José Cortés de Madariaga
Reinaldo Villegas Astudillo
Uno de los poetas más
jóvenes que concurrió al Encuentro Internacional de Poesía,
auspiciado por la Universidad de Carabobo de Valencia, a fines de
noviembre del año pasado y quien destacó por su voz poética fresca,
rítmica y profunda pertenecía a la etnia guajira, nacido y criado en
la localidad colombiana de Río Hacha. Consultado por nosotros, si
había oído mencionar el nombre del prócer José Cortés de Madariaga,
quien falleció en ese lugar en el año 1826, lo ignoraba
completamente. Sin embargo, demostró un inusitado interés cuando le
referimos los pormenores de la existencia y de la figuración que
había tenido en los episodios suscitados el 19 de abril de 1810 y
que dieron inicios al proceso que conduciría a la independencia de
lo que sería años después la república de Venezuela. El creador
poético quedó tan impresionado, que de inmediato prometió de regreso
a la tierra nativa de motivar a las autoridades y a los entes
históricos-culturales de Río Hacha para redescubrir a tal egregio
personaje chileno-venezolano, perdido por la historia oficial en
diversos puntos del continente.
Don José Cortés de Madariaga era
el menor de doce hermanos d el matrimonio constituido por don
Francisco Cortés Cartavio y doña Mercedes Madariaga Lecuna y
Jáuregui, ambos provenientes de conspicuas familias –como lo señala
el historiador Benjamín Vicuña Mackenna en la obra: El tribuno de
Caracas, publicada en el siglo XIX- las cuales junto a otras
como los Errázuriz, los Irarrázaval y los Gandarillas entre otras,
provenientes de España directa o indirectamente, a través de otras
colonias, se habían instalado en Chile usufructuando de los bienes
que les otorgaba el Rey por medio del sistema de encomiendas a
connotadas figuras que decidieron trasladarse del viejo continente a
los territorios de ultramar. Tempranamente, casado ya con doña
Mercedes, el progenitor del futuro canónigo había fundado la
localidad de San Francisco de la Selva, transformada más adelante en
la floreciente ciudad minera de Copiapó, situada en el norte de
Chile.
Don José Cortés de Madariaga
nació el 8 de julio de 1766.Aunque su salud fue precaria en la
infancia, se caracterizó siempre por un carácter vivaz e impulsivo.
Como el hermano mayor, Francisco y una hermana, Encarnación sintió
el llamado de Dios y se incorporó en el seminario de Santiago.
Alrededor de 1788, se ordena como sacerdote. Es designado luego como
presbítero en San Lorenzo. Con posterioridad se inscribe en la Real
Universidad de San Felipe, donde permanece hasta alcanzar el
doctorado en 1798.A pesar de que es un protegido del obispo Alday,
debe enfrentarse con un sobrino suyo, el eclesiástico Miguel de
Eyzaguirre en la aspiración que ambos tienen por la cátedra de
Decretales. dado que los dos postulantes presentan los mejores
antecedentes y las más importantes influencias ante la Real
Audiencia, Ante tal situación planteada, la institución colonial
decide traspasar tal decisión al propio Rey y Consejo de Indias. Los
aspirantes a la cátedra se desplazan a Madrid y después de dos años
de mover sus respectivas recomendaciones e influencias, las
autoridades madrileñas toman la decisión de no concederle la cátedra
a ninguno de los dos. Y por Real Cédula del 17 de agosto de 1800, se
acuerda en cambio otorgar la fiscalía de Lima al doctor Eyzaguirre y
a don José Cortés de Madariaga, una prebenda en la ciudad de
Santiago, de donde era originario. Señala, Vicuña Mackenna que en
estos arreglos tuvo participación preponderante, Manuel Mallo, el
colombiano –agregamos nosotros- que en la juventud había residido en
Caracas, ciudad en la cual su padre ocupó un cargo colonial. Ahí,
Mallo hizo una gran amistad con Esteban Palacios, hijo de don
Feliciano, abuelo de Bolívar. Con posterioridad, Manuel Mallo se
traslada a Madrid donde se incorpora a la Guardia de Corps, círculo
íntimo de la reina María Cristina, cuando reinaba el decadente
Carlos IV, su cónyuge y el amante oficial, Manuel Godoy, ejercía de
Primer Ministro, más conocido como “Príncipe de la Paz”. Algunos
historiadores, manifiestan que Mallo se constituyó en otro amante de
la reina, lo cual le habría significado la muerte, ordenada por
Godoy. Por años, igualmente, Esteban Palacios integró este círculo,
dilapidando en parte la fortuna de su familia.
Durante la permanencia en España,
el canónigo Madariaga conoce e intima al igual que su paisano
Bernardo O´Higgins con don Francisco de Miranda, muy admirado por
los jóvenes latinoamericanos que por diversos motivos han acudido a
Europa. Madariaga y el futuro libertador de Chile coinciden en
Cádiz, donde reside don Nicolás de la Cruz, chileno que en calidad
de apoderado tenía la tuición del joven americano mientras residiera
en Europa por orden del padre, el virrey del Perú, don Ambrosio
O´Higgins. Tanto Madariaga como O´Higgins admiran a Miranda y
reciben las instrucciones para desarrollar la acción libertaria
futura en el continente americano: Los dos se incorporan a las
logias masónicas creadas por el Precursor. Madariaga lo hace en
Cádiz y O´Higgins con seguridad posteriormente en la logia Lautaro
de su país natal, que él organiza después de su partida de España,
que ocurre en el año 1801.En tanto y esto lo afirma el historiador
venezolano Arístides Rojas, don José Cortés de Madariaga, apoyado
por Miranda y a raíz de haberse producido una vacante en Caracas, le
escriben a Manuel Mallo a fin de que logre a través de sus
influencias, el cambio de la canonjía a ejercer por Madariaga en la
capital colonial de Chile, por la Canonjía de la Merced de la
catedral de Caracas. Logrado tal objetivo, el canónigo viaja en
1803, con instrucciones de don Francisco de Miranda, tomando
posesión en junio del mismo año del cargo eclesiástico en Caracas.
Es indudable que el canónigo
Madariaga, durante siete años se infiltró dentro de las autoridades
coloniales españolas en favor de la causa libertaria hasta irrumpir
en la sesión que presidía el Gobernador colonial, Emparan, justo
cuando le consultaba al pueblo reunido si deseaba que continuara en
el poder. Y desde atrás, donde se hallaba situado el canónigo, éste
hizo el gesto histórico con el índice de la mano derecha, indicando
el NO inmortalizado por la historia. De inmediato , se nombró a la
Junta de Gobierno y don José Cortés de Madariaga , formó parte de
ella en calidad de representante del clero.
El 21 de diciembre de 1810, es
comisionado el ilustre canónigo para dirigirse a Colombia,
representando a la Junta de Caracas a fin de establecer las mejores
relaciones con el gobierno naciente, presidido por Jorge Tadeo
Lozano. El viaje lo realiza por tierra, deteniéndose en San Carlos,
donde se entera de la decisión de nominar a don Francisco de Miranda
como Teniente General de los Ejércitos patriotas. En esta
oportunidad, en una sesión de la municipalidad se esa villa llanera
,expresa lo siguiente, en torno al Precursor:
“La mano invisible nos ha
conducido al hombre que necesitábamos: devuelve a los patrios lares
al genio extraordinario de la guerra y del consejo: Miranda está
entre nosotros. La injusticia, la barbarie del antiguo régimen
persiguieron a ese hombre cuyos talentos pudieron emplearse con
utilidad, pero cuyo carácter no era de aque- llos tiempos : su
probidad no podía estar entre malvados. Su alma republicana se hizo
para estos días. Jamás el valor y la pericia combatieron por causa
más justa ni más bella. Yo me glorié de ser americano cuando vi,
cuando traté a este hombre Esto era lo que necesitábamos. Nuestros
jóvenes están llenos de ardor marcial; la idea halagüeña de la
libertad ocupa su noble alma: su corazón se ha hecho para una de las
grandes pasiones: el amor a la libertad; pero necesitaban un General
co- mo Miranda que los condujese a la victoria; de un republicano,
que les inspira- se el amor a las virtudes republicanas . Ya lo
lograron; ya está al frente del ejérci- to. Hoy he venido a
anunciaros esta plausible nueva”.
