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Esta Sección tiene como objetivo reflexionar  en torno  a nuestra historia patria chilena, la cual  ofrece  un vacío  en algunos aconteceres que  han sido escasamente visualizados en siglos pasados y que se hacen necesarios conocerlos, a cabalidad, por las nuevas generaciones, como por ejemplo,"La Guerra a Muerte "(1818-1822) o la llamada  "Pacificación de la Araucanía". (Siglo XIX)    


                        En el 230 aniversario del natalicio

                            Bernardo O’Higgins y sus vinculaciones juveniles venezolanas

 

                 Reinaldo Villegas Astudillo                

                 Miembro de la Asociación de Escritores de Carabobo

                 Cónsul Honorario de Chile en Valencia

 

 

                  Cuando este 20 de agosto se está cumpliendo el 230 aniversario  del natalicio del prócer máximo de la Independencia de Chile, que culmina el 5 de abril de 1818 con la gloriosa gesta de la batalla de Maipú, quisiéramos referirnos  en tal ocasión a estos aconteceres, no con las expresiones manidas de los actos oficiales, donde predomina el discurso decimonónico, en el cual  se utilizan  epítetos  reiterativos, vinculados con el honor, la heroicidad y otros conceptos similares, donde llegan a surgir comparaciones hasta con personajes mitológicos del mundo antiguo. Simplemente, anhelamos aludir  a los vínculos que el patriota chileno,  -“ser de carne y hueso”- tuvo con el Precursor de América, el venezolano Don Francisco de Miranda y  el Canónigo  chileno, José Cortés de Madariaga, quien participó activamente  en el inicio del proceso independentista  venezolano, ocurrido el 19 de abril de  1810.

 

               O´Higgins, a los 21 años de edad, conoce a Miranda en Londres, quien frisaba ya en  una, cercana a los cincuenta, cuando este hijo del virrey español, con asiento en Lima de origen irlandés al servicio de la corona peninsular y de doña Isabel Riquelme, distinguida dama chilena ,oriunda de Chillán, se encuentra en una situación desesperada, por cuanto los recursos económicos  enviados por el padre, que le permitían vivir holgadamente  como estudiante en la Academia Católica de Richmond, habíanse acabado por la mala administración ejecutada  por sus apoderados en Londres, los comerciantes en relojes Enmanuel Perkins y Samuel Spencer,  de origen judío,  a quienes  les traspasaba el dinero recibido desde Cádiz, don Nicolás de la Cruz, quien en años anteriores había estado radicado en la ciudad chilena de Talca.

 

               Francisco de Miranda, en su primer acercamiento  con el joven chileno, funge como profesor de Matemáticas, sin embargo el encuentro inicial de estas dos figuras protagónicas de la historia del continente, se trasforma en una relación presidida por los valores y el ideario que configura el pensamiento  del venezolano, procedente de una vertiente revolucionaria y que atienden en un futuro próximo , de llevar a cabo el proyecto de independencia en todas las colonias americanas, situadas al sur del Río Grande. Y sobre la base de este discurso, emerge  en el joven Bernardo su condición  de “criollo”,  que le surge por todos los poros , dejando de lado el modelo de “gentleman “ británico que pretende otorgarle su  progenitor con una formación británica.

 

                 Miranda auxilia a O´Higgins, con algunas cuentas menores que lo agobian  y decide acompañarlo hasta la residencia de su tutor  Nicolás de la Cruz en Cádiz, dialogando permanentemente cada día que transcurre en torno al proceso independentista, que el discípulo deberá acometer en cuanto retorne a la patria nativa chilena.

 

                   Antes del regreso  a Chile, O´Higgins se encuentra con  el Canónigo Cortés de Madariaga, primo de otro futuro héroe nacional como lo fue don José Miguel Carrera, quien por esos días permanecía en casa de De la Cruz, esperando el velero que lo conduciría a su tierra chilena para hacerse cargo de una parroquia eclesiástica  en Santiago, después de permanecer en España dos años, dirimiendo una engorrosa situación surgida con la Inquisición..

 

              Es en Cádiz, donde el Precursor conoce al canónigo Madariaga, cuando le es presentado por O´Higgins. De inmediato, la personalidad y el carisma  de Miranda arroba el pensamiento del clérigo, tal cual había ocurrido con el anterior discípulo  La admiración de este joven sacerdote , de 33 años de edad, a quien lo embelesa la propuesta de Miranda de contribuir a la liberación del continente de los centros imperiales europeos.  O´Higgins inicia el regreso a Chile, dispuesto a abrir cauces para la lucha  que se ha propuesto; en tanto, Cortés de Madariaga  continuará dialogando con Miranda, hasta que éste le propone  el cambio de su destinación. Le solicita que modifique el retorno a América, cambiando el destino asignado por el Vaticano desde   Santiago a Caracas. El religioso acepta. Miranda inicia los trámites a través de Manuel Mallo, colombiano muy amigo de Esteban Palacios , tío de Bolivar, quienes integran  la Guardia de Corps de la Reina Cristina. Mallo estaba tan cerca de la monarca, que algunos historiadores coinciden en señalar  que pudo haber sido  “uno de los amantes” como  lo era el primer ministro Manuel Godoy, quien por celos “habría ordenado su desaparición física”.

 

            Después de un tiempo de espera, reciben la resolución papal solicitada  y aceptada , donde se manifiesta  que el canónigo chileno es definitivamente destinado a una parroquia de Caracas, De esta suerte, en junio de 1803, se embarca Cortés de Madariaga, en otro velero, rumbo a La Guaira para en seguida arribar a Caracas y hacerse  cargo de su nueva misión  eclesiástica. Desde el primer día y hasta el 19 de abril de 1810,  el canónigo se infiltra en el gobierno imperial español, siguiendo las instrucciones del Precursor hasta que irrumpe en el Cabildo caraqueño en la mañana del 19 de abril  del año ya citado, para conminar a los vecinos  de Caracas  con el objeto que le digan : NO  al Gobernador, cuando éste le consulta al pueblo, si desea  que permanezca  en la capital de la Capitanía General de Venezuela.

 

         Por su parte, Bernardo O´Higgins al regresar al lar nativo, se ha dedicado primeramente a menesteres agrícolas, administrando la Hacienda “Las Canteras”, heredada de su padre. Se integra asimismo a la vida familiar con su progenitora Isabel y la hermana Rosa Rodríguez. Posteriormente, participa desde la provincia en la constitución de la Primera Junta Nacional de Gobierno, instalada el 18 de septiembre de 1810. Luego, es electo diputado hasta cuando pudo, para enrolarse de inmediato en el ejército patriota. Con una gran osadía se enfrenta a las fuerzas españolas en las dos instancias, constituidas por la Patria Vieja y la instancia final que significó la derrota de las huestes peninsulares. Una gran muestra de heroísmo dio en el asedio de Rancagua, desde donde salió junto a la tropa que comandaba  en medio de un constante fuego, que en ningún momento debilitó su coraje. Posteriormente, al regreso de Mendoza donde se reacomodaron las fuerzas chilenas, obtuvieron los triunfos decisivos de la Patria Nueva, como lo fueron en Chacabuco y Maipú.

 

           Hoy, desde estos lares venezolanos, hemos querido relevar una vez más esta primigenia vinculación de Chile y de Venezuela, la cual se inicia muy tempranamente en tiempos pre-republicanos, en torno a la relación  que se establece entre estas tres figuras de primer orden, precursoras e iniciadores de la constitución de ambas repúblicas, proyectando el ideario mirandino: Cortés de Madariaga en Venezuela y Bernardo O´Higgins en Chile sobre la base de la concreción de un proyecto libertario, ideado y motivado por ese grande hombre venezolano: El ilustre Don Francisco de Miranda, lo cual explica la tan íntima relación de estas dos patrias continentales, en poco más de dos siglos, lo cual ha significado  una lucha permanente por preservar y consolidar  el concepto de República como tal, inherente a un sistema plenos de libertades, donde la persona humana  se realice plenamente.

 



 

                

José Cortés de Madariaga
Reinaldo Villegas Astudillo

   

Uno de los poetas más jóvenes que concurrió al Encuentro Internacional de Poesía, auspiciado por la Universidad de Carabobo de Valencia, a fines de noviembre del año pasado y quien destacó por su voz poética fresca, rítmica y profunda pertenecía a la etnia guajira, nacido y criado en la localidad colombiana de Río Hacha. Consultado por nosotros, si había oído mencionar el nombre del prócer José Cortés de Madariaga, quien falleció en ese lugar en el año 1826, lo ignoraba completamente. Sin embargo, demostró un inusitado interés cuando le referimos los pormenores de la existencia y de la figuración que había tenido en los episodios suscitados el 19 de abril de 1810 y que dieron inicios al proceso que conduciría a la independencia de lo que sería años después la república de Venezuela. El creador poético quedó tan impresionado, que de inmediato prometió de regreso a la tierra nativa de motivar a las autoridades y a los entes históricos-culturales de Río Hacha para redescubrir a tal egregio personaje chileno-venezolano, perdido por la historia oficial en diversos puntos del continente.

