidas y los objetos del entorno. El discurso es de carácter prosaico y muy coloquial. Es, prácticamente, el hablado por el emisor común.

Con estos poemas, Neruda logra una mayor comunicación con una heterogeneidad de lectores. Alcanza tanto éxito que otras creaciones surgirán en 1956 con: Nuevas Odas Elementales; Tercer libro de las Odas, publicadas en 1957 y Navegaciones y regresos en 1959.

Durante 1958, con Estravagario acentuará la línea de lo cotidiano. Ofrece un nuevo discurso coloquial más hablado, irreverente y menos razonado que en las Odas. Aquí, el poeta baja del pedestal a la poesía, y a través de la ironía y del humor desacraliza su propia figura de autor poético.

Si en las Odas Elementales el poeta se convierte en un filósofo de la cotidianeidad, motivado por sucesos y elementos del entorno, en Estravagario se convertirá en un filósofo de sí mismo.

Tal poesía irreverente, cuyo principal creador e iniciador en Chile es Nicanor Parra-quien acaba de cumplir 90 años de edad- se ha denominado anti-poesía y hasta el presente, junto a la poética de lo cotidiano, pervive en la producción de creadores surgidos en estos últimos tiempos.

Recientemente, Nicanor Parra, en una entrevista concedida a un medio de comunicación chileno, reafirma su opinión valorativa sobre la producción poética general de Neruda, y a la distancia de los años transcurridos, señala que la incursión de Neruda en la anti-poesía a través de Estravagario, resultó sorprendentemente meritoria.

Estimamos que hasta aquí deben llegar, por ahora, nuestras observaciones sobre la poemática nerudiana. No faltará una próxima oportunidad para referirnos al período final de su creación poética, con la cual se encimó sobre los cincuenta poemarios. De todas maneras, las líneas iniciales se mantiene, ya sea la sentimental en poemas de la remembranza, específicamente en Memorial de Isla Negra, constituido por cinco libros editados en 19674; la política-social con ese poemario publicado en 1960 dedicado a elogiar y exaltar a la Revolución Cubana; en tanto, la existencialista junto a la cotidiana nunca las dejará de lado, incluso, hasta en sus obras publicadas póstumamente.

Como conclusión, para ir finalizando estas reflexiones en un espacio tan relevante como lo es el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, deseamos reiterar que Pablo Neruda, al igual que poetas de otros siglos, como Francisco de Quevedo y Villegas, Garcilaso de la Vega, Luis de Góngora, o narradores como Miguel de Cervantes, permanecerán vigentes por encima de los siglos porque fue un poeta universal que describió al hombre en su ser y accionar desde estas latitudes, como dirían ustedes, hermanos de México, en una lucha constante entre el águila y la serpiente; para agregar nosotros, una lucha entre el bien y el mal, entre la virtud y el vicio, entre la vida y la muerte, entre el ser y el no ser, entre la poesía y la anti-poesía, a partir de esa confrontación que iniciamos cotidianamente en el afán de alcanzar el logro de cada día
(Como un homenaje a Gonzalo Rojas, Premio Nacional de Literatura  de Chile y Cervantes de España, maestro insigne que tuvimos en  en la U. de Concepción en los inicios de la década de 1960; quien,  en estos días, se encuentra en Cuba, presidiendo el jurado de la edición 2008 del Premio Casa de las Américas, publicamos un trabajo de Marcelo Coddou, condiscípulo  nuestro en Concepción y durante años radicado en EE.UU, desde donde ha desarrollado una intensa labor en el campo del ensayo literario latinoamericano, al igual que otras figuras formadas en sus inicios por Gonzalo Rojas, como lo son Jaime Giordano, JaIme Concha y Ana Pizarro)

 


Proyección de Vallejo en la Poesía de Gonzalo Rojas
                                                                                                                                         
Por Marcelo Coddou
                                                                                                                                          Drew University