Luego, en Mérida protagoniza una
confrontación con el obispo, Santiago Hernández Milanés, quien desde
el púlpito y sobre la base de edictos aboga por la restitución del
gobierno español. El prelado lo excomulga ante la férrea defensa que
hace de los nuevos gobernantes, el eclesiástico caraqueño. El seis
de marzo de 1811, arriba a Bogotá, lugar en que se radicó por
espacio de tres meses. Cumplida tal misión, inició el regreso a la
capital caraqueña con un acuerdo suscrito entre ambas futuras
repúblicas y la suma de doscientos cincuenta mil pesos que
Cundinamarca remitió a los hermanos del gobierno vecino.
El viaje de retorno fue muy
original y emocionante. El Canónigo Madariaga lo llevó a cabo por
una vía fluvial desconocida en aquellos tiempos: Abordó una
embarcación en el río Negro Prosiguió por el Meta, luego se
incorporó al Orinoco; en seguida se internó por el Apure hasta
llegar a Calabozo por el Portuguesa. Tal hazaña tuvo un fuerte
impacto en los círculos científicos de la época. De acuerdo con lo
que expresa Nicolás Perazzo en su obra: Josef Cortés de Madariaga
(Padre Madariaga), citando a Manuel Palacio Fajardo, autor de la
obra Bosquejo de la Revolución en la América Española, editada en
inglés ,francés y en alemán, la cual alude a esta hazaña del padre
Madariaga, llegó inclusive a conocimiento del Barón Alejandro de
Humboldt, quien hace alusión en sus escritos muy posteriores a su
viaje por estas regiones equinocciales de América.
Las desgracias le sobrevienen al
Canónigo chileno, cuando Domingo Monteverde, jefe de las huestes
realistas provoca la capitulación, previo un armisticio, que firma
el Generalísimo Francisco de Miranda, a fin de lograr el respeto por
los vencidos de parte de los españoles. Sin embargo este mal nacido
militar peninsular, cuyo recuerdo ha sido y será una de las más
grandes ignominias de la historia hispánica de América. No cumple
con lo prometido y ordena encarcelar al grande hombre venezolano, de
estatura universal. Lo encierra en las mazmorras de un velero
anclado en La Guaira, cuyo destino es Cádiz, específicamente la
cárcel de “La Carraca”, donde sin recibir el apoyo de nadie, muere
dolorosamente el precursor de América. Por su parte Cortés de
Madariaga corre igual suerte junto a otros patriotas, entre los que
se encuentran: Juan German Roscio, Francisco Isnardi, José Barona,
Juan Pablo Ayala, José Mires, Juan Paz del Castillo y Manuel Ruiz, a
quienes Monteverde los designa con el apodo de “monstruos”. Son
encarcelados en otra nave que los conducirá al presidio de Ceuta,
situado en el norte de Africa. Transcurridos cuatro años de
encierro, el canónigo Madariaga retorna a la patria venezolana.
Lamentablemente, el clérigo por la apasionada admiración que profesa
por Miran da, no reconoce el surgimiento de una nueva figura, como
lo es Simón Bolivar. Este le envía algunas misivas para incorporarlo
a la lucha unitaria, pero el canónigo no responde y se presta para
organizar el congresillo de Cariaco, en 18l7, el cual es liderizado
por el general Santiago Mariño, conformado por una decena de
integrantes presidido por Francisco Javier Mayz. Esta acción es para
desconocer en parte el liderazgo de Bolívar, quien se encuentra
instalado en Angostura. Fracasado tal conclave, el Libertador
patentiza el poder que ostenta expatriando al chileno-venezolano,
quien se dirige hacia Jamaica, donde ejerce una representación
diplomática de Buenos Aires y de Chile. Tampoco tuvo éxito en este
accionar. Posteriormente, aparece en Colombia, integrando las
huestes del coronel Mariano Montilla, quien intentaba conquistar
definitivamente la zona comprendida entre Santa Marta y Cartagena,
lo cual se logra en 1821 con la ocupación de este último punto
geográfico.
Los últimos años de su existencia
los vive en Río Hacha, desde donde reclama el derecho a la canonjía
de Caracas, la cual le había sido usurpada en 1819. Santander le
ofrece el cargo de déan de la catedral de Santa Marta, pero la
rechaza y prefiere quedarse en la localidad guajira hasta el término
de sus días, lo cual ocurre el 26 de marzo de 1826.
Creemos que en esta fecha en la
cual se conmemora el 193 aniversario de esta primera gesta
patriótica venezolana, que además de los discursos tan verbalistas,
que se estilan para tal ocasión sería de justicia, mirando ya hacia
el bicentenario que las tres repúblicas, Chile, Colombia y Venezuela
en conjunto y en sus respectivos territorios relevaran la memoria de
esta insigne figura, entregado a la causa venezolana y americana
construyendo algunas obras escultóricas y de otra naturaleza
artística, para recordar su figura , especialmente en Chile y
Colombia, donde prácticamente su recuerdo ha desaparecido y se hace
necesario recuperarlo para que las nuevas generaciones se
reencuentren con un héroe latinoamericano tan eminente como este
eclesiástico chileno-venezolano, que tanto contribuyó con la
independencia de Venezuela y Colombia, naciones tan representativas
del continente y que prácticamente ofrecen una historia común., dese
sus orígenes republicanos.
Textos bibliográficos consultados
1.-Vicuña Mackenna, Benjamín: El Tribuno de Caracas ..Boletín de la
Academia Nacional de la Historia .Tomo XI, N*158. abril-junio de
1957.Caracas.
2.-Perazzo,Nicolás: Josef Cortés Madariaga (Padre Madariaga).Caracas.
Colección Libros Revista Bohemia. N* 105 B s/f.
(*): Escritor chileno,radicado en Venezuela, en tránsito por la
nación nativa
mailto:1134vill@cantv.net
Hualqui:
Hito histórico en
la Guerra a Muerte
Reinaldo Villegas Astudillo
(Dedicado
a la patria chilena, la cual se encamina al bicentenario de la
República, y a la “patria chica” de Hualqui, por cumplir 250 años de
su fundación, el 24 de octubre de 2007)
I.-Antecedentes
La
historia de Chile, por diversos motivos, durante estos últimos dos
siglos republicanos, próximos a cumplir dentro de tres años, no ha
sido consignada detenidamente en su totalidad por los historiógrafos
y relatores históricos, por considerarse a estos sucesos como no
relevantes en la llamada “historia oficial”, la cual se configuró
especialmente en el siglo XIX, de acuerdo con los sempiternos
gobiernos de la oligarquía chilena, representados por sus partidos
políticos: conservadores o “pelucones” y liberales o “pipiolos”.(1)
A lo anterior, se agrega la carencia de suficientes historiadores e
investigadores que hubieran profundizado en esta temática tan vital,
para ser conocida por las generaciones surgidas en el siglo XX y
las actuales que empiezan a emerger en la presente época del
post-modernismo.
Durante muchas décadas, hasta avanzado el siglo pasado, los
estudiantes de los ciclos básicos, medios y superiores de la
enseñanza chilena, se adentraron preferentemente en una historia
lejana como la de los egipcios, de los medos y de los persas, junto
a la cultura greco-romana, Edad Media y el Renacimiento europeos.
Sin embargo, la de América, caribe-latinoamericana y singularmente
la de Chile, se asomaban al término de la enseñanza media, de
manera superficial , centrándose en la oficial, es decir la
permitida por los gobiernos de la oligarquía, insistiéndose más en
la guerra de la independencia, los inicios de la República, los
gobiernos del siglo XIX y un asomo de los albores del siglo XX. No
conocimos detenidamente la mal llamada “Pacificación de la Araucanía”,
la cual investigada por nuestra propia cuenta en décadas muy
posteriores, descubrimos que tal suceso había tenido las
características de un intento de exterminio de la valerosa raza
mapuche. (2)
De
igual modo, dentro de nuestra supina ignorancia, desconocíamos los
acontecimientos configuradores de “La Guerra a Muerte”, escrita por
el historiógrafo, don Benjamín Vicuña Mackenna, en el año 1868, la
cual fue conocida por algunos lectores, habiéndose reeditado
posteriormente en 1935 y casi cuarenta años después reimpresa en
1972, justo un año antes del término de la República, lo cual
significó caer en una oscuridad cultural de casi diecisiete años,
intensificándose las omisiones históricas al igual que las
literarias, donde en este último caso por ejemplo la “nueva
enseñanza oficial de la dictadura”, estipulaba el estudio de la obra
poética de Neruda, en los inicios con los: “20 poemas de amor y una
canción desesperada”, publicada en 1922 para “saltar” a las “Odas
Elementales” ,difundidas en el año 1954. (3)
Finalizado tal interregno en 1990, retornan los trabajos y
exégesis interrumpidos en 1973 y se inician algunos nuevos en el
exilio, como ocurrió con Gabriela Mistral, la gran creadora poética,
primer Premio Nóbel de Literatura del continente, en 1945,(4)
quien había sido impulsora de un pensamiento vigorosamente
caribe-latinoamericano, bebidos en las fuentes de Bolívar, Martí,
Hostos, Rodó y Sandino entre otros, en ensayos y trabajos
prácticamente desconocidos en su país nativo. A ello, se agrega el
surgimiento de nuevos investigadores, como José Bengoa, (5) el cual
a través de su nutrida obra se interioriza en la historia de la
etnia mapuche, sobre todo en el siglo XIX y devela una realidad que
se había distorsionado, presentándosenos una visión de pacificación,
cuando en la realidad fue de casi exterminio total, por la
influencia de un pensamiento positivista y oligarca de nuestros
gobernantes del siglo XIX, donde destaca fundamentalmente el
pensador argentino Domingo Faustino Sarmiento, exiliado en Chile a
raíz de la dictadura de Juan Manuel de Rosas, en su patria, y quien
influyera notablemente en su amigo, Manuel Montt, presidente de la
República de Chile entre 1851 y 1861.