Don José Cortés de Madariaga era el menor de doce hermanos d el matrimonio constituido por don Francisco Cortés Cartavio y doña Mercedes Madariaga Lecuna y Jáuregui, ambos provenientes de conspicuas familias –como lo señala el historiador Benjamín Vicuña Mackenna en la obra: El tribuno de Caracas, publicada en el siglo XIX- las cuales junto a otras como los Errázuriz, los Irarrázaval y los Gandarillas entre otras, provenientes de España directa o indirectamente, a través de otras colonias, se habían instalado en Chile usufructuando de los bienes que les otorgaba el Rey por medio del sistema de encomiendas a connotadas figuras que decidieron trasladarse del viejo continente a los territorios de ultramar. Tempranamente, casado ya con doña Mercedes, el progenitor del futuro canónigo había fundado la localidad de San Francisco de la Selva, transformada más adelante en la floreciente ciudad minera de Copiapó, situada en el norte de Chile.

Don José Cortés de Madariaga nació el 8 de julio de 1766.Aunque su salud fue precaria en la infancia, se caracterizó siempre por un carácter vivaz e impulsivo. Como el hermano mayor, Francisco y una hermana, Encarnación sintió el llamado de Dios y se incorporó en el seminario de Santiago. Alrededor de 1788, se ordena como sacerdote. Es designado luego como presbítero en San Lorenzo. Con posterioridad se inscribe en la Real Universidad de San Felipe, donde permanece hasta alcanzar el doctorado en 1798.A pesar de que es un protegido del obispo Alday, debe enfrentarse con un sobrino suyo, el eclesiástico Miguel de Eyzaguirre en la aspiración que ambos tienen por la cátedra de Decretales. dado que los dos postulantes presentan los mejores antecedentes y las más importantes influencias ante la Real Audiencia, Ante tal situación planteada, la institución colonial decide traspasar tal decisión al propio Rey y Consejo de Indias. Los aspirantes a la cátedra se desplazan a Madrid y después de dos años de mover sus respectivas recomendaciones e influencias, las autoridades madrileñas toman la decisión de no concederle la cátedra a ninguno de los dos. Y por Real Cédula del 17 de agosto de 1800, se acuerda en cambio otorgar la fiscalía de Lima al doctor Eyzaguirre y a don José Cortés de Madariaga, una prebenda en la ciudad de Santiago, de donde era originario. Señala, Vicuña Mackenna que en estos arreglos tuvo participación preponderante, Manuel Mallo, el colombiano –agregamos nosotros- que en la juventud había residido en Caracas, ciudad en la cual su padre ocupó un cargo colonial. Ahí, Mallo hizo una gran amistad con Esteban Palacios, hijo de don Feliciano, abuelo de Bolívar. Con posterioridad, Manuel Mallo se traslada a Madrid donde se incorpora a la Guardia de Corps, círculo íntimo de la reina María Cristina, cuando reinaba el decadente Carlos IV, su cónyuge y el amante oficial, Manuel Godoy, ejercía de Primer Ministro, más conocido como “Príncipe de la Paz”. Algunos historiadores, manifiestan que Mallo se constituyó en otro amante de la reina, lo cual le habría significado la muerte, ordenada por Godoy. Por años, igualmente, Esteban Palacios integró este círculo, dilapidando en parte la fortuna de su familia.

Durante la permanencia en España, el canónigo Madariaga conoce e intima al igual que su paisano Bernardo O´Higgins con don Francisco de Miranda, muy admirado por los jóvenes latinoamericanos que por diversos motivos han acudido a Europa. Madariaga y el futuro libertador de Chile coinciden en Cádiz, donde reside don Nicolás de la Cruz, chileno que en calidad de apoderado tenía la tuición del joven americano mientras residiera en Europa por orden del padre, el virrey del Perú, don Ambrosio O´Higgins. Tanto Madariaga como O´Higgins admiran a Miranda y reciben las instrucciones para desarrollar la acción libertaria futura en el continente americano: Los dos se incorporan a las logias masónicas creadas por el Precursor. Madariaga lo hace en Cádiz y O´Higgins con seguridad posteriormente en la logia Lautaro de su país natal, que él organiza después de su partida de España, que ocurre en el año 1801.En tanto y esto lo afirma el historiador venezolano Arístides Rojas, don José Cortés de Madariaga, apoyado por Miranda y a raíz de haberse producido una vacante en Caracas, le escriben a Manuel Mallo a fin de que logre a través de sus influencias, el cambio de la canonjía a ejercer por Madariaga en la capital colonial de Chile, por la Canonjía de la Merced de la catedral de Caracas. Logrado tal objetivo, el canónigo viaja en 1803, con instrucciones de don Francisco de Miranda, tomando posesión en junio del mismo año del cargo eclesiástico en Caracas.

Es indudable que el canónigo Madariaga, durante siete años se infiltró dentro de las autoridades coloniales españolas en favor de la causa libertaria hasta irrumpir en la sesión que presidía el Gobernador colonial, Emparan, justo cuando le consultaba al pueblo reunido si deseaba que continuara en el poder. Y desde atrás, donde se hallaba situado el canónigo, éste hizo el gesto histórico con el índice de la mano derecha, indicando el NO inmortalizado por la historia. De inmediato , se nombró a la Junta de Gobierno y don José Cortés de Madariaga , formó parte de ella en calidad de representante del clero.

El 21 de diciembre de 1810, es comisionado el ilustre canónigo para dirigirse a Colombia, representando a la Junta de Caracas a fin de establecer las mejores relaciones con el gobierno naciente, presidido por Jorge Tadeo Lozano. El viaje lo realiza por tierra, deteniéndose en San Carlos, donde se entera de la decisión de nominar a don Francisco de Miranda como Teniente General de los Ejércitos patriotas. En esta oportunidad, en una sesión de la municipalidad se esa villa llanera ,expresa lo siguiente, en torno al Precursor:

“La mano invisible nos ha conducido al hombre que necesitábamos: devuelve a los patrios lares al genio extraordinario de la guerra y del consejo: Miranda está entre nosotros. La injusticia, la barbarie del antiguo régimen persiguieron a ese hombre cuyos talentos pudieron emplearse con utilidad, pero cuyo carácter no era de aque- llos tiempos : su probidad no podía estar entre malvados. Su alma republicana se hizo para estos días. Jamás el valor y la pericia combatieron por causa más justa ni más bella. Yo me glorié de ser americano cuando vi, cuando traté a este hombre Esto era lo que necesitábamos. Nuestros jóvenes están llenos de ardor marcial; la idea halagüeña de la libertad ocupa su noble alma: su corazón se ha hecho para una de las grandes pasiones: el amor a la libertad; pero necesitaban un General co- mo Miranda que los condujese a la victoria; de un republicano, que les inspira- se el amor a las virtudes republicanas . Ya lo lograron; ya está al frente del ejérci- to. Hoy he venido a anunciaros esta plausible nueva”.

Luego, en Mérida protagoniza una confrontación con el obispo, Santiago Hernández Milanés, quien desde el púlpito y sobre la base de edictos aboga por la restitución del gobierno español. El prelado lo excomulga ante la férrea defensa que hace de los nuevos gobernantes, el eclesiástico caraqueño. El seis de marzo de 1811, arriba a Bogotá, lugar en que se radicó por espacio de tres meses. Cumplida tal misión, inició el regreso a la capital caraqueña con un acuerdo suscrito entre ambas futuras repúblicas y la suma de doscientos cincuenta mil pesos que Cundinamarca remitió a los hermanos del gobierno vecino.

El viaje de retorno fue muy original y emocionante. El Canónigo Madariaga lo llevó a cabo por una vía fluvial desconocida en aquellos tiempos: Abordó una embarcación en el río Negro Prosiguió por el Meta, luego se incorporó al Orinoco; en seguida se internó por el Apure hasta llegar a Calabozo por el Portuguesa. Tal hazaña tuvo un fuerte impacto en los círculos científicos de la época. De acuerdo con lo que expresa Nicolás Perazzo en su obra: Josef Cortés de Madariaga (Padre Madariaga), citando a Manuel Palacio Fajardo, autor de la obra Bosquejo de la Revolución en la América Española, editada en inglés ,francés y en alemán, la cual alude a esta hazaña del padre Madariaga, llegó inclusive a conocimiento del Barón Alejandro de Humboldt, quien hace alusión en sus escritos muy posteriores a su viaje por estas regiones equinocciales de América.

Las desgracias le sobrevienen al Canónigo chileno, cuando Domingo Monteverde, jefe de las huestes realistas provoca la capitulación, previo un armisticio, que firma el Generalísimo Francisco de Miranda, a fin de lograr el respeto por los vencidos de parte de los españoles. Sin embargo este mal nacido militar peninsular, cuyo recuerdo ha sido y será una de las más grandes ignominias de la historia hispánica de América. No cumple con lo prometido y ordena encarcelar al grande hombre venezolano, de estatura universal. Lo encierra en las mazmorras de un velero anclado en La Guaira, cuyo destino es Cádiz, específicamente la cárcel de “La Carraca”, donde sin recibir el apoyo de nadie, muere dolorosamente el precursor de América. Por su parte Cortés de Madariaga corre igual suerte junto a otros patriotas, entre los que se encuentran: Juan German Roscio, Francisco Isnardi, José Barona, Juan Pablo Ayala, José Mires, Juan Paz del Castillo y Manuel Ruiz, a quienes Monteverde los designa con el apodo de “monstruos”. Son encarcelados en otra nave que los conducirá al presidio de Ceuta, situado en el norte de Africa. Transcurridos cuatro años de encierro, el canónigo Madariaga retorna a la patria venezolana. Lamentablemente, el clérigo por la apasionada admiración que profesa por Miran da, no reconoce el surgimiento de una nueva figura, como lo es Simón Bolivar. Este le envía algunas misivas para incorporarlo a la lucha unitaria, pero el canónigo no responde y se presta para organizar el congresillo de Cariaco, en 18l7, el cual es liderizado por el general Santiago Mariño, conformado por una decena de integrantes presidido por Francisco Javier Mayz. Esta acción es para desconocer en parte el liderazgo de Bolívar, quien se encuentra instalado en Angostura. Fracasado tal conclave, el Libertador patentiza el poder que ostenta expatriando al chileno-venezolano, quien se dirige hacia Jamaica, donde ejerce una representación diplomática de Buenos Aires y de Chile. Tampoco tuvo éxito en este accionar. Posteriormente, aparece en Colombia, integrando las huestes del coronel Mariano Montilla, quien intentaba conquistar definitivamente la zona comprendida entre Santa Marta y Cartagena, lo cual se logra en 1821 con la ocupación de este último punto geográfico.