La poesía de Gonzalo Rojas se nos ofrece como una rigurosa y elaborada conciencia autotextual que, entre otras manifestaciones -por ejemplo-, el cruce de múltiples modalidades discursivas, encuentra, en el diálogo que ella establece con la obra de otros poetas, una forma de realización que te lleva a lograr una sorprendente singularidad de voz. "Desde los veinte años Rojas no se parece más que a sí mismo", ha dicho José Emilio Pacheco, y ha dicho bien (1) -según lo reconoce el mismo poeta dicho bien. Mas, para el logro de tal originalidad mexicano-, Gonzalo Rojas se nutrió de una atenta lectura de mucha poesía, desde los clásicos de la latinidad, hasta los fundadores de la vanguardia, de Europa y América -concuerdo con Julio Ortega cuando dice que el chileno es "el gran heredero latinoamericano de las vanguardias"-(2), en un proceso que pasa por la asimilación morosa de los monumentos mayores del Siglo de Oro español. Por el camino de todos ellos es que entra en el portento del gran juego verbal y el espacio imaginario de la poesía. (3)

Hemos escrito en otro plazo sobre la presencia de Quevedo en Gonzalo Rojas y algo que entonces sostuviéramos cabe extenderlo a las sugerencias que ahora deseamos hacer acerca de las proyecciones que de César Vallejo se percibe en el pensamiento poético del autor de Contra la muerte (4). Cuando hablamos de proyecciones queremos establecer un deslinde muy nítido con "influencia". Harold Bloom -pensando en esta útima- (5), opone "poeta sólido" a "poeta efebo". Éste es quien absorbe las virtudes magistrales del mayor, en actitud contestataria encaminada a obtener un efectivo distanciamiento posterior. No es así en el caso que nos preocupa, donde lo que vamos a encontrar, más bien, es un diálogo que se configura en niveles múltiples: obsesiones recurrentes, la concepción misma del poetizar en direcciones varias y singularidades expresivas, fundamentalmente las de índole sintáctica que, surgidas desde la sustancia del contenido, se insertan en modalidades de tal índole en el enunciado lírico.

Quizás sea útil comenzar por puntualizar la constelación de autores a la cual adscribe Gonzalo Rojas su propio designio. Limitémonos a los chilenos. Tal adscripción va desde el reconocimiento explícito de discipularidad -en el sentido noble y profundo del término-, a la mención de preferencias o el gesto disidente y, en casos, hasta de franco distanciamiento. Como él mismo ha sostenido: "todo poeta es un ser atrapado en una relación dialéctica (transferencia, repetición, error, comunicación) con otro u otros poetas" (6).

Con los cuatro pilares de la poesía contemporánea de su país natal -la Mistral, Huidobro, Neruda, De Rokha-, el discurso lírico de Rojas guarda proximidades y diferencias. No sólo es posible el estudio intertextual que aquilate tales conexiones -el citado Pacheco acierta cuando señala que el poeta "aprendió de todos ellos"-, sino que contamos también con pronunciamientos reflexivos, de hondo carácter exegético, intentados por él frente a cada uno de los mayores (7).

Algo análogo, siempre con respecto a la poesía de Chile, es lo que sucede con su paso fugaz por la Mandrágora -proyección chilena del surrealismo o, mejor repetir con Lihn, surreachilismo-, en cuanto el poeta de Transtierro establece con nitidez lo que al movimiento le acercara y luego alejaría. Sobre las proyecciones del propio trabajo de Rojas en los poetas chilenos que le siguen contamos con el estupendo ensayo de Jaime Giordano, "GR: su diálogo con la poesía chilena actual" (8). Atento siempre a lo que constituye el quehacer persistente de la literatura de su patria -aún en momentos de tanta adversidad como los que le significara el plazo negro de la dictadura pinochetista-, Gonzalo Rojas ha dado su personal testimonio en ensayos medulares. Sin duda que su propuesta más significativa es la que ha formulado en el texto inicialmente titulado "Los compañeros" (así en Contra la muerte) y luego, a partir de Oscuro, "Al fuego eterno", en que el grupo de los elegidos –"recuento arbitrario de nombres espigados entre los posibles herederos de la dinastía cuyas figuras príncipes son los cuatro del fundamento"- (9), lo conforman Braulio Arenas -cambiado por "alguno" en Del relámpago-, Eduardo Anguita, Jorge Cáceres, Nicanor Parra, Enrique Lihn, Oscar Hahn, Gonzalo Millán, David Turkeltaub y Raúl Zurita.