Sólo hace unos cuatro años atrás, penetramos dentro de la
historia mapuche, y recién después de tanto tiempo, nos informamos
de los cruentos acontecimientos protagonizados por esta etnia,
cuando se enfrentan al propio ejército chileno, comandado en el
inicio de las hostilidades por el militar Cornelio Saavedra y que
fue seguida por otras figuras castrenses hasta el 23 de febrero de
1884, entre las que se encuentran “Guamachuco”,(6) el popular y
victorioso héroe en la batalla de Huamachuco, en las sierras del
Perú y quien es enviado, después de haber recibido grandes honores
en Santiago, a exterminar mapuche, lo cual no fue posible en su
totalidad. hasta cuando se logran las victorias finales y se funda
la ciudad de Temuco. Anteriormente, jamás supimos de esta
conquista, a “sangre y fuego”, que puso fin a la presencia
beligerante mapuche, inclaudicable, por cuatro siglos ante el
imperio español, a lo que se agregan unas cuatro décadas de la
etapa republicana chilena.
Ahora, permítasenos reflexionar sobre otros sucesos
desarrollados y no difundidos por la historia oficial, a cabalidad,
como lo fue la llamada “Guerra a Muerte”, desarrollada
inmediatamente después de instalado el gobierno de Bernardo
O´Higgins. Acabada la guerra de la independencia, el 5 de abril de
1818, se producen las situaciones siguientes:
1.- El Gobierno naciente va a comenzar con esa inclinación
por el centralismo, que ha caracterizado a nuestro país durante toda
la existencia republicana. El interés de los gobernantes se sitúa en
Santiago y la región central. Aunque, no sucede lo mismo, con la
Provincia de Concepción y Arauco donde es designado como
Intendente, el brillante militar, Ramón Freire. Sin embargo por la
carencia de recursos del gobierno nacional, no cuenta con los
suficientes batallones y el respectivo armamento para controlar tan
vasta región, poblada, aún de realistas que se niegan a reconocer la
independencia de Chile.
Los bienes económicos del nuevo estado, solamente
alcanzan para promover el desarrollo en la capital y sus aledaños, a
lo que se agrega una merma del presupuesto por el aporte que lleva a
cabo el gobierno chileno a la constitución de la Escuadra
Libertadora, que va en ayuda de la independencia definitiva del
Perú.
2.- La batalla de Maipú no marca en plenitud la
independencia de Chile, sobre todo en la región sur del país.
Innumerables soldados españoles, que no se conforman con la derrota,
se desconectan de los mandos centrales y permanecen en la naciente
nación, clandestinamente, manteniendo una particular dependencia del
Virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela.(7) Todavía, no se
consideran desertados y empiezan a organizar milicias con apoyo de
la población que se mantiene vinculada a España , quienes van a
continuar enfrentando a las fuerzas y militares chilenos en esta
amplia región, ya que en un tiempo no tan lejano fueron las
provincias de Ñuble, Concepción, Bío –Bío y Arauco, justamente, la
que hoy constituyen la VIII Región.
Tal enfrentamiento que provoca una crueldad
inimaginable, la protagonizan figuras fieles a la corona española,
transformados a partir de 1819 en verdaderos forajidos. Esta galería
de personajes siniestros la encabeza, Vicente Benavides, junto a
José Manuel del Pico, el cura Juan Antonio Ferrebú, los hermanos
Dionisio y Juan de Dios Seguel. Estos últimos, estancieros, como
los Urrejola, Olate Lantaño y Bocardo. A ellos, se agregan los
“míticos” hermanos Pincheira, más vinculados a la zona de Chillán y
sus alrededores.
Hubo algunos de estos alzados que la historia los
registró con sus apodos, como: el “Ñego” y el “Machetado”. Señala
Vicuña Mackenna, que estos verdaderos “ángeles del Mal” utilizaron
para el logro de su macabro fin en las localidades y ciudades que
asaltaban: “la espada, para descuartizar; los bancos de las plazas
para ahorcar a sus víctimas y la tea para incendiar a fuego”,
cerrando la mayoría de las villas que caían en su poder.
Por su parte, las fuerzas chilenas, las cuales, en
buena medida carecían de suficientes armamentos, a pesar de los
esfuerzos que hacía el general Freire para obtenerlos de los mandos
capitalinos, contaban con soldados egregios de la talla de Carlos
María O´Carrol, Teniente- Coronel inglés al servicio de las armas
patriotas; el comandante general de fronteras, Andrés de Alcázar; el
Teniente- Coronel francés, Benjamín Viel, quien había arribado a
Chile después de la Batalla de Chacabuco; Manuel Bulnes Prieto,
Teniente para ese entonces , de diecinueve años; José Joaquín Prieto
Vial, coronel, por esa época, el cual puso fin a esta guerra
intestina.
En esta ocasión, intentaremos revisar a lo largo de
esta voluminosa obra, los episodios que se consignan con nuestra
“patria chica” de Hualqui, lugar donde nacimos, con motivo de
recordarse el próximo 24 de octubre, el 250 aniversario de su
fundación. Así, estamos redescubriendo una historia de nuestra
localidad que nunca conocimos, a la cual la tradición oral la
identifica como: “República Independiente de Hualqui”, tal vez
sería esta denominación la que configuró a las de nuestros padres y
abuelos, abarcando casi los tres tercios del siglo XX, en lo que
respecta a la toma de conciencia de que siempre fuimos ciudadanos
cabales. Tal legado lo recibimos de nuestros antepasados, donde
desde el siglo XIX, figuran nuestra familia, que proviene de los
Villegas y de los Jerez, junto a los Candia y Neira , a las cuales
se agregan, los Delgado, Quevedo, Mardones, Araneda, Zambrano,
Pereira, Oportus y Hormazábal , entre otros grupos configuradotes
por décadas de un pensamiento constitucionalista, amantes de la
república y adversarios acérrimos de inconstitucionalidades y entes
suplantadores del poder electoral y de la civilidad.
En la “Guerra a Muerte” de Benjamín Vicuña Mackenna, visualizamos
alrededor de once episodios y alusiones a Hualqui, dada su
configuración geográfica tan especial, por estar situado en uno de
los últimos recodos en la ribera norte del Bío Bío, apenas a unos
aproximadamente 30 kilómetros de su desembocadura en el Pacífico
Océano.
Primer Episodio
“El 16 de julio los dos hermanos Seguel cayeron de sorpresa sobre la
villa de Gualqui, a la vista casi de Concepción; mataron a los que
quisieron, y entre otros al buen patriota don Juan Pinilla,
saquearon la aldea y se llevaron prisioneros a los pocos que se les
ocurrió perdonar. Entre éstos iba el cura de la parroquia don
Nicolás Novoa , el juez del distrito don Joaquín Soto y un vecino
llamado Bartolomé Sanhueza. Metierónlos en una balsa de las que se
usan en el Bío-Bío para atravesar las aguas y las arenas,
empujándolas con varas apoyadas en el fondo del cauce; y como todos
los prisioneros, excepto el cura, iban amarrados, los asaltadores
al retirarse con su botín, habían confiado su custodia al juez de
Pileu y un fusilero .Los dos balseadores que empujaban la
embarcación vigilaban también a los cautivos e iban armados de
sables.
Cuando flotaba la balsa por la mitad del río, observó el
soldado que iba dema-siado cargada y que comenzaba a sumergirse.