Los últimos años de su existencia los vive en Río Hacha, desde donde reclama el derecho a la canonjía de Caracas, la cual le había sido usurpada en 1819. Santander le ofrece el cargo de déan de la catedral de Santa Marta, pero la rechaza y prefiere quedarse en la localidad guajira hasta el término de sus días, lo cual ocurre el 26 de marzo de 1826.

Creemos que en esta fecha en la cual se conmemora el 193 aniversario de esta primera gesta patriótica venezolana, que además de los discursos tan verbalistas, que se estilan para tal ocasión sería de justicia, mirando ya hacia el bicentenario que las tres repúblicas, Chile, Colombia y Venezuela en conjunto y en sus respectivos territorios relevaran la memoria de esta insigne figura, entregado a la causa venezolana y americana construyendo algunas obras escultóricas y de otra naturaleza artística, para recordar su figura , especialmente en Chile y Colombia, donde prácticamente su recuerdo ha desaparecido y se hace necesario recuperarlo para que las nuevas generaciones se reencuentren con un héroe latinoamericano tan eminente como este eclesiástico chileno-venezolano, que tanto contribuyó con la independencia de Venezuela y Colombia, naciones tan representativas del continente y que prácticamente ofrecen una historia común., dese sus orígenes republicanos.

Textos bibliográficos consultados

1.-Vicuña Mackenna, Benjamín: El Tribuno de Caracas ..Boletín de la Academia Nacional de la Historia .Tomo XI, N*158. abril-junio de 1957.Caracas.
2.-Perazzo,Nicolás: Josef Cortés Madariaga (Padre Madariaga).Caracas.

Colección Libros Revista Bohemia. N* 105 B s/f.

 

(*): Escritor chileno,radicado en Venezuela, en tránsito por la nación nativa

mailto:1134vill@cantv.net

 

Hualqui: Hito histórico en la Guerra a Muerte

                              Reinaldo Villegas Astudillo

 

 (Dedicado a la patria chilena, la cual se encamina al bicentenario de la República, y a la “patria chica” de Hualqui, por cumplir 250 años de su fundación, el 24 de octubre de 2007)

                          

I.-Antecedentes

     La historia de Chile, por diversos motivos, durante estos últimos dos siglos  republicanos, próximos a cumplir dentro de tres años, no ha sido consignada detenidamente en su totalidad por los historiógrafos y relatores históricos, por considerarse a estos sucesos  como no relevantes en la llamada “historia oficial”, la cual se configuró especialmente en el siglo XIX, de acuerdo con los sempiternos gobiernos de la oligarquía chilena, representados por sus partidos políticos: conservadores o “pelucones” y liberales o “pipiolos”.(1) A lo anterior, se agrega la carencia de suficientes historiadores e investigadores que hubieran profundizado en esta temática tan vital, para ser conocida por las generaciones  surgidas en el siglo XX y las actuales que empiezan a emerger en la presente época del post-modernismo.

     Durante muchas décadas, hasta avanzado el siglo pasado, los estudiantes de los ciclos básicos, medios y superiores de la enseñanza chilena, se adentraron  preferentemente  en una historia lejana  como la de los egipcios, de los medos y de los persas, junto a la cultura greco-romana, Edad Media y el Renacimiento europeos. Sin embargo, la de América, caribe-latinoamericana y singularmente la de Chile,  se asomaban al término de la enseñanza media, de manera superficial , centrándose en la oficial, es decir la permitida por los gobiernos de la oligarquía, insistiéndose más en la guerra de la independencia, los inicios de la República, los gobiernos del siglo XIX y un asomo de los albores del siglo XX. No conocimos detenidamente la mal llamada “Pacificación de la Araucanía”, la cual investigada por nuestra propia cuenta en décadas muy posteriores, descubrimos que tal  suceso había tenido las características de un intento de exterminio de la valerosa raza mapuche. (2)

  De igual modo, dentro de nuestra supina ignorancia, desconocíamos los acontecimientos configuradores de “La Guerra a Muerte”, escrita por el historiógrafo, don Benjamín Vicuña Mackenna, en el año 1868, la cual fue conocida por algunos lectores, habiéndose reeditado posteriormente en 1935  y casi cuarenta años después reimpresa en 1972, justo un año antes del término de la República, lo cual significó caer en una oscuridad cultural  de casi diecisiete años, intensificándose las omisiones históricas al igual que las literarias, donde en este último caso por ejemplo la “nueva enseñanza oficial de la dictadura”, estipulaba el estudio de la obra poética de Neruda, en los inicios con los: “20 poemas de amor y una canción desesperada”, publicada en 1922 para “saltar” a las “Odas Elementales” ,difundidas en el año 1954. (3)

      Finalizado tal interregno en 1990, retornan los trabajos y exégesis  interrumpidos en 1973 y se inician algunos nuevos en el exilio, como ocurrió con Gabriela Mistral, la gran creadora poética, primer Premio Nóbel  de Literatura del  continente, en 1945,(4) quien había sido impulsora de un pensamiento vigorosamente caribe-latinoamericano, bebidos en las fuentes de Bolívar, Martí, Hostos, Rodó y Sandino entre otros, en ensayos y trabajos prácticamente desconocidos en su país nativo. A ello, se agrega  el surgimiento de nuevos investigadores, como José Bengoa, (5) el cual a través de su nutrida obra se interioriza en la historia de la etnia mapuche, sobre todo en el siglo XIX y devela una realidad que se había distorsionado, presentándosenos una visión de pacificación, cuando en la realidad fue de casi exterminio total, por la influencia de un pensamiento positivista y oligarca de nuestros gobernantes del siglo XIX, donde destaca fundamentalmente el pensador argentino Domingo Faustino Sarmiento, exiliado en Chile a raíz de la dictadura de Juan Manuel de Rosas, en su patria, y quien influyera notablemente en su amigo, Manuel Montt, presidente de la República de Chile entre 1851 y 1861.

       Sólo hace unos cuatro años  atrás, penetramos  dentro de la historia mapuche, y recién después de tanto tiempo, nos informamos  de los cruentos acontecimientos protagonizados  por esta etnia, cuando se enfrentan al propio ejército chileno, comandado  en el inicio de las hostilidades por el militar Cornelio Saavedra y que fue seguida  por otras figuras castrenses hasta el 23 de febrero de 1884, entre las que se encuentran “Guamachuco”,(6) el popular y victorioso héroe en la batalla de Huamachuco, en las sierras del Perú y quien es enviado, después de haber recibido grandes honores en Santiago, a exterminar mapuche, lo cual no fue posible en su totalidad. hasta cuando se logran las victorias finales y se funda la ciudad de Temuco. Anteriormente, jamás supimos de esta conquista,  a “sangre y fuego”, que puso fin a la presencia beligerante mapuche, inclaudicable,  por cuatro siglos ante el imperio español, a lo que se agregan unas cuatro décadas  de la etapa republicana chilena.

        Ahora, permítasenos reflexionar sobre otros  sucesos desarrollados y no difundidos por la historia oficial, a cabalidad, como lo fue la llamada “Guerra a Muerte”, desarrollada  inmediatamente después de instalado el gobierno de Bernardo O´Higgins. Acabada la guerra de la independencia, el 5 de abril de 1818, se producen las situaciones siguientes:

         1.- El Gobierno naciente va a comenzar con esa inclinación por el centralismo, que ha caracterizado a nuestro país durante toda la existencia republicana. El interés de los gobernantes se sitúa en Santiago y la región central. Aunque, no sucede lo mismo, con la Provincia  de Concepción y Arauco donde es designado como Intendente, el brillante militar, Ramón Freire. Sin embargo por la carencia de recursos  del gobierno nacional, no cuenta con los suficientes batallones  y el respectivo armamento para controlar tan vasta región, poblada, aún de realistas que se niegan a reconocer la independencia de Chile.

          Los bienes económicos  del nuevo estado, solamente alcanzan para promover el desarrollo en la capital y sus aledaños, a lo que se agrega una merma del presupuesto por el aporte que lleva a cabo el gobierno chileno a la constitución de la Escuadra Libertadora, que va en ayuda de la independencia definitiva del Perú.