No podemos ahora extendernos en consideraciones sobre los lazos entre nuestro poeta y los latinoamericanos, para concentrarnos, como es nuestro proyecto, tan sólo en Vallejo. Habría que ver, por ejemplo, la relación importantísima que su quehacer escrituras guarda con Darío, considerado por Rojas, como lo hiciera Paz, en su filiación romántico-simbolista y así, en conexión con el movimiento de las vanguardias y sus proyecciones (10). Llenaría muchas páginas el recuento de filiaciones, afinidades y preferencias. Lo que se concluiría de tal examen sería una constatación más de los aciertos de la crítica actual cuando concibe que "todo texto -inevitable resulta recordar a la Kristeva-, se constituye como un mosaico de citas: "todo texto es absorción y transformación de otros textos. Razón por la cual en lugar de la noción de intersubjetividad se coloca la de intertextualidad, y el lenguaje poético se lee, por lo menos, como doble". Y por este camino es que llegaríamos a la conclusión -como le sucediera a su mejor estudiosa, Hilda Ray- de que quien ha pesado con más fuerza en Gonzalo Rojas ha sido Vallejo, por ser éste el más próximo a su talante(11). Y, así, ver la conexión Vallejo-Rojas significa ir más allá de la propuesta de Segres de interdiscursividad (12), ya que no se trata sólo de la opción de establecer las relaciones de poemas concretos en todos los enunciados discursivos registrados en la cultura que ambos escritores comparten, sino, muy directamente, según insinuábamos, de interrelaciones comprobables entre textos de un poeta modelo, fundacional, y otros de un poeta en disposición discipular. Quizás hasta en no pocos casos sea posible hablar de verdadera transcodificación, fenómeno estético definible como inclusión o transformación de un texto dado de elementos de contenido o forma de otros textos: cambio de sentido producido por cambios de código, mecanismo que soporta –según la propuesta de Lotman-la producción del sentido. Pero llevar nuestro propósito en tal dimensión excedería con mucho los intentos modestos de esta Nota.

Un modo posible de ordenar en esquema la relación interdialógica que proponemos puede ser la que considerara aspectos como los siguientes: concepto de la literatura y su función, niveles de realidad poetizados, imágenes del yo lírico, componentes de la enunciación. Impedidos de tocar tan siquiera cada instancia -quede formulado el proyecto-, digamos algo de los enlaces vislumbrados en uno o dos componentes de tal esquema de trabajo.

Pero, antes, cómo no recordar ese poema clave -para los fines de un intento como éste que Rojas titulara "Concierto", en que invoca la suma de sus preferencias más marcadas, a partir de la afirmación inicial, "entre todos escribieron el Libro", y en que se mencionan Rimbaud, Lautréamon, Kafka, Vallejo -Claro-, Shakespeare, Pound, Nietzsche, San Juan, Kavafis, Sade, Bataille, Breton, Swedenborg, Artaud y Hölderlin, para terminar con Celan. Y otra afirmación suya, ésta muy reciente, en página preciosa dedicada al centenario del poeta peruano en la que leemos: "obseso de Vallejo, le he visto muchas veces en el destello más insólito. En París, por ejemplo, el 53, hace ya tantos años, con sus 15 de difunto bajo la lluvia, la mañana aquella que se me apareció de golpe en el ángulo del bistró, humeante la taza, en diálogo hondo con Celan, ese otro invisible de los muelles del Sena" (13).

Interesante la tríada ésta -Vallejo, Rojas, Celan-. El punto de convergencia máxima (hay otros), creo verlo en una concepción de la poesía que no puede hacerse portavoz de ninguna verdad y que, en su lugar, se vuelve sobre el discurso mismo. Dice Geisler, exegeta hábil de nuestro escritor: "dentro de la lírica alemana del siglo XX Celan es el poeta de la construcción áspera por antonomasia" (14). ¿No cabe decir lo mismo con respecto a Vallejo y Gonzalo Rojas en el ámbito de la poesía hispana? Proximidades fáciles de percibir entre los tres: importancia del encabalgamiento, empleo de palabras inusuales o "extrañas", destrucción de la univosidad del sentido frente a la univosidad del ritmo. En suma: valoración de la escritura enigmática.