Sin más que esto, dijo al juez en alta voz que era preciso echar
los prisioneros al agua, y al efecto comenzó a cambiar la ceba a
su fusil para matarlos a mansalva, pues hemos dicho que iban
fuertemente ligados. Por fortuna el prisionero Sanhueza había
logrado desatarse, y oyendo aquella sentencia salvaje de su muerte
y la de sus compañeros, se precipitó sobre el soldado y logró
tirarlo al agua. Uno de los balseadores soltó la palanca y
abalanzóse sobre el indefenso juez Soto, con el sable que llevaba a
su cintura; mas éste resistióle como pudo, y en la lucha rompió
sus ligaduras. Siguióse entonces un combate cuerpo a cuerpo en el
que el esforzado cura cayó herido al agua , volviendo a recibir
otro golpe en la cabeza al tratar de asirse a los maderos de la
balsa. Sobrepusiéronse al fin los prisioneros, y al día siguiente se
presentaron al Intendente Freire en Concepción llevando atados con
sus mismas sogas a sus carceleros. Horas después, el juez de Pileu y
los dos balseadores eran fusilados y sus cabezas fijadas por tres
días en altas picas en la plaza de Gualqui”.
(
pp. 59-61)
Comentario
Aquí, observamos la presencia en Hualqui de los hermanos Dionisio
y Juan de Dios Seguel, ambos estancieros que tal como lo expresa
Vicuña Mackenna , al igual “que Urrejola, Olarte Santaño y Bocardo
se mantenían aferrados a la Corona Española”.
En tal acontecer se revela por una parte la valentía de
los hualquinos, quienes tal vez tomados de sorpresa por los
atacantes, llevan a cabo una resistencia cabal, lo cual le
significa perder en combate a uno de los suyos como lo es el
patriota Juan Padilla, y aunque un grupo es hecho prisionero para
conducirlo a los reductos realistas, situados al otro lado del Bío-Bío,
donde se extiende la Cordillera de Nahuelbuta, sin embargo los
asaltantes no logran el objetivo previsto, por cuanto dada la
sagacidad de los patriotas hualquinos, logran deshacerse de las
amarras, Luego, doblegan a sus captores y por último los conducen
ante el Intendente Ramón Freire, quien ordena fusilarlos y como se
acostumbraba en la época, práctica que se observa en varios puntos
de América en la guerra pre e independentista, se exhibían
públicamente sus extremidades físicas, con el afán quizás de
amedrentar a los contrincantes , al exhibir, en este caso, las
cabezas de los ajusticiados.
Este suceso corresponde al 16 de julio de 1819, según el
parte elaborado por el Intendente de Concepción Ramón Freire, el
cual reposa en el Archivo del Ministerio de Guerra.
Segundo Episodio
“En
aquel hermoso río no hay, pues, propiamente vados, y llámanse así
los balseadores. Son éstos aquellos sitios más a propósito por lo
remanso de las aguas para hacer pasar de una orilla a otra
embarcaciones que no tienen quilla ni timón , y corresponden por lo
común , a los antiguos fuertes fundados por los españoles en ambas
márgenes del río, que casi siempre se enfrentan los unos con los
otros. De esta suerte encuéntrense vados por Nacimiento, frente a
Santa Fe, por Santa Juana , frente a Talcamávida, por San Pedro,
frente a Concepción, fuera de muchos otros intermedios como
el de Pileu, de Gualqui, el de Tornaguillín, el de Monterre y
otros” (pp.111-112).
Hasta el inicio del año 1965, fecha de nuestra
desvinculación por años de Hual qui, al cual retornamos
espaciadamente y por instancias fugaces, hasta diciembre de 1975,
siempre nos llamó la atención ese lugar, situado en la altura de la
localidad, que se ubica al término de la calle Irarrázaval y pasada
la intersección con Patricio Lynch, por donde transitábamos en
verano, casi diariamente, rumbo al Bío-Bío, por supuesto que en
periodo vacacional. Antes de bajar hacia la línea, donde estaban
los cambios norte de la vía ferroviaria, nos solazábamos con la
visión que se nos ofrecía del majestuoso río–padre, el cual
contemplado desde ese punto, se observa que empieza a desplazarse
desde los lejanos cerros que nos separan de Quilacoya, para
serpentear ante Hualqui , acompañándolo con nuestra vista hasta
desaparecer detrás del Cerro “Agua del Obispo”. Por supuesto que
esa misma visión tuvieron los españoles en su época, lo cual
significó que en la altura señalada construyeran el Fuerte, dato que
nos fue suministrado por el Profesor de Historia y joven
investigador, del Liceo de Hualqui, Luis Espinoza en un panel en el
cual participamos como invitados, en el mes de junio de 2003. (8)
Tercer Episodio
“El activo Benavides no había aguardado, empero la
llegada de refuerzos para continuar las hostilidades en toda la
línea del Bío Bío y de la Montaña. El mismo día en que Carrero y sus
camaradas llegaban a Arauco, él hacía dar una vigorosa embestida a
la guarnición de Gualqui en la ribera derecha del río. La partida
enemiga componíase de cincuenta hombres entre fusileros y caballería
, mientras que la guarnición patriota no pasaba de la mitad de aquel
número a las órdenes de un valeroso oficial del número uno de Chile
llamado Huerta. Despreciando éste las trincheras con que se había
parapetado el pueblo, atacó a los asaltantes con tal denuedo que en
poco rato les mató veinticuatro hombres, haciendo prisioneros un
oficial y dos soldados. Como la aldea en que tuvo lugar esta
refriega se halla a muy corta distancia de Concepción, apenas
sintióse en ella el tiroteo, corrió la guarnición a las armas, y
según el parte de Freire (Concepción, 20 de noviembre), las mujeres
mismas pedían fusiles. Tan grande era el terror que inspiraba a las
poblaciones la idea sola de la aproximación del degollador de Santa
Juana! Al siguiente día, como una ofrenda a aquel terror del pueblo,
Freire hizo fusilar en la plaza de Concepción al oficial y los dos
soldados que le habían traído prisioneros”. (p. 145)
Comentario
Vicente Benavides, sin lugar a dudas, el más siniestro de estos
“ángeles maléficos”, antagonista en la “Guerra a Muerte”. Una sola
acción vil y criminal retrata su naturaleza maligna: Estando en
Santa Juana, recibe al teniente Torres, como parlamentario del
general Ramón Freire para llevar a efecto un cambio de prisioneros.
Sin embargo, Vicente Benavides se emborracha en el brindis de
bienvenida que le ofrece y ordena, sin motivo alguno, descuartizarlo
junto a diez prisioneros patriotas.
Este acto brutal y propio de la barbarie del maléfico
Benavides, lo inscribe en la historia más ignominiosa de nuestra
patria, carente de conmiseración a través de los siglos por romper
con los acuerdos de guerra entre enemigos, vencidos o vencedores ,
que generalmente han sido respetados por los bandos en pugna. Esta
acción repelente de Vicente Benavides, nos hace recordar la
indigna acción de Monteverde, jefe de las fuerzas realistas que una
vez rendido el Precursor de América, Don Francisco de Miranda, éste
incumpliendo normas de honor, lo vuelve a apresar , embarcándolo
desde La Guaira a Cádiz, donde el ilustre venezolano muere en un
calabozo olvidado de todo el mundo. (9)
De ahí, que en el presente por lo menos hasta mayo de
2003, cuando visitamos a Santa Juana en afanes investigativos,
quedamos estupefactos al constatar que en esa localidad, una calle
lleva el nombre de tal asqueroso asesino de antepasados de
familias de ese mismo pueblo. ¡ Qué ignorancia tan supina del
Alcalde y Concejales, responsables de esa decisión tan innoble!.
En el episodio que hemos transcrito, Vicente
Benavides envía hacia Hualqui para el asalto a un número de
forajidos que duplica a la guarnición patriota, comandada por el
teniente Huerta. No obstante la valentía de este brioso soldado y
sus compañeros de armas, logran doblegar a la avanzada realista, con
el aporte de las igualmente valientes mujeres hualquinas, herederas
de las primigenias, ensalzadas por el cantor épico, Don Alonso de
Ercilla y Zúñiga, entre las que descuellan entre otras, Fresia y
Guacolda. Y muy posteriormente en el periodo independentista, doña
Paula Jaraquemada y Javiera Carrera. Nuevamente el Intendente de
Concepción, Don Ramón Freire, ordena fusilar al oficial y a los dos
soldados que los hualquinos habían tomado prisioneros. Hay que
destacar la proeza de Huerta y sus compañeros, que prácticamente
eliminan físicamente a la mitad de los componentes de la hueste
invasora, enviada por Vicente Benavides.