          2.- La batalla de Maipú no marca en plenitud la independencia de Chile, sobre todo en la región sur del país. Innumerables soldados españoles, que no se conforman con la derrota, se desconectan de los mandos centrales y permanecen en la naciente nación, clandestinamente, manteniendo una particular dependencia del Virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela.(7) Todavía, no se consideran  desertados y empiezan a organizar milicias  con apoyo de la población  que se mantiene  vinculada a España , quienes van a continuar enfrentando a las fuerzas y militares chilenos en esta amplia región, ya que en un tiempo no tan lejano fueron las provincias de  Ñuble, Concepción, Bío –Bío  y Arauco, justamente, la que hoy constituyen la VIII Región.

            Tal enfrentamiento que provoca una crueldad inimaginable, la protagonizan figuras fieles a la corona española, transformados a partir de 1819 en verdaderos forajidos. Esta galería de personajes  siniestros la encabeza, Vicente Benavides, junto a José Manuel del Pico, el cura Juan Antonio Ferrebú, los hermanos Dionisio y Juan de Dios Seguel. Estos últimos, estancieros,  como los Urrejola, Olate Lantaño y Bocardo. A ellos, se agregan  los “míticos”  hermanos Pincheira, más vinculados a la zona de Chillán y sus alrededores.

             Hubo algunos de estos alzados que la historia los registró con sus apodos, como: el “Ñego” y el “Machetado”. Señala Vicuña Mackenna, que estos verdaderos “ángeles del Mal” utilizaron  para el logro de su macabro fin en las localidades y ciudades que asaltaban: “la espada, para descuartizar; los bancos de las plazas para ahorcar a sus víctimas y la tea para incendiar a fuego”, cerrando la mayoría de las villas que caían en su poder.

              Por su parte, las fuerzas chilenas, las cuales, en buena medida carecían de suficientes armamentos, a pesar de los esfuerzos que hacía el general Freire para obtenerlos de los mandos capitalinos, contaban  con soldados egregios  de la talla de Carlos María O´Carrol, Teniente- Coronel inglés al servicio de las armas patriotas; el comandante general de fronteras, Andrés de Alcázar; el Teniente- Coronel  francés, Benjamín Viel, quien había arribado a Chile después de la Batalla de Chacabuco; Manuel Bulnes Prieto, Teniente para ese entonces , de diecinueve años; José Joaquín Prieto Vial, coronel, por esa época, el cual puso fin a esta guerra intestina.

                En esta ocasión, intentaremos revisar a lo largo de esta voluminosa obra, los episodios que se consignan con nuestra “patria chica” de Hualqui, lugar donde nacimos, con  motivo de recordarse  el próximo 24 de octubre, el 250 aniversario de su fundación. Así, estamos redescubriendo  una historia de nuestra localidad  que nunca conocimos, a la cual la tradición oral la identifica como: “República Independiente de Hualqui”, tal vez sería  esta denominación la que configuró a las de nuestros padres y abuelos, abarcando casi los tres tercios del siglo XX, en lo que respecta  a la toma de conciencia de que siempre fuimos ciudadanos cabales. Tal legado lo recibimos de nuestros antepasados, donde desde el siglo XIX, figuran nuestra familia, que proviene de los Villegas y de los Jerez, junto a los  Candia y Neira , a las cuales se agregan, los Delgado, Quevedo, Mardones,  Araneda, Zambrano, Pereira, Oportus y Hormazábal , entre otros grupos configuradotes por décadas de un pensamiento constitucionalista, amantes de la república y adversarios acérrimos de inconstitucionalidades y entes suplantadores del poder electoral y de la civilidad.

    En la “Guerra a Muerte” de Benjamín Vicuña Mackenna, visualizamos alrededor de once episodios y alusiones a Hualqui, dada su configuración geográfica tan especial, por estar situado en uno de los últimos recodos en la ribera norte del Bío Bío, apenas a  unos aproximadamente 30 kilómetros de su desembocadura en el Pacífico Océano.

 

       Primer Episodio

      “El 16 de julio los dos hermanos Seguel cayeron de sorpresa sobre la villa de   Gualqui, a la vista casi de Concepción; mataron a los que quisieron, y entre otros al buen patriota don Juan Pinilla, saquearon la aldea y se llevaron prisioneros a los pocos que se les ocurrió perdonar. Entre éstos iba el cura de la parroquia  don  Nicolás Novoa , el juez del distrito don Joaquín Soto y un vecino llamado Bartolomé Sanhueza. Metierónlos en una balsa  de las que se usan en el Bío-Bío para atravesar las aguas y las arenas, empujándolas con varas apoyadas  en el fondo del cauce; y como todos los prisioneros, excepto el cura, iban amarrados, los asaltadores  al retirarse con su botín, habían confiado su custodia al juez de Pileu y un fusilero .Los dos balseadores  que empujaban la embarcación vigilaban también  a los cautivos e iban armados de sables.

          Cuando flotaba  la balsa por la mitad del río, observó el soldado que iba dema-siado cargada  y que comenzaba a sumergirse. Sin más que esto, dijo  al juez en alta voz que era preciso echar los prisioneros al agua, y al efecto comenzó  a cambiar la ceba  a su fusil para matarlos a mansalva, pues hemos dicho que iban fuertemente ligados.  Por fortuna el prisionero Sanhueza había logrado desatarse, y oyendo  aquella sentencia salvaje  de su muerte y la de sus compañeros, se precipitó sobre el soldado y logró tirarlo al agua. Uno de los balseadores  soltó la palanca y abalanzóse sobre el indefenso juez Soto, con el sable que llevaba a su cintura; mas éste resistióle  como pudo, y en la lucha  rompió sus ligaduras. Siguióse entonces un combate cuerpo a cuerpo en el que el esforzado cura  cayó herido al agua , volviendo a recibir otro golpe en la cabeza al tratar de asirse a los maderos de la balsa. Sobrepusiéronse al fin los prisioneros, y al día siguiente se presentaron al Intendente Freire en Concepción llevando atados con sus mismas sogas a sus carceleros. Horas después, el juez de Pileu y los dos balseadores eran fusilados y sus cabezas fijadas por tres días en altas picas en la plaza de Gualqui”.

( pp. 59-61)

       Comentario

       Aquí, observamos la presencia en Hualqui   de los hermanos  Dionisio y Juan de Dios Seguel, ambos estancieros que tal como lo expresa Vicuña Mackenna , al igual “que  Urrejola, Olarte Santaño y Bocardo se mantenían aferrados a la Corona Española”.

        En tal acontecer se revela  por una parte  la valentía de los hualquinos, quienes  tal vez tomados de sorpresa por los atacantes, llevan a cabo  una resistencia cabal, lo cual le significa perder en combate a uno de los suyos como lo es el patriota Juan Padilla, y aunque un grupo es hecho prisionero para conducirlo a los reductos realistas, situados al otro lado del Bío-Bío, donde se extiende la Cordillera de Nahuelbuta, sin embargo los asaltantes no logran el objetivo previsto, por cuanto  dada la sagacidad de los patriotas hualquinos,  logran deshacerse de las amarras, Luego, doblegan a sus captores y por último los conducen ante el Intendente Ramón Freire, quien ordena fusilarlos y como se acostumbraba en la época, práctica que se observa en varios puntos de América en la guerra pre e independentista, se exhibían  públicamente sus extremidades físicas, con el afán quizás de amedrentar a los contrincantes , al exhibir, en este caso, las cabezas de los ajusticiados.

       Este suceso corresponde al 16 de julio de 1819, según el parte elaborado por el Intendente de Concepción Ramón Freire, el cual reposa en el Archivo del Ministerio de Guerra.

      

            Segundo Episodio

         En aquel hermoso río no hay, pues, propiamente vados, y llámanse así los balseadores. Son éstos  aquellos sitios  más a propósito por lo remanso de las aguas para hacer pasar de una orilla a otra  embarcaciones que no tienen quilla ni timón , y corresponden por lo común , a los antiguos  fuertes fundados por los españoles en ambas márgenes del río, que casi siempre se enfrentan  los unos  con los otros. De esta suerte encuéntrense vados  por Nacimiento, frente a Santa Fe, por Santa Juana , frente a Talcamávida, por San Pedro, frente a Concepción, fuera  de muchos  otros intermedios como el de Pileu, de Gualqui, el de Tornaguillín, el de Monterre y  otros” (pp.111-112).