Y aquí algo preciso: rasgo caracterizador de Vallejo, notable desde Trilce y plenamente utilizado en Poemas Humanos y en España aparta de mí este cáliz, es, en efecto, la cesura, una de cuyas formas puede considerarse el encabalgamiento, que dijimos abunda también en Celan y Rojas. Pausa interior secundaria de las composiciones métricas -junto a la pausa terminal o versal- la cesura indica que todo lo dicho no ha podido decir aquello que se ha querido decir y que ahora hace falta parar el discurso para dejar lugar a un cambio. Lo que se desprende de la dicción de los tres poetas es que si la poesía quiere realizarse como tal, ha de estorbar el discurso, creando faltas de cohesión, algo que muy bien define el lenguaje lírico del autor alemán y de los dos hispanoamericanos. "Una de las cosas que me maravilló del poeta Paul Celan justamente -ha declarado Rojas- fue aquel trato suyo con la palabra cortada, escindida, separada. Supo cortar la sílaba con una eficacia máxima" (15). Y su poema breve "Ejercicio respiratorio" constituye buen ejemplo del concepto tan vallejiano también, de fragmentariedad del mundo, poema que ofrece, a la vez, una construcción despedazada, denunciando su estirpe que llamaríamos trilceana.

Hay en Gonzalo Rojas -sosteníamos-, rasgos sintácticos que se repiten hasta ser los más característicos de su ideolecto: la pregunta reiterada, la exclamación abundante, los dialogismos expresivos, las novedosas coordinaciones en la frontera entre verso y verso, el movimiento nunca predecible de las frases, la rebeldía, en fin, ante las pautas de construcción discursiva "normal". ¿Cómo no apreciar en todo ello la proximidad a Vallejo? Cada rasgo -y esto ha sabido verlo crítico lúcido como es Gonzalo Sobejano- (16), constituye síntoma de ese clamor o ansia interrogativa que, reventándolo de fuego emocional hace al sujeto lírico de la poesía de Rojas, tanto como éste los hace a ellos. Y lo que es descripción válida de la modalidad escritural de Rojas, lo es también del poeta de Trilce. La sintaxis del hablante denuncia por sí sola -en los dos-, ese carácter de búsqueda dramática del sentido de la existencia del hombre -del hombre y su miseria-, que esta poesía pretende, en dirección y hondura que la hermana a la de Vallejo.

José Bergamín, en el famoso prólogo a la edición madrileña de Trilce acertó al señalar que una de las cualidades esenciales de la poesía de César Vallejo era su "arraigo idiomático castellano". Ése que el español definiera como "la espontaneidad de su lenguaje originario", en que se relaciona la poesía del volumen vallejiano con los poetas de la vanguardia española, Salinas, Guillén, Lorca, Alberti, y por otro lado le da su carácter distinto, original, esa "autenticidad" que admiraba Bergamín y que Gonzalo Rojas asume, por su lado, como propiedad muy suya. En los dos algo que Ángel Valente subraya: "el empleo de un lenguaje que trata de conllevar un máximo de posibilidades de comunicación, que no quiere encerrarse en los moldes del lenguaje poético tradicionalmente aceptado como tal y lo rompe en busca de una expresividad más libre que va a beber en el léxico, en la frase o en la metáfora coloquial". Hecho éste que puede analizarse desde opciones varias, pero que aquí propongo entender del modo que a continuación señalo.