Cuarto episodio
“En
el mismo día (28 de junio) en que Merino mataba a Santos Alarcón en
Puñural, una partida realista que había asaltado la hacienda de
Gualpén, en cuyos términos se halla edificada la moderna
Concepción, con el objeto de robar caballos , había dejado dos
prisioneros en manos del intendente Freire, fuera de siete que, se
ahogaron al regresar, arrastrados por la corriente. “Pues bien,
escribía el mismo día aquel funcionario, hablando de los primeros,
mañana serán estos ahorcados, cuya clase de muerte infunde más
terror al enemigo”.
Mas, al interior era sorprendido por esos mismos días (
julio 1º) en la aldea de Gualqui el valiente alférez, hoy coronel
don Francisco Porras, al mando de una partida de quince fusileros
del número uno de Coquimbo en cuyo cuerpo servía , y en el acto
mismo de caer sobre el cuartel en que estaba alojado, el enemigo
fusiló uno en pos de otro todos los prisioneros que en la turbación
del primer momento logró hacer. El intrépido Porras se encerró, sin
embargo, en un cuarto con siete de los suyos, y allí hizo tan
denodada resistencia que perecieron diez de los asaltantes con su
jefe el capitán Campillo, tomando el resto la fuga, a virtud de
aquel estrago y por un tropel de yeguas que sintieron venir por
entre una densa niebla matinal, y que juzgaron era socorro que
llegaba al oficial patriota.”.(p. 248)
Comentario
Benjamín Vicuña Mackenna, complementa tal episodio,
incluyendo el propio parte de guerra, elaborado por Porras y por la
información que le entregara, posteriormente, al propio historiador,
tal como se indica:
“Parte de Porras. Gualqui, julio 1º (el original dice
agosto 1º) de 1820.Porras dice que entre los muertos del enemigo se
encontraba uno de los oficiales que lo mandaba y que además de los
cadáveres dejados en el sitio, llevaron dos mulas cargadas de ellos,
fuera de que algunos caballos que se tomaron daban a conocer por la
sangre, que empapaba sus monturas que sus jinetes habían sido
derribados en el fuego”
En la entrevista señalada, añade Porras lo siguiente:
“ El enemigo tuvo aviso de su situación por un sargento de
milicias llamado Marcos Rojas que se pasó al enemigo aquella noche.
El mismo Rojas, que guiaba la partida enemiga, le gritaba que se
rindiese y que Benavides lo haría feliz, pues le estimaba mucho. El
enemigo en vista de la obstinación de Porras prendió fuego al cuarto
donde se hallaba encerrado, pero huyó precipitadamente por la
circunstancia que dejamos mencionada”.
Quinto Episodio
Journal of
residence in Chile by a young american,Boston,1823, pág.223.
“ El autor de
esta interesante obrita, llamado John F. Coffin, Diario de un
joven norteamericano, Editorial Francisco de
Aguirre,1969, era un joven comerciante natural de Boston que
habiendo entrado a Talcahuano durante el sitio de 1817 en el
bergantín americano Castor fue apresado por Ordóñez, junto con el
Beaver, de que hemos hablado en otra ocasión. Con este motivo,
quedóse aquel en Concepción durante todo el año de 1818 y parte de
1819, residiendo en Gualqui, asilado en la hacienda de don José
Antonio Sosa, o en Penco viejo, desde cuya playa presenció el
combate de la María Isabel con el Lautaro y el San Martín.
La narración es sumamente sencilla, veraz y sin pretensiones,
atributo rarísimo y en esta clase de libros y contiene no pocas
veces observaciones profundas emitidas con un simpático candor .
Asegura el autor, por ejemplo, hablando de la acendrada adhesión del
rey de los penquistas, que frecuentemente le preguntaban si los
ingleses eran también tributarios de Fernando VII y le interrogaban
con asombro si podía existir algún patriota en Europa, la que
juzgaban sometida a España como en el tiempo de Carlos V. En
cuanto a los araucanos era mucho peor: “Para los indios dice (pág.
175), bastaba señalarle o nombrarles un patriota para que cayeran
sobre él con todo el furor salvaje de su odio”. (p.258)
Comentario
Los editores de esta obra de Benjamín Vicuña Mackenna
que es objeto de nuestro estudio, específicamente en lo que se
relaciona con la presencia de Hualqui en el texto, insertan una
nota, donde aluden a la obra escrita por el viajero John F. Coffin,
donde señala su presencia en la localidad hualquina y expresa
juicios sobre lo que piensan los pobladores de la región de
Concepción en torno a su admiración y dependencia del imperio
español, a poco tiempo de producirse la independencia de Chile. No
se sienten identificados con los patriotas y manifiestan odio por la
etnia mapuche, justo en una época en que gran parte de la población
de la región ha empezado a desplazarse a Los Angeles y su
alrededores, inicio de la Araucanía.
Tal vinculación con la España monárquica en algunas
regiones interiores de América, se mantendrá por muchísimo tiempo
de instaladas las repúblicas del continente. Pasará más de una
década para que la República de Chile pueda incorporar
definitivamente a la zona de Chiloé y en el caso de Venezuela,
ciudades como Valencia y Coro se mantendrán afines a España por un
lapso prolongado. Ya en 1811, el presbítero chileno José Cortés de
Madariaga, quien fue enviado por los integrantes de la Junta
independentista de Caracas a Bogotá para informar del inicio del
proceso de la independencia en Venezuela, en el trayecto, hecho por
tierra tuvo un ardoroso encuentro con el Obispo de Mérida, quien no
aceptaba a los republicanos y ordenó detener en la cárcel al
sacerdote chileno, quien participó en la constitución de la Primera
Junta Nacional de Gobierno venezolana, el 19 de abril de
1810.Pasados unos días, recuperó su libertad y nuestro compatriota
pudo continuar su viaje sin mayores impedimentos hacia tierra
neogranadina.
Sexto episodio
“Igual a su profundo y ciego desprecio por los montoneros de
ultra-Bío-Bío era la frecuente imprevisión militar de que daba
testimonio el general Freire en aquellas aciagas campañas!
Una semana más tarde vino, empero, a sacarlo de duda
un despacho escrito en Los Angeles el 28 de agosto por el general
Alcázar. En él le decía que el comandante Ferrebú, estacionado en
Santa Juana con el tercer escuadrón de dragones, había ordenado que
se arrimasen palos a la orilla del río para amarrar hasta treinta
balsas.
Pero aún delante de este aviso que no podía ser más
determinante sobrevino otra nueva vacilación, fruto de las
estratagemas de Benavides. Hacía este correr la voz de que meditaba
atacar a los Angeles , para mejor asegurar su golpe sobre
Concepción, y el general Freire, que sabía la extrema e irremediable
penuria de municiones y de víveres en que se encontraba aquella
importante plaza, se preocupaba profundamente de atender a su
defensa, con preferencia a todo otro plan de hostilidades.
Bajo esta persuasión, ordenó al comandante Viel
en los primeros días de setiembre de 1820, que avanzara con la
posible diligencia desde Chillán a ocupar la posición estratégica
de Yumbel, casi medianera entre los Angeles y Concepción. Con el
mismo fin había hecho situarse a O´Carrol con sus dragones en Rere (
a donde aquel jefe había llegado a pie, trayendo los soldados sus
monturas al hombro después de haberse comido sus caballos) y situado
por último el capitán Luis Ríos con cuarenta cazadores de la escolta
en Gualqui, mas hacia Concepción. Esta fuerza, así como la
guarnición de Talcamávida compuesta de cuarenta infantes y dos
cañones de campaña, quedaba sujeta a las órdenes de O´Carrol”.
(p.271)
Comentario
En
este episodio, Vicuña Mackenna se permite una crítica que va
dirigida al general Ramón Freire en el sentido que , en algunas
circunstancias, le da cabida a las estratagemas utilizadas por el
hábil forajido español, Vicente Benavides , quien en sus mensajes
interceptados, hace creer al bando patriota que se encuentra
disminuido en su fuerza bélica. De igual modo, alude a la
imprevisión que se observa al no estar siempre preparados los integrantes del bando patriota para recibir y
enfrentar los ataques de este bandido. En estas apreciaciones,
pareciera que el escritor nacional olvidara las precarias
condiciones en que se encontraba Freire, el cual carecía del
presupuesto y armamento necesario para dominar a las fuerzas
realistas, las cuales permanentemente son apoyadas por el Virrey
del Perú, Joaquín de la Pezuela, el cual de una u otra manera les
hacer llegar las armas. En tanto, O´Higgins, el Director Supremo de
Chile carece de los recursos necesarios para sostener esta
conflagración suscitada en la región sur, preocupado de gobernar
para el centro del país y apoyar a la independencia del Perú con la
Escuadra Libertadora. (10)
En este episodio, observamos la estrategia utilizada
para defender la región de la aquella entonces extensa Provincia de
Concepción, destacando batallones a cargo de connotados soldados
para que adopten posiciones entre Chillán y Concepción, donde
Hualqui, figura dentro de esa línea trazada por el general Ramón
Freire.