            Hasta  el inicio del año 1965, fecha de nuestra desvinculación  por años de Hual qui, al cual retornamos espaciadamente y por instancias fugaces, hasta diciembre de 1975, siempre nos llamó la atención ese lugar, situado en la altura de la localidad, que se  ubica al término de la calle Irarrázaval y pasada la intersección con Patricio Lynch, por donde transitábamos en verano, casi diariamente, rumbo al Bío-Bío, por supuesto que en periodo vacacional. Antes de bajar hacia la línea, donde  estaban los cambios norte de la vía ferroviaria, nos solazábamos con la visión que se nos ofrecía del majestuoso río–padre, el cual contemplado desde ese punto, se observa que  empieza a desplazarse desde los lejanos cerros que nos separan de Quilacoya, para serpentear ante Hualqui , acompañándolo con nuestra vista hasta desaparecer detrás del  Cerro “Agua del Obispo”. Por supuesto que esa misma visión tuvieron los españoles en su época, lo cual significó que en la altura señalada construyeran el Fuerte, dato que nos fue suministrado por el Profesor de Historia y joven investigador, del Liceo de Hualqui, Luis Espinoza en un panel en el cual participamos como invitados, en el mes de junio de 2003. (8)

       Tercer Episodio

                 “El activo Benavides no había aguardado, empero la llegada de refuerzos para continuar las hostilidades en toda la línea del Bío Bío y de la Montaña. El mismo día en que Carrero y sus camaradas llegaban a Arauco, él hacía dar una vigorosa embestida a la guarnición de Gualqui en la ribera derecha del río. La partida enemiga componíase de cincuenta hombres entre fusileros y caballería , mientras que la guarnición patriota no pasaba de la mitad de aquel número a las órdenes de un valeroso oficial del número uno de Chile  llamado Huerta. Despreciando éste las trincheras con que se había parapetado el pueblo, atacó a los asaltantes  con tal denuedo que en poco rato les mató veinticuatro hombres, haciendo prisioneros un oficial y dos soldados. Como la aldea en que tuvo lugar esta refriega se halla a muy corta distancia de Concepción, apenas sintióse en ella el tiroteo, corrió la guarnición a las armas, y según el parte de Freire (Concepción, 20 de noviembre), las mujeres mismas pedían fusiles. Tan grande era el terror que inspiraba a las poblaciones la idea sola de la aproximación del degollador de Santa Juana! Al siguiente día, como una ofrenda a aquel terror del pueblo, Freire hizo fusilar en la plaza de Concepción al oficial y los dos soldados que le habían traído prisioneros”.  (p. 145)

             Comentario

              Vicente Benavides, sin lugar a dudas, el más siniestro  de  estos “ángeles maléficos”, antagonista en la “Guerra a Muerte”. Una sola acción vil y criminal retrata su naturaleza maligna: Estando en Santa Juana, recibe al teniente Torres, como parlamentario del general Ramón Freire para llevar a efecto un cambio de prisioneros. Sin embargo, Vicente Benavides se emborracha  en el brindis de bienvenida que le ofrece y ordena, sin motivo alguno, descuartizarlo junto a diez prisioneros patriotas.

            Este  acto brutal y propio de la barbarie del maléfico Benavides,  lo inscribe en la historia más ignominiosa de nuestra patria, carente de conmiseración a través de los siglos  por romper con los acuerdos de guerra entre enemigos, vencidos o vencedores , que generalmente han sido respetados por los bandos en pugna. Esta acción repelente  de Vicente Benavides, nos hace recordar  la indigna acción de Monteverde, jefe de las fuerzas realistas que una vez rendido el Precursor de América, Don Francisco de Miranda, éste incumpliendo  normas de honor, lo vuelve a apresar , embarcándolo desde La Guaira a  Cádiz, donde el ilustre venezolano muere en un calabozo olvidado  de todo el mundo. (9)

            De ahí, que en el presente por lo menos hasta mayo de 2003, cuando visitamos a Santa Juana en afanes investigativos, quedamos estupefactos al constatar que en esa  localidad, una calle lleva el nombre de tal  asqueroso asesino  de antepasados de familias de ese mismo pueblo. ¡ Qué ignorancia tan supina del Alcalde y Concejales, responsables de esa decisión tan innoble!.

               En el episodio que hemos transcrito,  Vicente Benavides envía hacia Hualqui  para el asalto a un número de forajidos que duplica a la guarnición patriota, comandada por el teniente Huerta. No obstante la valentía de este brioso  soldado y sus compañeros de armas, logran doblegar a la avanzada realista, con el aporte de las igualmente valientes mujeres hualquinas, herederas de las primigenias, ensalzadas por el cantor épico, Don Alonso de Ercilla y Zúñiga, entre las que descuellan entre otras, Fresia y Guacolda. Y muy posteriormente en el periodo independentista, doña Paula Jaraquemada y Javiera Carrera. Nuevamente el Intendente de Concepción, Don Ramón Freire, ordena fusilar al oficial y a los dos soldados que los hualquinos habían tomado prisioneros. Hay que destacar la proeza de Huerta y sus compañeros, que prácticamente eliminan físicamente a la mitad de los componentes  de la hueste invasora, enviada por Vicente Benavides.

           Cuarto episodio

            “En el mismo día (28 de junio) en que Merino mataba  a Santos Alarcón en Puñural, una partida realista que había asaltado la hacienda  de Gualpén, en cuyos términos se halla edificada  la moderna Concepción, con el objeto de robar caballos , había dejado dos prisioneros  en manos del intendente Freire, fuera de siete  que, se ahogaron  al regresar, arrastrados por la corriente. “Pues bien, escribía el mismo día aquel funcionario, hablando de los primeros, mañana serán estos ahorcados, cuya clase de muerte infunde más terror al enemigo”.

           Mas, al interior era sorprendido por esos mismos días ( julio 1º) en la  aldea de Gualqui el valiente alférez, hoy coronel don Francisco Porras, al mando de una partida de quince fusileros del número uno de Coquimbo en cuyo cuerpo servía , y en el acto mismo de caer sobre el cuartel en que estaba  alojado, el enemigo fusiló uno en pos de otro todos los prisioneros que en la turbación del primer momento logró hacer. El intrépido Porras  se encerró, sin embargo, en un cuarto con siete de los suyos, y allí hizo tan denodada resistencia que perecieron diez de los asaltantes con su jefe el capitán Campillo, tomando el resto la fuga, a virtud de aquel estrago y por un tropel de yeguas que sintieron venir por entre una densa niebla  matinal, y que juzgaron era socorro que llegaba al oficial patriota.”.(p. 248)

           Comentario

           Benjamín Vicuña Mackenna, complementa  tal episodio, incluyendo  el propio parte de guerra, elaborado por Porras y por la información que le entregara, posteriormente, al propio historiador, tal como se indica:

          “Parte de Porras. Gualqui, julio 1º (el original dice agosto 1º) de 1820.Porras dice que entre los muertos del enemigo se encontraba uno de los oficiales que lo mandaba  y que además de los cadáveres dejados en el sitio, llevaron dos mulas cargadas de ellos, fuera de que algunos caballos que se tomaron daban a conocer por la sangre, que empapaba sus monturas que sus jinetes  habían sido derribados en el fuego”

          En la entrevista señalada, añade Porras lo siguiente:

        “ El enemigo tuvo aviso de su situación por un sargento de milicias llamado Marcos Rojas que se pasó al enemigo aquella noche. El mismo Rojas, que guiaba la partida enemiga, le gritaba que se rindiese y que Benavides lo haría feliz, pues le estimaba mucho. El enemigo en vista de la obstinación de Porras prendió fuego al cuarto donde se hallaba encerrado, pero huyó precipitadamente por la circunstancia que dejamos mencionada”.

         Quinto Episodio

       Journal of residence in Chile by a young american,Boston,1823, pág.223.

      “ El autor de esta interesante obrita, llamado John F. Coffin, Diario de un joven norteamericano, Editorial Francisco de Aguirre,1969, era un joven comerciante natural de Boston que habiendo entrado a Talcahuano durante el sitio de 1817 en el bergantín americano Castor fue apresado por Ordóñez, junto con el Beaver, de que hemos hablado en otra ocasión.  Con este motivo, quedóse aquel en Concepción durante todo el año de 1818 y parte de 1819, residiendo en Gualqui, asilado en la hacienda de don José Antonio Sosa, o en Penco viejo, desde cuya playa presenció el combate de la María Isabel con el Lautaro y el San Martín.

       La narración es sumamente sencilla, veraz y sin pretensiones, atributo rarísimo y en esta clase de libros y contiene no pocas veces observaciones profundas emitidas con un simpático candor . Asegura el autor, por ejemplo, hablando de la acendrada adhesión del rey de los penquistas, que frecuentemente le preguntaban si los ingleses eran también tributarios de Fernando VII y le interrogaban con asombro si podía existir algún patriota en Europa, la que juzgaban sometida  a España  como en el tiempo de Carlos V. En cuanto a los araucanos era mucho peor: “Para los indios dice (pág. 175), bastaba señalarle o nombrarles un patriota para que cayeran sobre él con todo el furor salvaje de su odio”.  (p.258)

          Comentario

           Los editores de esta obra de Benjamín Vicuña Mackenna  que es objeto de nuestro estudio, específicamente en lo que se relaciona con la presencia de Hualqui en el texto, insertan una nota, donde aluden a la obra escrita por el viajero John F. Coffin, donde señala su presencia en la localidad hualquina y expresa juicios sobre  lo que piensan los pobladores de la región de Concepción en torno a su admiración y dependencia del imperio español, a poco tiempo de producirse la independencia de Chile. No se sienten identificados con los patriotas y manifiestan odio por la etnia mapuche, justo en una época en que gran parte de la población de la región ha empezado a desplazarse a Los Angeles y su alrededores, inicio de la Araucanía.

           Tal vinculación con la España monárquica en algunas regiones interiores de América, se mantendrá por muchísimo  tiempo de instaladas las repúblicas del continente. Pasará más de una década para que  la República de Chile pueda incorporar definitivamente a la zona de Chiloé y en el caso de Venezuela, ciudades como Valencia y Coro se mantendrán afines a España por un lapso prolongado. Ya en 1811, el presbítero  chileno José Cortés de Madariaga, quien fue enviado por los integrantes de la Junta independentista de Caracas a Bogotá para informar del inicio del proceso de la independencia en Venezuela, en el trayecto, hecho por tierra tuvo un ardoroso encuentro con el Obispo de Mérida, quien no aceptaba a los republicanos y ordenó detener en la cárcel al sacerdote chileno, quien participó en la constitución de la Primera Junta Nacional de Gobierno venezolana, el 19 de abril de 1810.Pasados unos días, recuperó su libertad y nuestro compatriota pudo continuar su viaje sin mayores impedimentos hacia tierra neogranadina.