Es así: un componente muy caracterizadoramente vallejiano del estilo de Rojas consiste en traer de la lengua común hipogramas que la retórica establecida hace incompatibles con los temas poéticos del texto y que, sin embargo, son utilizados en la producción de signos parciales o totales de éste. Podría multiplicar los ejemplos: me limitaré a uno de Vallejo y a otros pocos de Rojas. En el peruano la matriz de donde procede Trilce XXIII -ese que comienza 'Tahona estuosa de aquellos mis bizcochos/ pura yema infantil innumerable, madre"-, es la frase hecha "hacer(se) harina" (17) conversión del cuerpo en polvo, que el poema metaforiza como una molienda, para producir el contenido "muerte". Este uso de la cita de una frase del dialecto popular atrae al texto vallejiano una cotidianidad liviana, inaceptable en el contexto que la tradición quiere hierático y solemne cuando se refiere a la muerte de la madre. En Gonzalo Rojas un procedimiento así es de frecuencia inusitada: en uno y otro poeta esa yuxtaposición de niveles provoca gran estremecimiento en la lectura, se constituye, precisamente, en uno de los resortes fundamentales de la eficacia poética de los textos. En Rojas, como en Vallejo, son muchas las veces en que hay una distancia extrema entre el refinamiento o la importancia del contenido del texto y la humildad, diríamos, de los materiales utilizados como hipogramas suyos.

A este propósito vale conocer lo sostenido por el propio Rojas: "El contacto con el lenguaje original -se refiere a los discursos del habla coloquial-, es importante, porque en mi caso, pudiendo haberme quedado en las afueras de Chile, siempre vuelvo. Vengo a oír a la gente junto a la infancia, la patria de los poetas es su lenguaje. todo el murmullo, los modismos, esa vivacidad atropellada, esa desvocalización, esas mutilaciones expresivas, son necesarias para mi oreja" (18) , afirmaciones éstas que hacen recordar de inmediato tantas otras análogas y muy conocidas de Vallejo.

Y si pasamos a otro nivel de análisis, ahora uno temático, nos encontramos con que la obra de Vallejo acepta a cabalidad la proposición de que la patria del poeta es su infancia, según insistentemente lo propusieran Hölderlin y Baudelaire, lo reflexionara con hondura Bachelard y lo repite el mismo Rojas, según recién constatábamos. Si del escritor peruano uno recuerda de inmediato textos de sus dos libros de poesía publicados en vida, de Gonzalo Rojas podemos mencionar, a lo menos, "Carbón", "Conjuro", "Ars poética en pobre prosa" y "Orornpello". "Carbón" es una mirada ensoñante a la infancia; la de "Orompello" es la del duelo, del hambre, del quebranto, "el plazo de una orfandad un poco vallejiana", según apunta el propio autor. En algún momento para ambos el espacio feliz del hogar constituye ámbito de protección frente a los acosos a que se expone el ser adulto. Y su reencuentro se logra en esa actividad psíquica conceptualizable como proceso mnémico: la memoria como sustituto, como subrogante y connotación de algo que se ha perdido (19). En los dos, "un puro hogar de la vida, de vida primera, de vida humana primera" (Bachelard), en un sueño que nos lleva a ella (pienso en "Carbón"). Y también en los dos tina mirada más mítica que estrictamente biográfica o psicológica, aunque puedan instaurarse estas perspectivas como también operantes. Lo que significativamente subsiste es una fidelidad a la infancia trascendida, en el sentido que sugeríamos. El golpe de la orfandad temprana, más temprano en Rojas que en Vallejo, será decisivo en ellos, al situarlos en el desamparo y ofrecerles una elección a partir del riesgo. No cito de Vallejo por más estudiado. De Rojas este fragmento de "El abismo llama al abismo", estremecedor poema de La misma del hombre.

"fui azotado
en mi niñez por la peste divina
estoy presto a morirme,
en defensa de todo lo que nunca mi lengua
pudo decir del viento de mi niñez perdida"

Lamento no disponer de más tiempo como para seguir sugiriendo otros modos de proyección de Vallejo en Gonzalo Rojas. Termino citando esta afirmación reciente del poeta de Oscuro -es de hace tan sólo unos días- "de Vallejo venimos todos los de allá y los de acá (quiere decir de Hispanoamérica y de España) como antes de Quevedo o Juan de Yepes, y no cesamos de seguir viniendo" (20).

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