Séptimo episodio
“ …
el general Freire ,
aislado a su vez en Concepción, se encontraba sumergido en una
inquietud devoradora. A las doce de la noche del mismo día del
desastre de sus armas en el Pangal , había recibido la aciaga nueva
comunicada por el comandante de armas de Rere don José Tejada , y
en el acto mismo había despachado un expreso a la capital
manifestando la crítica situación que le creaba aquel contraste,
arrebatándole la única arma apta para la guerra que sostenía y
clamando en consecuencia por amparo.” A la mayor brevedad posible,
decía el gobierno de la capital en aquella hora, venga el mayor
número de caballería de la otra parte del Maule , pues debe V.E.
persuadirse que la provincia se levanta en masa, siendo destrozada
mi fuerza de caballería, quedando solo en esta capital alguna
milicia”.
Preocupóse al día siguiente el consternado jefe , que
sólo ahora pudo medir el abismo que le había cavado su arrogante
pero mal aconsejado desdén del enemigo, de arbitrar medios como
socorrer a Alcázar en los Angeles y destacó en Gualqui al comandante
Cruz, que regresaba sobre Concepción con el objeto de observar más
de cerca a Pico. Al mismo tiempo despachó hacia Chillán al
comandante Viel , a fin de que reasumiera el mando de su escuadrón
dispersado, como hemos dicho, por aquel rumbo, y allegando, según le
fuera posible , el mayor número de milicias, contuviese en el Itata
a Benavides, en el caso que éste marchase hacia la capital”. (
Págs. 326- 327)
Comentario
Este texto nos muestra, en primer término, la orfandad en que se
encuentra el General Ramón Freire, Intendente de Concepción ante la
masacre ejecutada por Benavides en la Isla del Laja, donde asesinan
al Mariscal Alcázar y derrotan a sus huestes, lo cual le permite ir
avanzando hacia la zona penquista. Freire clama ante las autoridades
centrales de gobierno, a fin de que le envíen un mayor contingente y
pertrechos de guerra con los cuales puedan detener el avance de
Benavides, el forajido y sus huestes realistas tan abominables y
heterogéneas mesnadas, a las cuales las impulsa sólo el saqueo y la
muerte.
Cuestiona el autor chileno, “ el mal aconsejado
desdén del enemigo” por parte de Ramón Freire, al no haber acudido
oportunamente a reforzar la plaza de Los Angeles, comandada por el
mariscal Alcázar .
Para cerrar el paso a Vicente Benavides, entre
otras decisiones adoptadas por Freire, figura nada menos que
destacar en Hualqui, al relevante militar, José María de la Cruz,
oriundo de Concepción, para que vigile el desplazamiento de las
fuerzas realistas a cargo de Pico, un militar español, que logró
liderizar a un conjunto significativo de mapuche en la región de
Mulchén y Negrete, integrándose al bando de Benavides.
Posteriormente, don José María de la Cruz, después de finalizada la
“Guerra a Muerte”, se alzará como general de las fuerzas del sur,
contra las comandadas por militares de Santiago en la Batalla de
Lircay, contienda donde resulta derrotado, la cual puso fin a sus
aspiraciones presidenciales en detrimento de los santiaguinos, lo
cual pudo haber significado el haber contado nuestra región con
tres presidentes, nacidos en Concepción, como lo fueron, primero,
José Joaquín Prieto y luego Manuel Bulnes, quienes igualmente
tuvieron activa participación en la “Guerra a Muerte”.
Octavo episodio
“Conceptuando ya inútil toda tentativa de socorro, el general Freire
hizo regresar su división al puerto y se dirigió a Concepción, a
donde venía aproximándose el enemigo, después de la capitulación de
Tarpellanca. El 30 de setiembre en efecto Benavides ocupó Gualqui ,
y fue preciso por consiguiente abandonarle aquella ciudad, que antes
le había visto humilde soldado, hijo de un carcelero, y a la que
entraría ahora con el hinchado orgullo de un visir repleto de
vanidad y sangre. El último en retirarse fue el comandante Cruz,
temeroso de que un sargento español llamado Gilabé, que se pasó
aquel día de su cuerpo al enemigo, sirviera a éste para prepararle
una emboscada” (p. 330).
Comentario
En este episodio, se
observa el punto culminante de las huestes realistas, las cuales
vienen avanzando exitosamente, victoria tras victoria, ya sea en el
campo de batalla como en el ajusticiamiento salvaje que van
realizando a su paso de los adversarios, es decir, los patriotas
como si se tratara de épocas bárbaras. Benavides. se asemeja a un
“Atila” . Arriba a Hualqui con todo el poder que le brindan la
tropa de forajidos que le acompañan, los cuales constituyen una
mesnada heterogénea, donde figuran algunos mapuche que lo acompañan,
soldados españoles como el comandante Pico y aventureros en gran
proporción, a los cuales los impulsa el saqueo y el pillaje como
hordas primitivas..
Tal presencia demoníaca en Hualqui, provoca la
partida del comandante Cruz, que se encontraba destacado en la zona
, el cual se retira estratégicamente con sus hombres siguiendo al
general Freire, que deciden refugiarse en Talcahuano, para
reorganizarse y reiniciar una embestida final sorprendiendo a los
realistas, lo cual se producirá posteriormente en los aledaños de la
ciudad de Concepción.
Noveno episodio
“ En la mañana del memorable lunes 27 de noviembre de 1820 y en la
hora misma en que la vanguardia de la segunda división salía en masa
de Talcahuano, y con banderas desplegadas se dirigía sobre el campo
del salteador de Quirihue, convertido ahora en señor de la mitad de
Chile, a infligirle un terrible y final castigo. Nunca se viera a
nuestros soldados más terribles que aquel día ¡ Habían jurado todos
morir mil veces antes que dejarse arrebatar de nuevo sus colores por
aquella muchedumbre de bandidos que no tenían más ley que el lazo y
el cuchillo. Los dragones iban a vengar al noble jefe que había
sido el primero en ponerles el sable en las manos. Los cazadores que
conducía el comandante Cruz, tenían que lavar con sangre de enemigos
la primera sombra que había caído sobre su inmaculado pendón,
mientras que la infantería mandada por Rivera, por Díaz y el capitán
argentino Quiroga (que se había conservado por hallarse destacado en
Gualqui con una compañía del infortunado número uno de Coquimbo),
era movida por la ambición de rescatar a sus camaradas, forzados a
seguir el trapo sangriento de un bandido, a la vez que por el ahínco
de vengar a sus jefes tan villanamente asesinados”.(Pág. 392)
Comentario
Aquí
se repite un tanto lo ocurrido e la Plaza de Armas de Rancagua,
sitiada por los españoles, lo cual pone término a la Patria Vieja
.Las fuerzas patriotas dirigidas por el comandante José María de la
Cruz, ante el asedio de la mesnada de Benavides lo gran salir
airosos desde las Vegas de Talcahuano. Ante esta primera victoria,
las huestes patriotas avanzan hacia el denominado Cerrillo de
Gavilán, situado en Concepción para arremeter en contra de las
fuerzas realistas comandadas por el maligno Benavides, donde figura
el capitán de origen argentino Quiroga, quien se encontraba
destacado en Hualqui a cargo de una compañía Entre los soldados
republicanos se observa un gran optimismo por abatir de una vez a
sus contrincantes, por lo cual su ataque será constante y muy a
fondo.
Décimo Episodio
“En esta vez, como en todos los encuentros de estas
campañas, la mortandad del combate fue escasa, pero la de la
persecución horrible. “Ya no había brazos para tanto sablear”,
dice el oficial Porras, contando las peripecias de la fuga del
enemigo, y Verdugo añade por su parte que el Bío Bío “negreaba de
godos que se ahogaban”. Al terrible Quilapí, que era un membrudo y
valeroso, viósele también en todas partes sin que un solo instante
tuviese ociosa su implacable lanza. De esta suerte perecieron no
menos de quinientos enemigos, escapando sólo Benavides con los
restos del escuadrón de Ferrebú hacia Gualqui, a donde lo siguió sin
darle alcance el comandante Cruz”.