        Sexto episodio

             “Igual a su profundo y ciego desprecio por los montoneros de ultra-Bío-Bío era la frecuente imprevisión militar de que daba testimonio el general Freire en aquellas aciagas campañas!

               Una semana más tarde vino, empero, a sacarlo de duda un despacho escrito en Los Angeles  el 28 de agosto por el general Alcázar. En él le decía que el comandante Ferrebú, estacionado en Santa Juana con el tercer escuadrón de dragones, había ordenado que se arrimasen palos a la orilla del río para  amarrar hasta treinta balsas.

                 Pero aún delante de este aviso que no podía ser más determinante sobrevino otra nueva vacilación, fruto de las estratagemas de Benavides. Hacía este correr la voz de que meditaba atacar a los Angeles , para mejor asegurar su golpe sobre Concepción, y el general Freire, que sabía la extrema e irremediable penuria  de municiones y de víveres en que se encontraba aquella importante plaza, se preocupaba profundamente de atender a su defensa, con preferencia a todo otro plan de hostilidades.

                   Bajo esta persuasión, ordenó al comandante Viel en los primeros días de setiembre de 1820, que avanzara con la posible diligencia desde Chillán  a ocupar la posición estratégica de Yumbel, casi medianera entre los Angeles y Concepción. Con el mismo fin había hecho situarse a O´Carrol con sus dragones en Rere ( a donde aquel jefe había llegado a pie, trayendo los soldados sus monturas al hombro después de haberse comido sus caballos) y situado por último el capitán Luis Ríos con cuarenta cazadores de la escolta en Gualqui, mas hacia Concepción. Esta fuerza, así como la guarnición de Talcamávida compuesta de cuarenta infantes y dos cañones de campaña, quedaba sujeta a las órdenes de O´Carrol”. (p.271)

            Comentario     

            En este episodio, Vicuña Mackenna  se permite una crítica  que va dirigida al general Ramón Freire en el sentido que , en algunas circunstancias, le da cabida  a las estratagemas utilizadas por el hábil forajido español, Vicente Benavides , quien en sus mensajes interceptados, hace creer al bando patriota que se encuentra disminuido en su fuerza bélica. De igual modo, alude a la imprevisión que se observa  al no estar siempre preparados  los integrantes del bando patriota para recibir y enfrentar los ataques de este bandido. En  estas apreciaciones, pareciera que el escritor nacional olvidara las precarias condiciones en que se encontraba Freire, el cual carecía del presupuesto y armamento necesario para  dominar a las fuerzas realistas, las cuales permanentemente son apoyadas  por el Virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela,  el cual de una u otra manera les hacer llegar las armas. En tanto, O´Higgins, el Director Supremo de Chile  carece de los recursos necesarios para sostener esta conflagración suscitada en la región sur, preocupado de gobernar para el centro del país y apoyar a la independencia del Perú con la Escuadra Libertadora. (10)

             En este episodio, observamos la estrategia utilizada para defender la región de la aquella entonces extensa Provincia de Concepción, destacando batallones  a cargo de connotados  soldados para que adopten posiciones entre Chillán y Concepción, donde Hualqui, figura  dentro de esa línea trazada por el general Ramón Freire.

            Séptimo episodio

             “ … el general Freire , aislado a su vez en Concepción, se encontraba sumergido en una inquietud devoradora. A las doce de la noche del mismo día del desastre  de sus armas en el Pangal , había recibido la aciaga nueva comunicada  por el comandante de armas de Rere don José  Tejada , y en el acto mismo había despachado un expreso a la capital manifestando la crítica situación que le creaba aquel contraste, arrebatándole la única arma apta para la guerra que sostenía y clamando en consecuencia por amparo.” A la mayor brevedad posible, decía el gobierno de la capital en aquella hora, venga el mayor número de caballería de la otra parte del Maule , pues debe V.E. persuadirse que la provincia se levanta  en masa, siendo destrozada mi fuerza  de caballería, quedando solo en esta capital  alguna milicia”.

              Preocupóse al día siguiente el consternado jefe , que sólo ahora pudo medir el abismo que le había cavado su arrogante pero mal aconsejado desdén del enemigo, de arbitrar medios como socorrer a Alcázar en los Angeles y destacó en Gualqui al comandante Cruz, que regresaba sobre Concepción  con el objeto de observar más de cerca  a Pico. Al mismo tiempo despachó hacia Chillán  al comandante Viel , a fin de que reasumiera el mando de su escuadrón dispersado, como hemos dicho, por aquel rumbo, y allegando, según le fuera posible , el mayor número de milicias, contuviese en el Itata  a Benavides, en el caso que éste  marchase hacia la capital”.  ( Págs. 326- 327)

            Comentario

              Este texto nos muestra, en primer término, la orfandad en que se encuentra el General Ramón Freire, Intendente de Concepción ante la masacre ejecutada por Benavides en la Isla del Laja, donde asesinan al Mariscal Alcázar y derrotan a sus huestes, lo cual le permite ir avanzando hacia la zona penquista. Freire clama ante las autoridades centrales de gobierno, a fin de que le envíen un mayor contingente y pertrechos de guerra  con los cuales puedan detener el avance de Benavides, el forajido y sus huestes realistas tan abominables y heterogéneas mesnadas, a las cuales las impulsa sólo el saqueo y la muerte.

                    Cuestiona el autor chileno, “ el mal aconsejado desdén del enemigo” por parte de Ramón Freire, al no haber acudido oportunamente a reforzar  la plaza de Los Angeles, comandada por el mariscal Alcázar .

                 Para cerrar el paso a Vicente Benavides, entre otras decisiones adoptadas por Freire, figura nada menos que destacar en Hualqui, al relevante militar, José María de la Cruz, oriundo de Concepción, para que vigile el desplazamiento de las fuerzas realistas a cargo de Pico, un militar español, que logró liderizar a un conjunto significativo de mapuche en la región de Mulchén y Negrete, integrándose al bando de Benavides. Posteriormente, don José María de la Cruz, después de finalizada la “Guerra a Muerte”, se alzará como general de las fuerzas del sur, contra  las comandadas por militares de Santiago en la Batalla de Lircay, contienda  donde  resulta derrotado, la cual puso fin a sus aspiraciones presidenciales en detrimento  de los santiaguinos, lo cual pudo haber significado el haber contado nuestra región  con tres presidentes, nacidos en Concepción, como lo fueron, primero, José Joaquín Prieto y luego Manuel Bulnes, quienes igualmente tuvieron activa participación en la “Guerra a Muerte”.

                  Octavo episodio

                   “Conceptuando ya inútil toda tentativa de socorro, el general Freire hizo regresar su división al puerto y se dirigió a Concepción, a donde venía  aproximándose el enemigo, después de la capitulación de Tarpellanca. El 30 de setiembre en efecto Benavides ocupó Gualqui , y fue preciso por consiguiente abandonarle aquella ciudad, que antes le había visto humilde soldado, hijo de un carcelero, y a la que entraría ahora con el hinchado orgullo de un visir repleto de vanidad y sangre. El último en retirarse fue el comandante Cruz, temeroso de que un sargento español llamado Gilabé, que se pasó aquel día de su cuerpo al enemigo, sirviera a éste para prepararle una emboscada” (p. 330).

                     Comentario

                     En este episodio, se observa  el punto culminante de las huestes realistas, las cuales vienen avanzando exitosamente, victoria tras victoria, ya sea en el campo de batalla como en el ajusticiamiento salvaje que van realizando a su paso de los adversarios, es decir,  los patriotas como si se tratara de épocas bárbaras. Benavides. se asemeja a un “Atila” . Arriba  a Hualqui  con todo el poder que le brindan la tropa de forajidos que le acompañan, los cuales constituyen una mesnada heterogénea, donde figuran algunos mapuche que lo acompañan, soldados españoles como el comandante Pico y aventureros en gran proporción, a los cuales los impulsa el saqueo y el pillaje como hordas primitivas..

                    Tal presencia demoníaca en Hualqui, provoca la partida del comandante Cruz, que se encontraba destacado en la zona , el cual se retira estratégicamente con sus hombres siguiendo al general Freire, que deciden  refugiarse en Talcahuano, para reorganizarse y reiniciar una embestida final sorprendiendo a los realistas, lo cual se producirá posteriormente en los aledaños de la ciudad de Concepción.