Tal fue la famosa batalla llamada de la
Alameda de Concepción, porque el enemigo, al ser arrollada aquel
nombre. Fue uno de los hechos más heroicos y a la vez más dramáticos
de nuestros anales militares, y como se verá en el curso de esta
historia , dióse en él, a las últimas huestes que sostenían el
nombre y el pendón del rey en nuestro continente el golpe de gracia,
porque ni Benavides ni ninguno de los secuaces que le sobrevivieron,
levantaron otra vez la cabeza y la osadía de amenazar la suerte y el
reposo de la patria.
¡Hemos vencído, escribía Freire, lleno de un
justo orgullo, sobre el campo mismo de batalla , hemos vencido
completamente!(pp. 396,397, 399)
Comentario
Es evidente que en estas acciones descritas, los patriotas logran un
grandioso triunfo sobre las huestes realistas comandadas por el
infame, Vicente Benavides en la batalla denominada,
la Alameda de Concepción,
suceso como los anteriores y la gran mayoría descritos en esta magna
obra de Benjamín Vicuña Mackenna , que no han sido considerados por
la historia oficial de Chile en forma detenida. ¡Cuándo hace unas
tres o cuatro décadas atrás, nos íbamos a imaginar que por las
calles que transitábamos en Hualqui y entre las aguas del Bío Bío,
donde nos bañábamos casi todos los días en tiempos de estío, nos
íbamos a imaginar que contenían una historia sangrienta ocurrida ,
más de un siglo atrás, habiéndose teñido de rojo una vez más nuestro
río natural como lo ha sido siempre el Bío-Bío!. Y justo, en el
sector situado frente a nuestra localidad hualquina, Vicente
Benavides lograba escapar junto al ex cura de Rere, Ferrebú,
internándose por Santa Juana hacia la sierra de Nahuelbuta ,
escapando del merecido castigo que merecía.
Por fin , don Ramón Freire se siente feliz,
un gran general del Ejército Chileno honroso y venerado de los
primeros tiempos de la patria republicana .Con escasos recursos,
pero contando con esos verdaderos “valientes soldados” que se
describen en nuestro Himno Nacional, logra abatir a estos forajidos
que se negaban a aceptar la independencia de la República de Chile y
que tanto daño, antes de abatirlos, causaron en la población civil
instalada en la extensa Provincia de Concepción.
Hoy, más que nunca, nos sentimos orgullosos
de haber nacido en una calle de Hualqui que lleva el nombre con
justísimo motivo, decretado por nuestras autoridades municipales del
antaño, reconociendo así al gran hombre y soldado, Ramón Freire.
Undécimo Episodio
“El intendente de Concepción consagróse a
organizar la provincia como mejor le era posible, vista la absoluta
miseria y desolación en que la había dejado el enemigo. Su primer
cuidado fue, según la índole de los tiempos, y los preceptos de
aquella horrible contienda, el del castigo. A las diez de la mañana
del día que siguió a la batalla, y cuando las calles y casas de la
ciudad estaban todavía cubiertas de cadáveres del enemigo, fueron
fusilados en la plaza de Concepción diecinueve prisioneros, la mayor
parte desertores al enemigo, y entre ellos una mujer anciana ,
madre de un agente de Benavides llamado Salgado, de quien luego
hablaremos. Habíase convencido por desgracia a la última de ser
contumaz e incorregible aposentadora de espías. Aquellas infelices
víctimas eran cuatro menos que las que había sacrificado Pico al
siguiente día del Pangal; pero eran cuatro más de las que había
asesinado Benavides en Santa Juana y el número exacto de la sangre,
se mantenía en un estricto nivel. ¡ Cuán horrible era aquella
guerra!
Benavides había entre tanto corrido a
asilarse en su vieja madriguera de Arauco, donde otra vez le dejó a
salvo la incurable, la incomprensible desidia del general Freire
para llevar sus armas victoriosas hasta aquel lugar maldito. Todo lo
que sabemos hizo en este sentido fue enviar al comandante Cruz hasta
Gualqui en persecución del bandido; pero éste había pasado algunas
horas antes, protegido por el escuadrón de Ferrebú, que se retiró
medianamente organizado. Ningún soldado patriota pasó, empero, el
Bío-Bío, y Benavides volvió a quedar dueño absoluto de la ribera
izquierda de aquel río, como lo había estado después de Curalí y
después de Quimo y Curanilahue”. (pp. 405-406)
Comentario
Por fin, los patriotas, comandados por el general-intendente, don
Ramón Freire logran en las afueras de Concepción inflingirle una
derrota de tal proporción a sus adversarios, los cuales
descontrolados y divididos huyen de la regíón , algunos con rumbo a
Los Angeles, La Laja, Mulchén y otros como el siniestro Vicente
Benavides escapa precipitadamente, pasando nuevamente por Hualqui,
desesperado, ante la persecución de que es objeto por el comandante
Cruz. Nuevamente escapa este ser maligno, como si tuviera “siete
vidas”. Logra atravesar el Bío Bío, frente a la villa hualquina y de
ahí buscara en un su escondite predilecto, como lo es la zona de
Arauco,
Observaciones Finales
Es evidente que “la Guerra a Muerte” requiere un estudio más
detenido, que podrían desarrollar en su totalidad otros
especialistas en la temática de la historia nuestra. Es una obra
voluminosa, que abarca sucesos que se desarrollan desde Talca, por
el norte hasta Chiloé por el sur, donde surge esta situación tan
especial que podríamos calificarla de “anti historia”, porque se da
periféricamente entre grupos de facinerosos que no respetan y se
rebelan contra la hidalga derrota española, ocurrida el 5 de abril
de 1818 en los campos de Maipú, instancia sublime que marca el
inicio de una independencia definitiva de una nueva república que
nace de ese Chile: “que promete un futuro esplendor”.
No obstante, debemos conocer
esa historia local, desarrollada en las provincias del sur de Chile
casi ignorada por la “historia oficial”, justamente ahora, que
estamos próximos a cumplir el bicentenario de la república,
especialmente quienes nacimos en esta región interior, donde se
escenificó un enfrentamiento de bárbaros avanzados bélicamente para
esa época, portadores del “sable, la tea y la horca”. Malvados
hombres, que provocaron un baño de sangre en nuestras ciudades y
villas incipientes, con grandes padecimientos para nuestros
antepasados, que en conjunto como diría el sabio español Don Miguel
de Unamuno, al igual que nosotros ahora, constituimos la
“intrahistoria”, la cual sustenta a la Historia, en la que se
registran los sucesos más heterogéneos, predominando lo castrense
por sobre lo cultural y lo social, dentro de un contexto
caribe-latinoamericano, donde el electo predominante ha sido lo
militar.
Creemos, sinceramente, que
tales textos transcritos y comentarios realizados por nosotros van
indudablemente a contribuir para que las comunidades se motiven a
penetrar más profundamente en la lectura de esta significativa obra
de don Benjamín Vicuña Mackenna, integrante de una pléyade de
historiógrafos que surgieron en la segunda mitad del siglo XIX y la
primera del siglo XX, lo que hizo a afirmar al eminente pensador
español, Marcelino Menéndez Pelayo, en su visita a Chile en los
albores del siglo pasado: “que Chile era tierra de historiógrafos y
no poetas”. Quizás, tuvo razón en la época de expresados esos
conceptos, pero ignoraba que en ese tiempo estaban naciendo física y
artísticamente las tres voces poéticas que Chile le haya dado al
mundo, como lo han sido: Los Premios Nóbel, Gabriela Mistral y Pablo
Neruda, junto a Vicente Huidobro, al cual , aunque no se le otorgó
en vida tal reconocimiento, evidentemente, de igual modo se lo
merecía con creces.
Tales cuadros históricos
presentados, insertados en “La Guerra a muerte” de Vicuña Mackenna
están configurados en un proceso dialéctico, donde se enfrentan en
una obra histórica, que a veces da la impresión que fuera un relato
novelesco , donde se enfrentan personajes imitabiles y anti -
imitabiles, es decir héroes y antí-héroes. Entre los primeros se
sitúan en primer lugar soldados eminentes de la patria, forjados en
el ardor de las batallas como lo son, entre otros : Ramón Freire,
Joaquín Prieto, José María de la Cruz y Manuel Bulnes., la mayoría
de origen penquista, salvo el segundo, nacido en Santiago, quienes
bien merecen los versos grabados en el Himno Nacional
Chileno:”Vuestros nombres valientes soldados/ que habéis sido de
Chile el sostén/ nuestros pechos los llevan grabados / y lo sabrán
nuestros hijos también.”.