                 Noveno episodio

                   “ En la mañana del memorable lunes 27 de noviembre de 1820 y en la hora misma en que la vanguardia de la segunda división salía en masa de Talcahuano, y con banderas desplegadas  se dirigía sobre el campo del salteador de Quirihue, convertido ahora en señor  de la mitad de Chile, a infligirle un terrible y final castigo. Nunca se viera  a nuestros soldados más terribles  que aquel día ¡ Habían jurado todos morir mil veces antes que dejarse arrebatar de nuevo sus colores por aquella muchedumbre  de bandidos que no tenían más ley que el lazo y el cuchillo. Los dragones iban a vengar al noble jefe  que había sido el primero en ponerles el sable en las manos. Los cazadores que conducía el comandante Cruz, tenían que lavar con sangre de enemigos la primera sombra que había caído sobre su inmaculado pendón, mientras que la infantería mandada por Rivera, por Díaz y el capitán argentino Quiroga (que se había conservado por hallarse destacado en Gualqui con una compañía del infortunado número uno de Coquimbo), era movida por la ambición de rescatar a sus camaradas, forzados a seguir el trapo sangriento de un bandido, a la vez que por el ahínco de vengar a sus jefes tan villanamente asesinados”.(Pág. 392)

                  Comentario

                  Aquí se repite un tanto lo ocurrido e la Plaza de Armas de Rancagua, sitiada por los españoles, lo cual pone término a la Patria Vieja .Las fuerzas patriotas dirigidas por  el comandante José María de la Cruz, ante el asedio de la mesnada de Benavides lo gran salir airosos desde las Vegas de Talcahuano. Ante esta primera victoria, las huestes patriotas avanzan hacia el denominado Cerrillo de Gavilán, situado en Concepción para arremeter en contra de las fuerzas realistas comandadas por  el maligno Benavides, donde figura el capitán de origen argentino Quiroga, quien se encontraba destacado en Hualqui a cargo de una compañía Entre los soldados republicanos se observa un gran optimismo por abatir de una vez a sus contrincantes, por lo cual su ataque será constante y muy a fondo.

                  Décimo  Episodio

                  “En esta vez, como en todos los encuentros de estas campañas, la mortandad del combate fue escasa, pero la de la persecución  horrible. “Ya no había brazos  para tanto sablear”, dice el oficial Porras, contando las peripecias de la fuga del enemigo, y Verdugo añade por su parte que el Bío Bío “negreaba  de godos que se ahogaban”. Al terrible Quilapí, que era un membrudo y valeroso, viósele también en todas partes sin que un solo instante tuviese ociosa su implacable lanza. De esta suerte perecieron no menos de quinientos enemigos, escapando sólo Benavides con los restos del escuadrón de Ferrebú hacia Gualqui, a donde lo siguió sin darle alcance el comandante Cruz”.

                      Tal fue la famosa batalla llamada de la Alameda de Concepción, porque el enemigo, al ser arrollada aquel nombre. Fue uno de los hechos más heroicos y a la vez más dramáticos de nuestros anales militares, y como se verá en el curso de esta historia , dióse en él, a las últimas huestes que sostenían el nombre y el pendón del rey en nuestro continente el golpe de gracia, porque ni Benavides ni ninguno de los secuaces que le sobrevivieron, levantaron otra vez la cabeza y la osadía de amenazar la suerte y el reposo de la patria.

                      ¡Hemos vencído, escribía Freire, lleno de un justo orgullo, sobre el campo mismo de batalla , hemos vencido completamente!(pp. 396,397, 399)

                        Comentario

                       Es evidente que en estas acciones descritas, los patriotas logran un grandioso triunfo sobre las huestes realistas comandadas por  el infame, Vicente Benavides en la batalla  denominada, la  Alameda de Concepción, suceso como los anteriores y la gran mayoría descritos en esta magna obra de Benjamín Vicuña Mackenna , que no han sido considerados por la historia oficial de Chile en forma detenida. ¡Cuándo hace unas tres o cuatro décadas atrás, nos íbamos a imaginar que por las calles que transitábamos en Hualqui y entre las aguas del Bío Bío, donde nos bañábamos casi todos los días en tiempos de estío, nos íbamos a imaginar que contenían una historia sangrienta ocurrida , más de un siglo atrás, habiéndose teñido de rojo una vez más nuestro río natural como lo ha sido siempre el Bío-Bío!. Y justo, en el sector situado frente a nuestra localidad hualquina, Vicente Benavides lograba escapar junto al ex cura de Rere, Ferrebú, internándose por Santa Juana hacia la sierra de Nahuelbuta , escapando del merecido castigo que merecía.

                        Por fin , don Ramón Freire se siente feliz, un gran general del Ejército Chileno honroso y venerado de los primeros tiempos de la patria republicana .Con escasos recursos, pero contando con esos verdaderos “valientes soldados” que se describen en nuestro Himno Nacional, logra abatir a estos forajidos que se negaban a aceptar la independencia de la República de Chile y que tanto daño, antes de abatirlos, causaron en la población civil instalada en la extensa Provincia de Concepción.

                         Hoy, más que nunca, nos sentimos orgullosos de haber nacido en una calle de Hualqui que lleva el nombre con justísimo motivo, decretado por nuestras autoridades municipales del antaño, reconociendo así al  gran hombre y soldado, Ramón Freire.

                           Undécimo Episodio

                          “El intendente de Concepción consagróse a organizar la  provincia como mejor le era posible, vista la absoluta miseria  y desolación en que la había dejado el enemigo. Su primer cuidado fue, según la índole de los tiempos, y los preceptos de aquella horrible contienda, el del castigo. A las diez de la mañana del día que siguió  a la batalla, y cuando las calles y casas de la ciudad estaban todavía cubiertas  de cadáveres del enemigo, fueron fusilados en la plaza de Concepción diecinueve prisioneros, la mayor parte desertores al enemigo, y entre ellos  una mujer anciana , madre de un agente de Benavides llamado Salgado, de quien luego hablaremos. Habíase convencido por desgracia a la última  de ser contumaz e incorregible aposentadora de espías. Aquellas infelices víctimas eran cuatro menos que las que había sacrificado Pico al siguiente día del Pangal; pero eran cuatro más de las que había  asesinado Benavides en Santa Juana y el número exacto de la sangre, se mantenía en un estricto nivel. ¡ Cuán horrible era aquella guerra!

                           Benavides había entre tanto corrido a asilarse en su vieja madriguera de Arauco, donde otra vez le dejó a salvo la incurable, la incomprensible  desidia del general Freire para llevar sus armas victoriosas hasta aquel lugar maldito. Todo lo que sabemos hizo en este sentido fue enviar al comandante Cruz hasta Gualqui en persecución del bandido; pero éste había pasado algunas horas antes, protegido por el escuadrón de Ferrebú, que se retiró medianamente organizado. Ningún soldado patriota pasó, empero, el Bío-Bío, y Benavides volvió a quedar dueño absoluto de la ribera izquierda de aquel río, como lo había estado después de Curalí y después de Quimo y Curanilahue”.  (pp. 405-406)

                             Comentario

                             Por fin, los patriotas, comandados por el general-intendente, don Ramón Freire logran en las afueras de Concepción inflingirle una derrota de tal proporción a sus adversarios, los cuales descontrolados y divididos huyen de la regíón , algunos con rumbo a Los Angeles, La Laja, Mulchén  y otros como el siniestro Vicente Benavides  escapa  precipitadamente, pasando nuevamente por Hualqui, desesperado, ante la persecución de que es objeto por el comandante Cruz. Nuevamente escapa este ser maligno, como si tuviera  “siete vidas”. Logra atravesar el Bío Bío, frente a la villa hualquina y de ahí buscara en un su escondite predilecto, como lo es la zona de Arauco,

                                 Observaciones Finales

                                  Es evidente  que “la Guerra a Muerte” requiere un estudio más detenido, que podrían desarrollar en su totalidad otros especialistas en la temática  de la historia nuestra. Es una obra voluminosa, que abarca sucesos que se desarrollan desde Talca, por el norte hasta Chiloé por el sur, donde surge esta situación tan especial que podríamos calificarla de “anti historia”, porque se da periféricamente entre grupos  de facinerosos que no respetan y se rebelan  contra la hidalga derrota española, ocurrida el 5 de abril de 1818  en los campos de Maipú, instancia sublime que marca el inicio de una independencia definitiva de una nueva república que nace de ese Chile:  “que promete un futuro esplendor”.

                                       No obstante, debemos conocer esa historia local, desarrollada en las provincias del sur de Chile casi ignorada por la “historia oficial”, justamente ahora, que estamos próximos  a cumplir el bicentenario  de la república, especialmente quienes nacimos en esta región interior, donde se escenificó un enfrentamiento de bárbaros avanzados bélicamente para esa época, portadores del “sable, la tea y la horca”. Malvados hombres, que provocaron un baño de sangre en nuestras ciudades y villas incipientes, con grandes padecimientos para nuestros antepasados, que en conjunto como diría el sabio español Don Miguel de Unamuno, al igual que nosotros ahora, constituimos la “intrahistoria”, la cual sustenta a la  Historia, en la que  se registran los sucesos más heterogéneos, predominando lo castrense  por sobre lo cultural y lo social, dentro de un contexto caribe-latinoamericano, donde el electo predominante ha sido lo militar.

                                          Creemos, sinceramente, que tales textos transcritos y comentarios realizados por nosotros van indudablemente a contribuir para que las comunidades se motiven a penetrar más profundamente en la lectura de esta significativa obra de don Benjamín Vicuña Mackenna, integrante de una pléyade de historiógrafos que  surgieron en la segunda mitad del siglo XIX y la primera del siglo XX, lo que hizo a afirmar al eminente pensador español, Marcelino Menéndez Pelayo, en su visita a Chile en los albores del siglo pasado: “que Chile era tierra de historiógrafos y no poetas”.  Quizás, tuvo razón en la época de expresados esos conceptos, pero ignoraba que en ese tiempo estaban naciendo física y artísticamente las tres  voces poéticas que Chile le haya dado al mundo, como lo han sido: Los Premios Nóbel, Gabriela Mistral y Pablo Neruda, junto a Vicente Huidobro, al cual , aunque no se le otorgó en vida tal reconocimiento, evidentemente, de igual modo se lo merecía  con creces.