Y por supuesto los
anti-imitabiles, no dignos de ser imitados por carecer de valores
humanos son: En primer término, Vicente Benavides , un verdadero
“ser de siete vidas”, el cual no pudo ser doblegado en la zona y que
en varias oportunidades huyó o avanzó por el río-padre, cruzando
el Bío-Bío, frente a Hualqui, nuestra localidad nativa, para
refugiarse en la cordillera de Nahuelbuta y la región de Arauco,
hasta que en un escape final que intentó hacia el norte fue
capturado en tal aventura, lo cual le significó que se le aplicara
la pena máxima en esa época, siendo ajusticiado a la horca en la
Plaza de Armas de Santiago, en el año 1822 .Luego, pueden
señalarse a otros forajidos, como los hermanos Seguel, el cura
Ferrebú, quien alguna vez administró los sagrados sacramentos en
Rere. A ellos, se agregan los hermanos Pincheira, transformados en
leyenda por sus acciones, como si fueran patriotas, sin embargo en
la realidad fueron salteadores de pueblos y villas, en la zona de
Chillán, lo cual formaban parte de las bandas realistas, y que sólo
fueron sometidos después de mucho esfuerzos por las huestes
patriotas, las cuales lograron descubrir sus inaccesible escondite
situado en la cordillera de Los Andes.
Recomendaciones Necesarias
Se hace necesario y se lo sugerimos
a los actuales responsables de la Educación en Chile, que dentro
del sistema educativo se incorporen, a partir del presente
inmediato, cercanos ya al Bicentenario de la República de Chile, que
si no es posible a través de los programas elaborados vinculados con
las Ciencias Sociales, se organicen: coloquios, seminarios, paneles,
mesas redondas, foros, etc. Dentro de las actividades temáticas
complementarias o aquéllas de carácter cultural , en torno a estos
dos sucesos esenciales que desconoce la juventud chilena e innúmeras
generaciones posteriores, como lo son: 1) La conquista de la
Araucanía , en la segunda mitad del siglo XIX y 2) La “Guerra a
Muerte” , acontecida ente 1818 y 1824.
Por supuesto, que en estos
tiempos actuales, donde se va, reconquistando la democracia para
perfeccionarla aún más en el plano de las libertades del pueblo
chileno, las visiones de estos aconteceres, no deben ser desde una
perspectiva unilateral, sino de visiones variadas, surgidas en estos
últimos tiempos -excluido, indudablemente, el interregno de 1973 a
1990-, visiones que pertenecen a investigadores y exégetas serios y
rigurosos del hecho histórico nacional del pasado.
En la medida, que tengamos más
claridad sobre tales sucesos justos o errados, nos sentiremos más
sustentados en nuestra historia nacional, mirando siempre hacia el
porvenir, al conocer más profundamente las debilidades y las
fortalezas de nuestros ancestros de quienes provenimos y de los
cuales, cualquiera haya sido su acción, nos constituimos en sus
herederos en lo visible y no visible de sus accione seculares.
Notas
(1)
Sería el
caso, entre otras, del texto: Historia de Chile de Sergio
Villalobos y otros, cuya edición data del año 1974, difundida por
Universitaria, donde no hace mención alguna a los sucesos , que
configuran la denominada “Guerra a Muerte”.
(2)
Tal
ocurrió con nosotros, que cursamos la enseñanza media en tres
liceos, durante los años 1952 y 1957: Los dos primeros en el Liceo
de Hombres de Concepción, con excelentes profesores como Miranda y
Figueroa, pero quienes por ceñirse a un estricto programa, nos
adentraron en las guerra “médicas” y otras similares que se
suscitaron en la cuenca del Mediterráneo y zonas aledañas. Luego,
tres años en el Liceo Coeducacional de Talcahuano, la profesora
Rosario Lillo, meritoria docente, que nos llevó siempre, de acuerdo
con el programa, igualmente, por Europa; y en el Liceo de Rengo,
donde concluimos; ahí, tuvimos un docente ejemplar, recién egresado
del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile como lo fue
Mario Leyton Soto, quien nos dio una visión extraordinaria sobre
Historia nacional , pero sin adentrarnos en la etnia mapuche y
menos la “Guerra a Muerte”, no contemplada en el programa.
No
podríamos dejar de mencionar al profesor de Artes Manuales del Liceo
de Concepción, Caupolicán Athens, quien no precisamente en el área
del taller, sino en una sala de clases, dentro de un objetivo no
previsto, nos narró algunos episodios que los mapuche habrían
protagonizados, ahí afuera, a escasos metros del antiguo Liceo, en
las laderas del cerro Caracol, el cual lo recorríamos muy a menudo.
Eso nos impresionó sobre manera, porque esa fugaz visión nos puso
a la “historia” al lado nuestro..
(3)
Tal
experiencia la tuvimos en el Liceo de Hombres de Copiapó, donde
colaborábamos, mientras nos desempeñábamos como docente en la U. del
Norte de esa misma ciudad, en 1974.Al solicitarles una biografía del
poeta chileno, los alumnos de quinto de humanidades, llegaron con la
investigación, donde se excluía el periodo de la poesía social de
Neruda. De “Veinte poemas de amor”, (1922) “saltaron” a las “Odas
elementales” (1954), como si fuera algo normal. Muchos años después,
en septiembre de 2001 cuando viajamos con el Grupo “Mapuche” de
Venezuela al “Tren de la Poesía”, que nos condujo de Parral a
Temuco .rememorando a Neruda, tuvimos la oportunidad de participar
en un panel con especialistas nerudianos en la sede, situada en
Labranza de la Universidad privada “Diego Portales”. Ahí, fuimos
testigos de dos situaciones opuestas que nos impactaron y
reconfortaron: Primero, su Rector, venido de Santiago, con nombre de
presidente, Manuel Montt, en una intervención que hizo frente a sus
alumnos y selectos invitados, se entusiasmó y emocionó tanto con
Neruda en la lectura de textos y anécdotas, que no quería abandonar
el podium. Posteriormente, tuvimos la oportunidad de intervenir y
les manifestamos a esos alumnos que “habían tenido prohibida la
lectura de algunas de sus obras, por tanto tiempo”, que “”Canto
General” era un poemario grandioso y que debían adentrarse en él,
sin aprensiones, porque era como una epopeya contemporánea, donde se
encontraba registrada la historia del hombre americano, es decir,
la historia de nosotros mismos”.
(4) De
mucho valor, para conocer una faceta desconocida de la producción en
prosa de Gabriela Mistral, ha sido el trabajo antológico llevado a
cabo por el profesor MarioCéspedes, durante su exilio en Costa Rica,
cuyo título es: “Recados para América”. publicado, el año 1978, en
Santiago de Chile
(5) Recomendamos
leer su obra : Historia del pueblo mapuche, la cual ha sido
reeditatada, por lo menos seis veces a partir de
1985.Nosotros,.sólo la conocimos y estudiamos en el verano de 2003,
cuando la adquirimos en una Feria del Libro, en Lican-Ray.
(6) Recomendamos
visitar la Página Web de nuestro joven coterráneo hualquino,
destacado intelectual y artista plástico, Ramón Muñoz Coloma
www.munozcoloma.com.ar donde se inserta el trabajo nuestro,
titulado: “Referentes históricos mapuches en un relato de la
Frontera chilena”, en el cual precisamos aspectos de la historia
chilena, que en nuestras mocedades por desconocimiento, no captamos
mayormente en “Frontera”, relevante obra de nuestro escritor
nacional Luis Durán
(7)
El Virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela , desempeñó tales
funciones imperiales, desde 1816 a 1821.
(8)
Efectivamente, en una gira cultural que iniciamos en junio de 2003,
por Mulchén, donde abordamos la siempre interesante y vigente obra
poética de Gabriela Mistral. Y que en seguida proseguimos, por
Nacimiento, para presentar la obra “Historia de Nacimiento” de
nuestro coterráneo hualquino, Ramón Navarrete Stagg; y luego,
enrumbarnos hacia Tucapel, tras las huellas del educador y pensador
venezolano, Simón Rodríguez en el transitar por esa región entre los
años 1837-1839. Así fue como, finalmente, arribamos al lar hualquino,
invitado por el joven investigador y docente del Liceo de Hualqui,
Luis Espinoza para intervenir con una visión de aconteceres de la
localidad entre las décadas de 1940 y 1960., lo cual se transformó
en un panel muy interesante para las nuevas generaciones asistentes
en aquella oportunidad.
(9) Otro acontecer ignominioso que registra la historia
peninsular de tal naturaleza, ocurre en
época más contemporánea, cuando el siniestro Gobernador militar de
Granada, General José Valdés Guzmán, ordena encarcelar y matar al
insigne poeta español Federico Ga