                                            Tales cuadros históricos presentados, insertados en “La Guerra a muerte” de Vicuña Mackenna  están configurados en un proceso dialéctico, donde se enfrentan  en una obra histórica, que a veces da la impresión que fuera un relato novelesco , donde se enfrentan personajes imitabiles y anti - imitabiles, es decir héroes y antí-héroes. Entre los primeros se sitúan en primer lugar  soldados eminentes de la patria, forjados en el ardor de las batallas como lo son, entre otros : Ramón Freire, Joaquín Prieto, José María de la Cruz y Manuel Bulnes., la mayoría de origen penquista, salvo  el segundo, nacido en Santiago, quienes bien merecen los versos grabados en el Himno Nacional Chileno:”Vuestros nombres valientes soldados/ que habéis sido de Chile el sostén/ nuestros pechos los llevan grabados / y lo sabrán nuestros hijos también.”.

                                              Y por supuesto los anti-imitabiles, no dignos de ser imitados por carecer de valores humanos son: En primer término, Vicente Benavides , un verdadero “ser de siete vidas”, el cual no pudo ser doblegado en la zona y que en varias oportunidades huyó o avanzó por el  río-padre, cruzando el  Bío-Bío,  frente a Hualqui, nuestra localidad nativa, para refugiarse en la cordillera de Nahuelbuta y la región de Arauco, hasta que en un escape final que intentó hacia el norte fue capturado en tal aventura, lo cual le significó que se le aplicara la pena máxima en esa época, siendo ajusticiado a la horca en la Plaza de Armas de Santiago, en el año 1822  .Luego, pueden señalarse  a otros forajidos, como los hermanos Seguel, el cura Ferrebú, quien alguna vez administró los sagrados sacramentos en Rere. A ellos, se agregan los hermanos Pincheira, transformados en leyenda por sus acciones, como si fueran patriotas, sin embargo en la realidad fueron salteadores  de pueblos y villas, en la zona de Chillán, lo cual formaban parte de las bandas realistas, y que sólo fueron sometidos después de mucho esfuerzos por las huestes patriotas, las cuales  lograron descubrir sus inaccesible escondite situado en la cordillera de Los Andes.

                                Recomendaciones Necesarias

                                 Se hace necesario y se lo sugerimos a los actuales responsables  de la Educación en Chile, que dentro del sistema educativo se incorporen, a partir del presente inmediato, cercanos ya al Bicentenario de la República de Chile, que si no es posible a través de los programas elaborados vinculados con las Ciencias Sociales, se organicen: coloquios, seminarios, paneles, mesas redondas, foros, etc. Dentro de las actividades temáticas  complementarias o aquéllas de carácter cultural , en torno a estos  dos sucesos esenciales que desconoce la juventud chilena e innúmeras generaciones posteriores, como lo son: 1) La conquista de la Araucanía , en la segunda mitad del siglo XIX y 2) La “Guerra a Muerte” , acontecida ente 1818 y 1824.

                                    Por supuesto, que en estos tiempos actuales, donde se va,  reconquistando la democracia para perfeccionarla aún más en el plano de las libertades del pueblo chileno, las visiones de estos aconteceres, no deben ser desde una perspectiva unilateral, sino de visiones variadas, surgidas en estos últimos tiempos -excluido, indudablemente, el interregno de 1973 a 1990-, visiones que pertenecen a investigadores y exégetas serios y rigurosos del hecho histórico nacional del pasado.

                                     En la medida, que tengamos más claridad sobre tales sucesos justos o errados, nos sentiremos más sustentados en nuestra historia nacional, mirando siempre hacia el porvenir, al conocer más profundamente las debilidades y las fortalezas de nuestros ancestros de quienes provenimos y de  los cuales,  cualquiera haya sido su acción, nos constituimos en sus herederos en lo visible y no visible de sus accione seculares.   

                                   

                                     Notas

(1)            Sería el caso, entre otras, del texto: Historia de Chile de Sergio Villalobos y otros, cuya edición data del año 1974, difundida por Universitaria, donde no hace mención  alguna a los sucesos , que configuran la denominada “Guerra a Muerte”.

 (2)            Tal ocurrió  con nosotros, que cursamos la enseñanza media en tres liceos, durante los años 1952 y 1957: Los dos primeros en el Liceo de Hombres de Concepción, con excelentes profesores como Miranda y Figueroa, pero quienes por ceñirse a un estricto programa, nos adentraron en las guerra “médicas” y otras similares que se suscitaron en la cuenca del Mediterráneo y zonas aledañas. Luego, tres años en el Liceo Coeducacional de Talcahuano, la profesora Rosario Lillo, meritoria docente, que nos llevó siempre, de acuerdo con el programa, igualmente, por Europa;  y en el Liceo de Rengo, donde concluimos; ahí, tuvimos un docente ejemplar, recién egresado del Instituto Pedagógico de la  Universidad de Chile como lo fue Mario Leyton Soto, quien nos dio una visión extraordinaria sobre Historia nacional  , pero sin adentrarnos en la etnia mapuche y menos la “Guerra a Muerte”, no contemplada en el programa.

 No podríamos dejar de mencionar al profesor de Artes Manuales del Liceo de Concepción, Caupolicán Athens, quien no precisamente en el área del taller, sino en una sala de clases, dentro de un objetivo no previsto, nos narró algunos episodios que los mapuche habrían protagonizados, ahí afuera, a escasos metros del antiguo Liceo, en las  laderas del cerro Caracol, el cual lo recorríamos muy a menudo. Eso nos impresionó sobre manera, porque esa fugaz  visión  nos puso a la “historia” al lado nuestro..

 (3)            Tal experiencia la tuvimos en el Liceo de Hombres de Copiapó, donde colaborábamos, mientras nos desempeñábamos como docente en la U. del Norte de esa misma ciudad, en 1974.Al solicitarles una biografía del poeta chileno, los alumnos de quinto de humanidades, llegaron con la investigación, donde se excluía el periodo de la poesía social de Neruda. De “Veinte poemas de amor”, (1922) “saltaron” a las “Odas elementales” (1954), como si fuera algo normal. Muchos años después, en septiembre de 2001 cuando viajamos con el Grupo “Mapuche” de Venezuela al “Tren de la Poesía”, que nos condujo  de Parral a Temuco .rememorando a Neruda, tuvimos la oportunidad de participar en un panel con especialistas nerudianos en la sede, situada en Labranza de la Universidad  privada “Diego Portales”. Ahí, fuimos testigos de dos situaciones opuestas que nos impactaron y reconfortaron: Primero, su Rector, venido de Santiago, con nombre de presidente, Manuel Montt, en una intervención que hizo frente a sus alumnos y selectos invitados, se entusiasmó y emocionó tanto con Neruda en la lectura de textos y anécdotas, que no quería abandonar el podium. Posteriormente, tuvimos la oportunidad de intervenir y les manifestamos a esos alumnos que “habían tenido prohibida la lectura  de algunas de sus obras, por tanto tiempo”, que “”Canto General” era un poemario grandioso y que debían adentrarse en él, sin aprensiones, porque era como una epopeya contemporánea, donde se encontraba registrada la historia del hombre americano, es decir,  la historia de nosotros mismos”.

 (4)   De mucho valor, para conocer una faceta desconocida de la producción en prosa de  Gabriela Mistral, ha sido el trabajo antológico llevado a cabo por el profesor MarioCéspedes, durante su exilio en Costa Rica, cuyo título es: “Recados para  América”. publicado,  el año 1978, en Santiago de Chile

 (5)  Recomendamos leer su obra : Historia del pueblo mapuche, la cual ha sido reeditatada, por lo menos seis veces a partir de  1985.Nosotros,.sólo la conocimos y estudiamos en el verano de 2003, cuando la adquirimos en una Feria del Libro, en Lican-Ray.

 (6) Recomendamos  visitar la Página Web de nuestro joven coterráneo hualquino, destacado intelectual y artista plástico, Ramón Muñoz Coloma www.munozcoloma.com.ar donde se inserta el trabajo nuestro, titulado: “Referentes históricos mapuches en un relato de la Frontera chilena”, en el cual precisamos aspectos de la historia chilena, que en nuestras mocedades por  desconocimiento, no captamos mayormente en  “Frontera”, relevante obra de nuestro escritor nacional Luis Durán

 (7) El Virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela , desempeñó tales funciones imperiales,        desde 1816 a  1821.

 (8)  Efectivamente, en una gira cultural que iniciamos  en junio de 2003, por Mulchén, donde abordamos la siempre interesante y vigente obra poética de Gabriela Mistral. Y que en seguida proseguimos, por Nacimiento, para  presentar la obra “Historia de Nacimiento” de nuestro coterráneo hualquino, Ramón Navarrete Stagg;  y  luego, enrumbarnos hacia Tucapel, tras las huellas del educador y pensador venezolano, Simón Rodríguez en el transitar por esa región entre los años 1837-1839. Así fue como, finalmente, arribamos al lar hualquino, invitado por el  joven investigador y docente del Liceo de Hualqui, Luis Espinoza para intervenir  con una visión de aconteceres de la localidad  entre las décadas de 1940 y 1960., lo cual se transformó en un panel muy interesante para las nuevas generaciones asistentes en aquella oportunidad.

         (9) Otro acontecer ignominioso que registra la historia peninsular de tal naturaleza,                        ocurre  en  época más contemporánea, cuando el siniestro Gobernador militar de  Granada, General José Valdés Guzmán, ordena encarcelar y matar al insigne poeta español Federico Ga